“Todos los días espero noticias tuyas”



Ricardo, ¡hijo querido!, cuánto te extraño. Llegó tu cumpleaños Nº 47 y hace ocho años que no puedo darte un beso ni abrazarte, compartir ese día con vos como lo hicimos durante 39 años. ¡Qué destino! ¿Dónde estarás? ¿Volveré a verte?

Tengo la esperanza de que me des una sorpresa, pero se me desvanece todo, se me van las fuerzas… ¡qué incertidumbre, por Dios!

¿Adónde te llevaron esa noche inolvidable del 19/9/99 en que ibas llegando a tu casa?

-Poné la pava que ya llego -le dijiste a tu mujer, pero aún no lo hiciste. ¿Quién te hizo cambiar tu destino, que sí sabe lo que te pasó, qué te hizo o adónde te mandó? Lo digo con el dolor de mi alma… ¿o te mató esa noche?

Nunca una señal de vida, un llamado… mandame alguna noticia, Ricardo querido, te lo ruego; te extraño mucho.

Esa persona es la única que sabe lo que pasó con vos, cuál fue tu destino. Ocho años pasaron y sin respuestas, pero en esto no cabe la mínima duda de que hay un Dios que sabe todo, además de esa última persona que estuvo con vos, que también sufre, pero no por verme sufrir y envejecer a mí y por qué no llorar siempre, porque soy humana y la vida me está golpeando muchísimo. En los últimos ocho años tuve la ausencia de dos seres queridos: mi esposo (q.e.p.d.) y mi hijo, con un destino incierto.

Ricardo: los chicos trabajan y estudian y Martinita está hermosa; tiene 11 años y este mes toma su primera comunión. Quedate tranquilo, que yo siempre estoy cerca suyo.

Si aún estás vivo, hijo mío, ¡feliz cumpleaños! (por el 2 de abril). Te adoro y te extraño con todo mi corazón. Cada día le pido a Dios que la Justicia me acompañe; confío en que algún día tendré noticias tuyas.

Saruel Pueyo de Portone

LC 667.618 – Villa Regina


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