Topos humanos en México D.F.

Por Gabriel Moreno

Redacción

Por Redacción

Viven de noche, en las entrañas de Ciudad de México, donde ocasionalmente hay que remover los restos de algún habitante que decidió morir bajo las ruedas de un tren. «Nos encargamos de agilizar las vías y nos ha tocado remover restos humanos… La carne humana huele horrible», dice Mario Arteaga, el hombre que está al mando de 800 trabajadores encargados de dar mantenimiento y reparar las vías del sistema de trenes subterráneos de la capital.

Arteaga, jefe del departamento de mantenimiento de vías del Sistema de Transporte Colectivo, mejor conocido localmente como «metro», cuenta que durante el período de Navidad, el macabro trabajo se hace más frecuente: hasta dos personas se suicidan cada semana.

Centenares de habitantes de esta urbe de 19 millones de habitantes, la segunda más grande del planeta, han optado por quitarse la vida dentro de este sistema circulatorio durante sus más de 34 años de existencia.

Treinta minutos después de la medianoche, las 175 estaciones del metro se cierran y se secan los ríos humanos de unos cinco millones de personas diarias.

El zumbido de la electricidad en las vías es reemplazado por el silbido del viento o el eventual chillido de una rata.

En ese momento, estos 800 hombres salen a trabajar en los 202 kilómetros de líneas del sistema.

«Nos dicen topos porque trabajamos de noche, casi todo el tiempo abajo de la tierra», explica Leandro Morales, un obrero que ha trabajado todas las noches, desde las 11 hasta las 6 de la mañana, durante los últimos ocho años.

Gotas de sudor resbalan por el rostro de Morales pese a que la temperatura es baja.

Morales dice que posiblemente su salario no sea mucho, 2.200 pesos mensuales (241 dólares), pero afirma que su trabajo tiene algunas ventajas. «Nuestros familiares viajan gratis y tenemos muy buen seguro médico». (Reuters)


Viven de noche, en las entrañas de Ciudad de México, donde ocasionalmente hay que remover los restos de algún habitante que decidió morir bajo las ruedas de un tren. "Nos encargamos de agilizar las vías y nos ha tocado remover restos humanos... La carne humana huele horrible", dice Mario Arteaga, el hombre que está al mando de 800 trabajadores encargados de dar mantenimiento y reparar las vías del sistema de trenes subterráneos de la capital.

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