Tras la identidad: “Decido ser Francisco”

Desde hoy se debaten los proyectos sobre identidad de género en el Congreso. Paralelamente dos jóvenes transexuales realizarán presentaciones para que la Universidad del Comahue les reconozca su identidad. Un relato en primera persona.

Andrés Stefani

Fue la tercera de las cuatro hijas que decidieron tener Juan y Marcela para formar su familia. La primera vez que la saludé, a principio de este año, se presentó como Dana. Empezaba a estudiar abogacía en la facultad y militaba en una organización feminista de Neuquén. Los encuentros se repitieron. Pero un día en el que nos encontramos con amigas en común nos hizo un pedido. Sin demasiados rodeos, nos miró a la cara y con madurez nos dijo que de ahí en adelante lo llamemos Francisco. Hace poco tiempo decidió adoptar esta identidad de género, que no era una novedad, sino una parte decisiva del tránsito por esta vida que viene construyendo quizá desde su niñez.

Este jueves, en coincidencia con el tratamiento de la ley nacional de identidad de género en comisiones del Congreso de la Nación, Francisco y Axel -quien estudia Ingeniería- presentarán un pedido especial a las autoridades de sus facultades para que reconozcan y respeten la identidad de género autopercibida por ellos. Quieren que se arbitren los medios administrativos necesarios para los cambios registrales de toda la información que circula en las instituciones. Que se los nombre con la identidad en la que hoy se reconocen. Un proyecto general ya fue presentado en el Consejo Superior.

“Tengo 18 años. Hoy estoy siendo Francisco Agustín Sfeir. Tengo un pasado como mujer, como Dana, lo respeto como pasado, como parte de mi identidad. Pero hoy decido ser Francisco”, me cuenta sentados en el living de su casa en Neuquén, donde nos recibe para contarnos su historia. Nos acompañan sus padres, una de sus hermanas y Ryan, su actual pareja, un chico trans que conoció en un encuentro en Bahía Blanca. Se anima a la exposición porque quiere que lo acepten y reconozcan, y piensa que ayuda a que otros jóvenes transexuales se animen a contar lo que les pasa.

Hablar de transexualidad en el país quizá sea mas fácil después de que el año pasado se aprobara la ley Nacional de Matrimonio Igualitario y que se empezara a insistir en la necesidad de discutir la de identidad de género. Pero esos pequeños pasos que viene dando la sociedad argentina no implican que de pronto desaparezcan los prejuicios, los mandatos sociales sobre la sexualidad o la idea de “ser normal” construidos desde hace miles de años.

“El que lo haya exteriorizado ahora no significa que el proceso haya empezado hoy. Nunca me sentí cómodo en el género social que se me asignó, siempre fue un planteo en mi vida el qué hacer o el qué no hacer. Socialmente no está bien visto, por ejemplo, que una mujer sea machona , juegue al fútbol o tenga actitudes inadecuadas para una señorita”, explica Francisco. “Todo eso te hace entender que nunca tomaste esa esencia social como tuya (…) siempre fui creciendo con lo que me salía, siempre transité el género y empecé a darme cuenta de que Dana no era una elección sino un mandato”.

Cuando le pregunto sobre los prejuicios sociales, los temores al qué dirán, a él parece no preocuparle. Me asegura que si se hubiese manejado prestándole atención a eso “no hubiese aguantado en su vida como mujer”. A pesar de su seguridad, para su papá y su mamá esa parte no es tan fácil, les preocupa. “En este momento la transexualidad no es un tema que la sociedad acepte, me da miedo que le pase algo en la calle, que no llegue a la noche cuando viene de la facultad, que también son preocupaciones de cualquier mamá”, comenta Marcela. Su papá, Juan, lo pone blanco sobre negro, sobre todo le tiene miedo a la discriminación: “No nos gusta cuando hay gente que discrimina porque cree que ser heterosexual es ser normal y lo demás está mal”. Ambos aceptaron la identidad autopercibida por Francisco desde el principio, jamás lo cuestionaron o tomaron el tema como un problema o una enfermedad. Reconocen que no fue fácil, pero sobre todo porque no tenían información, no conocían qué implicaba la transexualidad como experiencia personal sobre su género que puede no corresponderse con su sexo biológico.

Jhoanna (22), la segunda de sus hermanas, es otra pata fundamental de su sostén familiar: “Se dio naturalmente en la construcción del día a día con él, me fue enseñando que existe otra realidad que me permitió darme cuenta que no hay porque colocar títulos o rótulos que digan yo soy tal, soy heterosexual, soy homosexual… somos seres humanos y él me enseñó eso”. La de Francisco es una familia unida, se nota. Le digo que tiene suerte por eso aunque para él es algo natural. “Blanquearlo con ellos era indispensable (…) es bueno llegar a tu casa y tener una persona o dos que te hagan de catarsis, que te ayuden a acomodar. No sólo me apoyan sino que están ahí y me critican y eso me gusta. Pero no importa el lugar de donde venga la contención, si no es la familia no importa, lo importante es que encuentres un lugar en el que te sientas bien, si no está en los padres, está en los amigos, las amigas”. Aunque me lo niega, hablando con Juan y Marcela me convenzo más de que tiene suerte, que no todos tienen esa contención en el núcleo familiar.

Otro apoyo fundamental en este proceso fue la Colectiva Feminista la Revuelta, con ellas y la abogada María Angélica Acosta emprendieron el difícil camino de transitar por los pasillos de la Justicia para que su identidad sea reconocida en su DNI. A pesar de que ya hay jurisprudencia es más complicado que el pedido que presentarán hoy en las facultades y sobre los que hay antecedentes como el de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires que falló en el año 2010 con medidas similares.

El reconocimiento legal de las identidades trans implica atravesar un laberinto administrativo que se resolvería si fuera aprobada la ley de Identidad de Género en el Congreso. El debate que se viene no será fácil, hay cinco proyectos y opiniones contrapuestas tanto en el Senado como en Diputados. Claro que resolver el “laberinto social” implica un proceso más largo, que no se resuelve con una o mil leyes sino con abrir el debate y despojarse de los prejuicios.

Francisco cuenta con respaldo afectivo y la certeza de que difundir su experiencia ayudará a otros a resolver su situación.

Comienza el debate sobre identidad de género en el Congreso de la Nación y también en la UNC

Belén Spinetta

belen@rionegro.com.ar


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