Testimonios contra la parapsicóloga en Viedma

Un hombre que trabajó extensamente con la familia de María Cristina García dice que ésta cambio notablemente a partir de la llegada de la parapsicóloga Graciela Capittini y su hermano.

Notas anteriores:

VIEDMA (AV).- Tres testigos declararon ayer en la segunda audiencia del juicio contra la parapsicóloga y su hermano. Graciela y José Capittini están acusados de haber abusado de la inexperiencia de María Cristina García para hacerle firmar dos escrituras de ventas de inmuebles de su propiedad. La mujer entabló relación con la parapsicóloga ante una consulta por la enfermedad terminal que sufría un amigo suyo, por quien María Cristina habría sentido un afecto muy especial.

Uno de los testigos de ayer trabajó en el campo de la víctima durante años y hasta que José Capittini se transformó en el administrador. Oscar Elosegui recordó que toda su vida desempeñó actividades en el campo y que trabajó extensamente con el padre de García hasta que falleció. Luego continuó con María Cristina, a quien definió como alguien de su familia.

La describió como una persona muy buena, de carácter cambiante, austera en sus gastos pero influenciable y fácil de dominar por su modo sumiso. Destacó que hubo un cambio notable a partir de que María Cristina comenzó a nombrar «a la señora Graciela», indicando que en una oportunidad le manifestó que «esa mujer (Capittini) le había dicho que nos iba a cambiar la vida y que nos enriquecería-mos».

Ante una pregunta sobre si la víctima estaba dominada por los Capittini el testigo respondió que «si se lo propusieron, lo lograron, porque de acuerdo a lo que ella decía daba la impresión que la habían metido como en un cerco y ella confiaba ciegamente en Graciela».

Elosegui relató que María Cristina le había anticipado que José Capittini se haría cargo de la administración del campo pero que decidió dejar ese trabajo cuando conoció al hombre, quien le indicó que su condición laboral sería la de peón. Hasta ese momento Elosegui se desempeñaba como habilitado por lo que percibía un 20% de la hacienda que cuidaba. Detalló que María Cristina se mantuvo al margen en el primer diálogo mantenido con Capittini, en el que Elosegui no aceptó la recategorización ofrecida y adelantó que se iba del campo, lo que efectivamente sucedió a los pocos días de ese enero del «91.

El tribunal integrado por María del Carmen Vivas de Vázquez, Fernando Laborde Loza y Gustavo Azpeitía también escuchó ayer a Alejandro Bulnic y Ricardo Erbite, ambos residentes en Ayacucho al igual que los imputados. El primero de ellos dijo ser vecino de los Capittini desde hace años pero señaló desconocer a que se dedican y la vida que llevan.

Sólo sostuvo que la casa donde viven es modesta, que no es una familia de fortuna y que a María Cristina creyó haberla visto en una oportunidad. Sobre el suicidio de la víctima dijo tener conocimiento pero desconoció detalles.

Por su parte Erbite, quien se identificó como amigo de la familia Capittini, puntualizó que pocas horas antes de la muerte de María Cristina estuvo con ella en la casa de la parapsicóloga donde se encontraba sola. «Tomamos mate y me dijo que estaba muy contenta de estar allí y que se sentía muy cómoda» fue una de las pocas cosas que recordó el testigo, al igual que otro comentario de la víctima vinculado a que le había vendido un campo y una casa a los imputados.

Consultado sobre la actividad de los hermanos Capittini dijo no saber por que «no sé de la vida íntima pero en tren de farra ella decía que era parapsicóloga». Tampoco supo responder si el hermano de la mujer trabajaba y cuál era la situación económica de la familia.


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