Todo en el aire

Redacción

Por Redacción

Luego de un conteo sospechosamente lento que durante largas horas mantuvo en ascuas a los candidatos y a muchos otros, las PASO produjeron una imagen tan borrosa que los tres presidenciables mejor posicionados pudieron proclamarse ganadores morales, mientras que los más entusiasmados por el triunfo ajustado de Aníbal Fernández en la interna bonaerense del Frente para la Victoria resultaron ser los opositores, en especial los líderes del Pro, cuya propia candidata, María Eugenia Vidal, hizo una muy buena elección y que, por ser decididamente mala la reputación del jefe de Gabinete, podría derrotarlo en las elecciones a gobernador. Aunque Daniel Scioli no logró romper la barrera del 40% como se había propuesto, estuvo bastante cerca; Mauricio Macri agregó a su propio caudal los votos de sus rivales internos Ernesto Sanz y Elisa Carrió, para ubicarse a menos de nueve puntos del candidato oficialista y Sergio Massa hizo lo mismo con los aportados por su contrincante, el gobernador cordobés José Manuel de la Sota, para afirmar que “la polarización” que tanto le había molestado ya quedaba en el pasado. A juzgar por los resultados de las PASO, Scioli sigue siendo el favorito para suceder a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en la Casa Rosada, pero si Macri lograra ampliar la coalición que encabeza para incorporar a Massa y sus adherentes, estaría en condiciones de triunfar en octubre. Con todo, al porteño no le sería fácil convencer al exintendente de Tigre de que le convendría abandonar su sueño de erigirse en presidente porque, insiste, hay “millones de peronistas que quieren un cambio” y parece confiar en su capacidad de seducirlos en los más de dos meses que nos separan del 25 de octubre. Asustado por el resultado estrecho del balotaje que se celebró en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Macri ya ha asumido una postura populista, para no decir kirchnerista, lo que podría ayudarlo a congraciarse con aquellos “millones de peronistas” que aún apoyan a Scioli a pesar de que, según Massa, quisieran “un cambio”, pero parecería que no le sirvió para mucho. Antes bien, le permitió a Massa apropiarse del papel del abanderado más decidido del “cambio” al dar a entender que, en el caso de triunfar, emprendería una ofensiva total contra los corruptos y, desde luego, los narcotraficantes. De todos modos, el camino frente a Scioli dista de estar despejado. De ser más breve el intervalo entre las PASO y las elecciones de verdad, podría confiar en que el abultado gasto público, un eventual repunte del consumo y el apoyo del aparato gubernamental costeado por los contribuyentes le permitirían superar el 45% de los votos, dejando atrás a una oposición dividida entre macristas, massistas, progresistas e izquierdistas, lo que le sería suficiente para ganar en la primera vuelta, pero no hay garantía alguna de que la fase final de la campaña le resulte tan inocua como con toda seguridad preferiría. En cualquier momento, la economía podría depararle algunas sorpresas muy ingratas; en opinión del expresidente del Banco Central, Martín Redrado, “el dólar puede ser el cisne negro para el oficialismo”, es decir una novedad imprevista que modificara radicalmente el panorama. Aun más preocupante, desde el punto de vista de Scioli, ha de ser la proximidad de Aníbal Fernández, un político que, con razón o sin ella, a ojos de muchos simboliza el narcotráfico, un flagelo que en los años últimos ha hecho estragos dolorosos en las zonas más pobres del conurbano bonaerense. No cabe duda de que Massa y, de manera acaso menos contundente, Macri se esforzarán por aprovechar al máximo las denuncias contra Fernández que han sido formuladas no sólo por personajes turbios en programas periodísticos sino también por muchos políticos, entre ellos Elisa Carrió, con el propósito de perjudicar tanto al candidato a gobernador como al presidenciable Scioli. Asimismo, aunque Scioli sigue jurando fidelidad a “la querida compañera presidenta de la Nación, la doctora Cristina Fernández de Kirchner”, para asegurarse una cuota adecuada de los votos de los “independientes” tendría que diferenciarse de ella o, por lo menos, de los militantes kirchneristas menos queridos, comenzando con los de La Cámpora, lo que entrañaría el riesgo de desatar más conflictos internos que, por cierto, no lo beneficiarían.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Editor responsable: Guillermo Berto Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA Martes 11 de agosto de 2015


