Tecnología desbocada

Por Alvin y Heidi Toffler

Uno de los primeros tecnólogos de Norteamérica ha causado un gran alboroto al admitir provocativamente que él ve algo de mérito en el razonamiento «Luddita» de Theodore Kaczynski, el «unabomber», quien hace tiempo aterrorizó a científicos, cuyos inventos él pensó estaban esclavizando a los seres humanos.

Bill Joy, científico en jefe en Sun Microsystems y presidente de la comisión presidencial sobre el futuro de lainvestigación de la tecnología de Internet, ha ido tan lejos como pedir a la comunidad a renunciar a las investigaciones que puedan llevar al dominio de los seres humanos, por la destructora autoduplicación por tecnologías hechas posible por la genética, la nanociencia y la robótica.

De acuerdo con Joy, en un ensayo para el número de abril de la revista «Wired» titulado «Por qué el Futuro no nos necesita», el timbre de alarma sonó cuando recientemente se aclaró, gracias a nuevos avances en electrónica molecular, que las velocidades de procesamiento de las computadoras pudieran rivalizar con la capacidad del cerebro humano para el año 2030. Teóricamente eso haría posible robots tan inteligentes como los seres humanos – y a medida que las capacidades de procesamiento se desarrollen posteriormente, más inteligentes.

En efecto, suficientemente inteligentes como para reproducirse. Joy no es un «Luddite»; es un hombre serio formulando una seria advertencia, y ciertamente conoce mucho sobre las computadoras. Ha pasado 25 años en redes de computadoras donde, como él mismo lo escribe, el envío y recepción de mensajes crea la oportunidad de la duplicación fuera de control. Todos ahora estamos familiarizados con el daño que los virus de computadora pueden causar.

Pero también acepta fácilmente el razonamiento del «unabomber» de que los seres humanos podrían fácilmente permitirse el ser conducidos a una posición de dependencia de las decisiones de las máquinas. O bien, que la necesidad de control de tales procesos llevaría a una toma de poder de la sociedad por una elite que domestique a las masas como animales. Este razonamiento es demasiado «es o no es». Estas no son las únicas alternativas. Los panoramas que tanto Kaczynski como Joy presentan son esencialmente mecanísticos y monocausales.

Hacen a un lado la rica complejidad del entorno físico y social, que está lleno de miles, si no millones, de lazos negativos de retroalimentación que, en la práctica, amortiguan la mayoría de los procesos desbocados antes de que lleguen a sus límites definitivos. De hecho, ellos asumen que la capacidad de las computadoras crece, mientras que el cerebro humano permanece estático.

¿Pero debe ser así? Las mismas tecnologías que consideran como más peligrosas – la robótica, la genética y la nanotecnología – pueden muy bien ayudarnos a ampliar las capacidades del cerebro humano y hacer posible para nosotros el usar esas tecnologías en formas completamente nuevas.

Avances recientes en la investigación de células vástago, por ejemplo, desafían a la suposición de que la capacidad del cerebro es fija. Como Kaczynski, Joy subestima la habilidad de los humanos para desordenar las cosas, para rebelarse, para crear -ya sea por casualidad o no- contratecnologías y para dar un paso atrás ante la inminencia del desastre. Hablando de procesos desbocados, uno de los más asombrosos hechos ocurridos en el siglo XX no es la invención de la bomba atómica, pero sí lo es que después de una demostración de su potencia, los seres humanos y por más de medio siglo, han podido evitar su uso de nuevo.

Esto no significa que ganamos y que los peligros de la proliferación nuclear no son reales. No obstante, el récord ha sido extraordinario. Conseguimos encadenar a la reacción en cadena. Nosotros también nos preocupamos por los efectos de la tecnología, sea autoduplicable o no, y levantamos banderines de advertencia hace mucho tiempo.

