Tragos amargos

A Carlos Soria y a Miguel Pichetto se les estruja el corazón cada vez que piensan en las derrotas que sufrieron en sus carreras por la gobernación de Río Negro. El primero, en el 2003; el segundo, en el 2007.

Pero el estruje pasa a ser desgarro cuando recuerdan que Néstor Kirchner no movió una mano por ellos. Traducido en hechos: cómo los entregó a los radicales para que los devoraran. Por aquellos entonces, Néstor era todopoderoso señor vidas y haciendas. Ganado por sueños de transversalidad y reinado de mil años, ninguneó a Soria y a Pichetto.

Con el poder que había acumulado, K los podía haber hecho gobernador. ¿Pero acaso no pertenecían al PJ más derrotado del país? Los radicales rionegrinos eran, a los fines de aquellos sueños, más fiables. Se los compraba con solo ayudarlos a enjuagar el déficit provincial.

Las sospechas de K

Kirchner no ignoraba que, por mil razones, con Soria no tenía nada en común, a no ser el género. Sospechaba además que siendo el rionegrino jefe de la SIDE había espiado al matrimonio. Soria lo ha desmentido.

Pero por aquellos días del 02/03, su descarriado verbo estigmatizaba al pingüino y su pingüina. Entonces, Kirchner lo dejó solo. Dando vuelta por el circo de la política estaba Eduardo Rosso. Peronista y, desde la militancia, hoy perdido en la larga noche de la historia.

Pero en aquellos días, con ganas de ser candidato a gobernador. «Sacátelas», le dijo Kirchner. Se la sacó. Una foto juntos hizo el resto. A los fines electorales valió más que la de Soria – K. Y Rosso se llevó el 8% de los votos. Bingo para la UCR, que derrotó al roquense por 3.000 votos.

Luego, con Soria intendente de Roca, Kirchner se acordó de él y lo ayudó a manejar el pago chico. El grande era de su amigo, su fiel correligionario Miguel Saiz.

– Con Rosso me equivoqué- le reconoció un día del 2007 K a Soria. A éste se le cruzó una respuesta acorde con su estilo: «¡Andá a cagar!» Freno a tiempo.

– Y está el caso Pichetto.

Como titular del bloque de senadores del oficialismo, es una de las espadas más fieles que tiene el tempestuoso matrimonio. Ha defendido lo indefendible. Explicado lo inexplicable. Pero cuando fue por la gobernación de Río Negro, la pareja le dijo paternalmente: «¡Vaya hijo, vaya!… ¡Arrégleselas!»? «¡usted puede!»

Y Pichetto fue. A la estepa, pero fue…


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