Luego de un conteo sospechosamente lento que durante largas horas mantuvo en ascuas a los candidatos y a muchos otros, las PASO produjeron una imagen tan borrosa que los tres presidenciables mejor posicionados pudieron proclamarse ganadores morales, mientras que los más entusiasmados por el triunfo ajustado de Aníbal Fernández en la interna bonaerense del Frente para la Victoria resultaron ser los opositores, en especial los líderes del Pro, cuya propia candidata, María Eugenia Vidal, hizo una muy buena elección y que, por ser decididamente mala la reputación del jefe de Gabinete, podría derrotarlo en las elecciones a gobernador. Aunque Daniel Scioli no logró romper la barrera del 40% como se había propuesto, estuvo bastante cerca; Mauricio Macri agregó a su propio caudal los votos de sus rivales internos Ernesto Sanz y Elisa Carrió, para ubicarse a menos de nueve puntos del candidato oficialista y Sergio Massa hizo lo mismo con los aportados por su contrincante, el gobernador cordobés José Manuel de la Sota, para afirmar que “la polarización” que tanto le había molestado ya quedaba en el pasado. A juzgar por los resultados de las PASO, Scioli sigue siendo el favorito para suceder a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en la Casa Rosada, pero si Macri lograra ampliar la coalición que encabeza para incorporar a Massa y sus adherentes, estaría en condiciones de triunfar en octubre. Con todo, al porteño no le sería fácil convencer al exintendente de Tigre de que le convendría abandonar su sueño de erigirse en presidente porque, insiste, hay “millones de peronistas que quieren un cambio” y parece confiar en su capacidad de seducirlos en los más de dos meses que nos separan del 25 de octubre. Asustado por el resultado estrecho del balotaje que se celebró en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Macri ya ha asumido una postura populista, para no decir kirchnerista, lo que podría ayudarlo a congraciarse con aquellos “millones de peronistas” que aún apoyan a Scioli a pesar de que, según Massa, quisieran “un cambio”, pero parecería que no le sirvió para mucho. Antes bien, le permitió a Massa apropiarse del papel del abanderado más decidido del “cambio” al dar a entender que, en el caso de triunfar, emprendería una ofensiva total contra los corruptos y, desde luego, los narcotraficantes. De todos modos, el camino frente a Scioli dista de estar despejado. De ser más breve el intervalo entre las PASO y las elecciones de verdad, podría confiar en que el abultado gasto público, un eventual repunte del consumo y el apoyo del aparato gubernamental costeado por los contribuyentes le permitirían superar el 45% de los votos, dejando atrás a una oposición dividida entre macristas, massistas, progresistas e izquierdistas, lo que le sería suficiente para ganar en la primera vuelta, pero no hay garantía alguna de que la fase final de la campaña le resulte tan inocua como con toda seguridad preferiría. En cualquier momento, la economía podría depararle algunas sorpresas muy ingratas; en opinión del expresidente del Banco Central, Martín Redrado, “el dólar puede ser el cisne negro para el oficialismo”, es decir una novedad imprevista que modificara radicalmente el panorama. Aun más preocupante, desde el punto de vista de Scioli, ha de ser la proximidad de Aníbal Fernández, un político que, con razón o sin ella, a ojos de muchos simboliza el narcotráfico, un flagelo que en los años últimos ha hecho estragos dolorosos en las zonas más pobres del conurbano bonaerense. No cabe duda de que Massa y, de manera acaso menos contundente, Macri se esforzarán por aprovechar al máximo las denuncias contra Fernández que han sido formuladas no sólo por personajes turbios en programas periodísticos sino también por muchos políticos, entre ellos Elisa Carrió, con el propósito de perjudicar tanto al candidato a gobernador como al presidenciable Scioli. Asimismo, aunque Scioli sigue jurando fidelidad a “la querida compañera presidenta de la Nación, la doctora Cristina Fernández de Kirchner”, para asegurarse una cuota adecuada de los votos de los “independientes” tendría que diferenciarse de ella o, por lo menos, de los militantes kirchneristas menos queridos, comenzando con los de La Cámpora, lo que entrañaría el riesgo de desatar más conflictos internos que, por cierto, no lo beneficiarían.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora