Entrevista a Hernán Navarro de Grooming Argentina: “La prohibición de una plataforma no elimina el riesgo, solo lo desplaza”

El grooming crece en entornos digitales cada vez más diversos y plantea nuevos desafíos para familias, escuelas y la justicia, en un escenario donde la prevención y la educación digital resultan claves.

Por Mario Ñehuen

Hernán Navarro, de Grooming Argentina, advirtió sobre el crecimiento del acoso en línea como una forma de violencia sexual sin contacto físico, explicó cómo operan los agresores y qué señales de alerta deben atender las familias. Además, planteó que la clave está en la educación digital.

Pregunta: ¿Qué es exactamente el grooming?

Respuesta: Cuando hablamos de grooming, hablamos de un delito en Argentina desde diciembre de 2013, incorporado mediante la ley 26.904 y tipificado en el artículo 131 del Código Penal. Es el último de los delitos contra la integridad sexual y tiene que ver con una nueva modalidad de violencia sexual sin contacto físico. Lo entendemos como un cambio de paradigma en la esfera de la violencia sexual, donde una persona mayor de edad —generalmente falseando su identidad digital— contacta a niñas, niños o adolescentes a través de cualquier plataforma digital con el objetivo de cometer un delito contra su integridad sexual. A partir de la pandemia, vimos que el primer escenario de construcción de confianza y generación de contacto, lo que nosotros llamamos “luring” o atrapamiento, suele darse en juegos online. Luego migra hacia las redes sociales, donde se consolida el vínculo mediante el intercambio de gustos e intereses. A medida que la relación avanza y se construye confianza, el agresor adopta una postura pasivo-agresiva y empieza a introducir palabras de índole sexual, sexualizando las conversaciones. Allí vemos cómo se perfecciona el acto de violencia sexual: la víctima, manipulada emocionalmente, amenazada o coaccionada, termina autoproduciendo material íntimo y lo envía. A esto lo llamamos “secuestro emocional”. Una vez que el agresor tiene fotos o videos íntimos, la víctima queda atrapada, porque su intimidad está en manos del agresor. Además, el contenido muchas veces circula en internet profunda o en la dark web, lo que hace muy difícil recuperarlo o eliminarlo.

P: ¿Cuáles son las señales de alerta?

R: Nosotros analizamos dos circuitos de indicadores. Por un lado, los indicadores generales, que pueden estar vinculados a distintas situaciones de vulneración de derechos y no necesariamente al grooming. Por ejemplo, una baja en el rendimiento escolar, fluctuaciones en el estado de ánimo, cambios inexplicables en las rutinas, modificaciones en el lenguaje corporal —como evitar la mirada o mantener la cabeza baja— o cambios bruscos de comportamiento. Por otro lado, están los indicadores específicos que aparecen con frecuencia en casos de grooming. Tres de los más recurrentes son el ocultamiento de los dispositivos móviles, el hecho de permanecer conectados hasta altas horas de la noche y la insistencia reiterada por conectarse. Cuando estos indicadores específicos aparecen combinados con los generales, es importante abrir un diálogo sincero, respetuoso y empático. No se trata de interrogar o investigar al chico, porque muchas veces la ansiedad de los adultos termina bloqueando la posibilidad de que pueda expresarse. Hay que tener en cuenta que a un chico ya le cuesta contarle a sus padres que se sacó una mala nota en la escuela. Imaginate lo difícil que es contar una situación donde un agresor lo responsabiliza y además puede estar amenazándolo. Por eso es fundamental creer en la voz de las infancias. Los chicos y las chicas no mienten para meterse en un problema ni para perjudicar a su familia. Siempre hay que validar su relato, especialmente cuando se trata de situaciones de dolor.

P: ¿En qué entornos digitales están detectando más grooming actualmente?