En el «Choque del Futuro» (1970), pronosticamos la clonación de mamíferos y, finalmente de humanos; advertimos sobre el mal uso de la ingeniería genética (aun sobre la posibilidad de armas genéticas racialmente selectivas). Discutimos sobre el peligro de manipulación eugenésica y una guerra biológica Hiroshima.

En «Guerra y Anti-Guerra» (1994) escribimos sobre la duplicación en la forma de máquinas bélicas autorreproducibles.

Desdichadamente, el remedio propuesto por Joy es potencialmente más aterrador que la enfermedad. El recomienda que no sólo renunciemos a ciertas tecnologías (volviendo a meter a ciertos genios dentro de los frascos, por decirlo así), sino que también se limiten ciertas clases de conocimientos.

Naturalmente, la búsqueda de conocimiento es siempre limitada – por fondos, por puntos ciegos culturales, por fuerzas políticas, entre otras razones. Sin embargo, dentro de esta realidad, el genio de la ciencia siempre ha incluido una creencia en la curiosidad y la investigación libres y sin trabas.

La propuesta de Joy golpea al corazón de ese genio, que durante los tres siglos últimos ha profundizado nuestro conocimiento sobre el universo en el cual vivimos e hizo posible no sólo bombas atómicas y contaminación industrial, sino también una más larga duración de la vida, la reducción del hambre y el dolor, y las bendiciones de la limitada democracia que poseemos.

De hecho, si nos ponemos a limitar el campo de la curiosidad científica, la pregunta obvia es: ¿quién decide? ¿El ayatollah Alí Khamenei? ¿El Partido Comunista Chino (que considera aún las rutinarias estadísticas agrícolas como secreto de Estado)? ¿Saddam Hussein? Las limitaciones serán impuestas por esos en el poder, y pueden hacer exactamente lo inverso de lo que Joy propone. Más fundamentalmente, el tratar de restringir la búsqueda del conocimiento para detener la destructiva autoduplicación de tecnología es un intento de limitar la autoduplicación del conocimiento en sí. Eso no es más posible para un científico de computadoras americano que para un «apparatchick» Chino.

Afortunadamente, no se puede desconectar a seis mil millones de cerebros. Si se pudiera, se enviaría a la raza huma na entera al pasado, al siglo XII, en un viaje a través del tiempo. Entonces, ¿cuál es la solución? No hay una fácil. Pero la respuesta es más tecnología, no menos. Necesitaremos nuevas tecnologías que cierren sistemas que van hacia el descontrol.

Tenemos tales tecnologías ahora en todo, desde los aviones supersónicos hasta los calefactores para el hogar. Compañías farmacéuticas están precisamente en camino de cómo usar proteínas en nuestro ADN, para esos propósitos.

El temor de Joy de la autoduplicación destructiva está justificado. Su sonoro llamado para una discusión sobre este tema es aceptado. Pero su extremado pesimismo no lo es. El cáncer es un ejemplo de un proceso autoduplicable desbocado, ¿pero cualesquiera de nosotros creerá que no hay cura para el cáncer?

Junto con la preocupación sobre la autoduplicación, vale la pena pensar en las siguientes líneas de «Choque del Futuro»: «El incipiente movimiento mundial para el control de la tecnología, sin embargo, no se debe permitir que caiga en las manos de tecnófobos, nihilistas y románticos Rousseauianos. …»

Intentos imprudentes de detener a la tecnología producirán resultados tan destructivos como los imprudentes intentos de hacerla avanzar.

Kaczynski nunca estaría de acuerdo con eso. Pero apostamos a que Joy sí.

Los Angeles Times Syndicate


Uno de los primeros tecnólogos de Norteamérica ha causado un gran alboroto al admitir provocativamente que él ve algo de mérito en el razonamiento "Luddita" de Theodore Kaczynski, el "unabomber", quien hace tiempo aterrorizó a científicos, cuyos inventos él pensó estaban esclavizando a los seres humanos.

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