Tackles varios

Redacción

Por Redacción

Primer dato que arroja la elección interna que ayer tuvo la UCR bonaerense: se consolida la imagen de Ricardo Alfonsín como candidato a presidente por la UCR. La muerte de su padre y el peso de ese apellido lo pusieron en camino. Como político es más voluntad que ideas. Pero en Argentina, en la política argentina, lo primero cuenta más que lo segundo. Segundo dato: la elección interna arrojó dos derrotados: Uno, Julio Cobos. Sigilosamente, casi en puntas de pie, filtraba en la UCR bonaerense su candidatura a presidente. Lo hacía detrás de la carcomida imagen de un tándem con mucho musgo en la vida política del país: Leopoldo Moreau-Federico Storani. Perdieron los tres. Los tacklearon fuerte a la altura de la cadera y a brazos muy cerrados. Quizá Cobos está aún en condiciones de eludir ser historia. Pero los otros dos pasan al inventario de las caras que tuvo el partido en tiempos que se alejan. Dos, se comprobó una vez más que el aparato también pierde. Y éste es uno de los aspectos más positivos de lo sucedido ayer. Moreau-Storani tenían su fichas puestas en la zona norte del Gran Buenos Aires y en el partido de Tres de Febrero. En el primero de ellos el intendente de San Isidro, Gustavo Posse, los había llenado de promesas. Moreau, caudillo radical en esa ciudad y con poder extendido sobre Olivos, La Lucila y Acassuso, le creyó. Pero el aparato no funcionó. Por las razones que fueran, sólo sedujo a algunos puñados de correligionarios. El resto se dedicó a vivir la linda jornada que tuvo esa parte de la geografía bonaerense Tercer dato: está abierta la posibilidad –abierta, no más– de que se salve el Acuerdo Cívico vertebrado entre la UCR y Elisa Carrió y al cual aporta también el Partido Socialista. Carrió detesta a Cobos con voluntad de carbonero y verbo propio de aquel obispo que definió a Rivadavia como “sapo del diluvio”. Con Cobos ganando en la provincia de Buenos Aires y pista para ir por la Rosada, Elisa hacía los petates y se iba. Ahora en la UCR manda Ricardo, al que adora. Cuarto dato, un interrogante: ¿cómo colocar a escala de poder de fuerte gravitación en la política nacional al radicalismo bonaerense? Junto con Capital Federal, esta UCR fue la viga del partido a lo largo de un siglo. Tanto poder que esos dos distritos se desentendían de sus correligionarios del resto del país para definir el rumbo. A lo sumo consultaban a Córdoba y sólo a modo de forzada gentileza. Pero hoy el poder de ambos radicalismos es más leyenda que realidad. Y sin recuperar los músculos de esos dos radicalismos no hay posibilidad de ganar la Rosada. En fin, votó el radicalismo bonaerense. Y el voto es, para los radicales, la esencia que les dio vida.

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CARLOS TORRENGO carlostorrengo@hotmail.com


Primer dato que arroja la elección interna que ayer tuvo la UCR bonaerense: se consolida la imagen de Ricardo Alfonsín como candidato a presidente por la UCR. La muerte de su padre y el peso de ese apellido lo pusieron en camino. Como político es más voluntad que ideas. Pero en Argentina, en la política argentina, lo primero cuenta más que lo segundo. Segundo dato: la elección interna arrojó dos derrotados: Uno, Julio Cobos. Sigilosamente, casi en puntas de pie, filtraba en la UCR bonaerense su candidatura a presidente. Lo hacía detrás de la carcomida imagen de un tándem con mucho musgo en la vida política del país: Leopoldo Moreau-Federico Storani. Perdieron los tres. Los tacklearon fuerte a la altura de la cadera y a brazos muy cerrados. Quizá Cobos está aún en condiciones de eludir ser historia. Pero los otros dos pasan al inventario de las caras que tuvo el partido en tiempos que se alejan. Dos, se comprobó una vez más que el aparato también pierde. Y éste es uno de los aspectos más positivos de lo sucedido ayer. Moreau-Storani tenían su fichas puestas en la zona norte del Gran Buenos Aires y en el partido de Tres de Febrero. En el primero de ellos el intendente de San Isidro, Gustavo Posse, los había llenado de promesas. Moreau, caudillo radical en esa ciudad y con poder extendido sobre Olivos, La Lucila y Acassuso, le creyó. Pero el aparato no funcionó. Por las razones que fueran, sólo sedujo a algunos puñados de correligionarios. El resto se dedicó a vivir la linda jornada que tuvo esa parte de la geografía bonaerense Tercer dato: está abierta la posibilidad –abierta, no más– de que se salve el Acuerdo Cívico vertebrado entre la UCR y Elisa Carrió y al cual aporta también el Partido Socialista. Carrió detesta a Cobos con voluntad de carbonero y verbo propio de aquel obispo que definió a Rivadavia como “sapo del diluvio”. Con Cobos ganando en la provincia de Buenos Aires y pista para ir por la Rosada, Elisa hacía los petates y se iba. Ahora en la UCR manda Ricardo, al que adora. Cuarto dato, un interrogante: ¿cómo colocar a escala de poder de fuerte gravitación en la política nacional al radicalismo bonaerense? Junto con Capital Federal, esta UCR fue la viga del partido a lo largo de un siglo. Tanto poder que esos dos distritos se desentendían de sus correligionarios del resto del país para definir el rumbo. A lo sumo consultaban a Córdoba y sólo a modo de forzada gentileza. Pero hoy el poder de ambos radicalismos es más leyenda que realidad. Y sin recuperar los músculos de esos dos radicalismos no hay posibilidad de ganar la Rosada. En fin, votó el radicalismo bonaerense. Y el voto es, para los radicales, la esencia que les dio vida.

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