R: Hoy cualquier plataforma digital puede ser escenario de una situación de estas características. Por eso es un error pensar que el problema se limita a una red social específica. A veces se plantean posiciones muy rígidas basadas en la prohibición, pero la prohibición no erradica el riesgo: lo desplaza. Estamos frente a redes criminales, no frente a simples problemas de redes sociales. El grooming puede comenzar en juegos online, en redes sociales o en otras plataformas. Incluso estamos viendo casos en servicios como OmeTV, que es la continuidad de Omegle y permite establecer videollamadas aleatorias con personas de cualquier parte del mundo. Allí se están detectando situaciones muy preocupantes: chicos y chicas que se encuentran con personas desnudas o que son obligados a ver contenidos de violencia sexual contra niños. Por eso hay tanta preocupación con este tipo de plataformas.

P: ¿Qué debe hacerse si se sospecha que se está frente a un caso de grooming?

R: Lo primero es no hacerse pasar por la víctima ni continuar la conversación con el agresor. Es un error frecuente. Estamos ante delitos que son multijurisdiccionales: la víctima puede estar en Bariloche o en Roca y el agresor en otro país. Las fronteras desaparecen en este tipo de delitos. Por eso tampoco es recomendable intentar “emboscar” al agresor o salir a buscarlo, porque además de peligroso, puede arruinar la investigación. Lo fundamental es escuchar a la víctima con empatía y sin juzgarla. Las víctimas no son responsables de lo que les pasó. En términos técnicos, es importante no bloquear al agresor ni eliminar los mensajes, porque eso puede destruir evidencia. Se recomienda realizar capturas de pantalla y, sobre todo, copiar la URL del perfil. Todas las identidades digitales están asociadas a una URL o enlace que no cambia, aunque el usuario modifique su nombre o su foto. Con esa información se puede realizar un reporte. Nosotros contamos con la aplicación gratuita GAP, que permite denunciar en tiempo real. Cuando un adulto detecta una situación, presiona un botón dentro de la aplicación y se contacta con nuestro centro de reportes. Allí atendemos el caso junto con la Policía Federal, tomamos la información y la remitimos a la justicia para garantizar el acceso a la justicia de niños, niñas y adolescentes.

P: ¿Qué tan preparado está el sistema judicial y educativo para enfrentar este delito?

R: Son dos sistemas distintos. En el sistema judicial hubo avances importantes en los últimos años. No quiero generalizar, porque hay provincias que trabajan muy bien y otras que todavía tienen dificultades, pero en términos generales hubo un progreso en la comprensión de la gravedad del problema y en la investigación de estos delitos. Son investigaciones que requieren actualización permanente, tanto en términos de tecnología como de recursos. En cambio, desde el punto de vista del sistema educativo, todavía hay mucho por hacer. Desde 2022 venimos impulsando la necesidad de políticas públicas que promuevan la educación digital. Hoy en las escuelas se habla de dinosaurios, pero no de inteligencia artificial. Seguimos formando a estudiantes del presente y del futuro con herramientas del pasado. Por eso creemos que la educación digital integral debe ser protagonista. No solo para prevenir situaciones como el grooming, sino también para establecer protocolos claros que permitan actuar ante cualquier forma de violencia en entornos digitales. Hoy muchas veces las escuelas no saben cómo articular con organismos de niñez o con la justicia cuando aparece un caso. Esa articulación sigue siendo difusa. Por eso insistimos en que incorporar la educación digital integral en el sistema educativo ya no es solo una propuesta: es una verdadera urgencia social.

* Hernán Navarro es abogado, docente universitario y conferencista internacional. Se desempeña como director ejecutivo de la ONG Grooming Argentina, desde donde impulsa acciones de prevención, capacitación y concientización sobre delitos digitales que afectan a niños, niñas y adolescentes.


Hernán Navarro, de Grooming Argentina, advirtió sobre el crecimiento del acoso en línea como una forma de violencia sexual sin contacto físico, explicó cómo operan los agresores y qué señales de alerta deben atender las familias. Además, planteó que la clave está en la educación digital.

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