Un desafío a la adolescencia: pandemia y aislamiento 2020





Valentina Esrubilsky *

Todo hecho inédito produce reacciones de temor y ansiedad en grados variables; más aún si está involucrada la amenaza a la salud. El impacto de la  incertidumbre en las/los adolescentes, dada la ausencia de experiencias anteriores, no permite su completa valoración en el presente. Será la pospandemia la óptima oportunidad de evaluar las consecuencias.

Podremos pensarlo como episodio traumático disruptivo por la intensidad del suceso o como un acontecimiento anómalo, que interrumpe cualitativamente lo sociocultural pero con potencial para cambios auspiciosos.


Hemos observado dos tipos de respuestas: un aumento exagerado de la actividad, que se manifiesta con la modalidad de agendas muy recargadas de tareas y el continuar como si nada hubiera cambiado. Este último como mecanismo de defensa que opera negando la realidad. Se evita la sensación de vulnerabilidad, el límite a la omnipotencia y las incertezas. Ambos mecanismos, al servicio de una regulación emocional necesaria.


Los y las adolescentes se encuentran en procesos de construcción de identidad y de logro de autonomía e independencia respecto de sus padres.
Es una etapa de anomia que necesita de la presencia y el contacto repetido del grupo de pares. Requieren la retroalimentación social, a través de salidas recreativas y la actividad escolar que otorgue pertenencia e identidad.


La noche era el escenario del que se adueñaban los y las adolescentes, y durante el período de distanciamiento social han perdido visibilidad. Todos los rituales de iniciación permanecen suspendidos.


Para lograr dar sentido a los desafíos exhibidos por los adolescentes se necesita la confrontación con los adultos, las diferencias de opinión, de gusto y generacionales. En cuarentena todo transcurre en la virtualidad de las pantallas. Se hace más íntima la vida familiar, con alejamiento de sus pares.


Cómo encontrar la distancia necesaria que los diferencie de sus padres cuando la salida a lo grupal está obturada. El sentir predominante es de regresión a la infancia e interrupción de la independencia.
Las típicas fantasías hostiles hacia los padres conviven con el temor a contagiarlos.


El temor a los cambios corporales de pubertad y adolescencia se superpone y confunde con el temor a los efectos corporales del virus pandémico amenazante. Aparecen así, conductas obsesivas de control y temor excesivo a salir del hogar hacia el mundo exterior, cuando se presenta esa posibilidad.


De distintas encuestas realizadas se desprende que los adolescentes están cumpliendo con las medidas de aislamiento.
Se  observan de manera prevalente problemáticas reactivas a los cambios de rutinas y a las experiencias de incertidumbre y desconcierto.


Hasta el momento no se registraron pandemias de enfermedades mentales ni cuadros psicopatológicos, aunque se han  podido observar  cambios anímicos en relación a la pandemia mundial con respuestas esperables de malestar, problemas de sueño, aumento de ansiedad, desgano, cansancio, aburrimiento, temor a enfermar, a lo desconocido, incremento en la preocupación por los padres y por la pérdida de su trabajo y preocupación por la falta de dinero.


Bajo la queja de “aburrimiento” se pudo  identificar un grupo de jóvenes con cierta vulnerabilidad psíquica, más sensibles a la exposición de las discontinuidades de sus actividades. En algunos de ellos se observaron  sentimientos de extrañeza y desorganización emocional.


La función de los adultos es ayudar al procesamiento de este presente cargado de emocionalidad y ambigüedad, que muchas veces resulta excesivo.



El aislamiento y el estado de emergencia también fue campo propicio para que algunos  revivieran experiencias traumáticas de su historia personal que evocaron un clima de encierro, de impotencia, de amenaza a la posibilidad de decidir o  de sometimiento. Varias consultas  se refirieron a situaciones previas de abuso sexual.


También se observaron situaciones familiares violentas como respuesta a la dificultad de contener las necesarias confrontaciones intergeneracionales debido a la imposibilidad actual  de  contar con la intervención de otros ámbitos donde procesar dichas conflictivas (como la escuela, el club, el barrio, etc).


 Los síntomas de malestar se intensificaron en familias vulnerables y con exclusión social incrementados por  las brechas de inequidad digital, cultural y económica.


 La función de los adultos es ayudar al procesamiento de este presente cargado de emocionalidad y ambigüedad, que muchas veces resulta excesivo, acercando palabras, ideas, a modo de encontrar sentidos para poder ser pensados.


* Médica psiquiatra y psicoanalista de niños y adolescentes.


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