¿Un giro hacia la ortodoxia?



#

MIGUEL ÁNGEL ROUCO (*)

Una vez acallados los ecos electorales, el gobierno se encamina a encarar una serie de medidas que tienen por objeto viabilizar su llegada hasta la meta del 2015, en un contexto de endurecimiento de las condiciones externas. No por convicción sino por desencanto, la administración Kirchner estudia medidas tendientes a enderezar el rumbo económico. Si bien no hay que esperar un giro hacia cierta dosis de liberalismo, el gobierno va a apelar a medidas que en otros tiempos hubiesen sido consideradas como de imposible realización. La Casa Rosada es consciente de que en las actuales condiciones resulta difícil parar la suba del dólar negro y el drenaje de divisas, en un contexto donde no arriban capitales al país y los que están evalúan emprender la retirada. Ya sea por la energía, el turismo, la importación de automóviles lujosos o bien por la mera huida del peso, el gobierno ve cómo las reservas se le escurren diariamente. Con todo lo que resta por pagar de deuda externa, en el último bimestre del año las reservas terminarían al filo de los 30.000 millones de dólares. Así, como se encaró un principio de solución con la deuda por juicios en el Ciadi, existe el convencimiento de que hay que sentarse a negociar con los holdouts antes de que la Justicia de los Estados Unidos resuelva en favor de los reclamos de los acreedores, todo eso con el objetivo de que lleguen préstamos de organismos y bancos internacionales para reforzar el sistema de reservas. De allí que el fondo manejado por Paul Singer se mostrara dispuesto a sentarse a la mesa de negociación. Y cuando el río suena... Sin embargo, en la agenda externa existen dos puntos ríspidos que le impiden al país recibir inversiones: la tormentosa expropiación de YPF y la deuda con el Club de París. El gobierno busca encontrar soluciones, de manera casi simultánea, en otros dos puntos críticos. El primero es acelerar las compras de gas y combustibles para el 2014, con el objetivo de asegurar precio y cantidad frente a un probable incremento de los valores de esos carburantes en el mercado internacional. A la compra de 40 buques de gas natural líquido concretada la semana pasada, el gobierno agregará la adquisición de otros 25 navíos en las próximas semanas. En el segundo, la administración Kirchner va a avanzar con ajustes tarifarios de manera escalonada, con el objetivo de disminuir el giro por subsidios. De esta manera, las autoridades buscan que en el 2014 disminuyan la factura energética y las transferencias. Habría también una política de sinceramiento en las tarifas de gas y electricidad con quitas en los subsidios para zonas de alto poder adquisitivo –con excepciones para jubilados, pensionados y discapacitados–, pero de manera mucho más generalizada que en el abortado recorte anterior, cuando sólo quedaron sincerados los servicios en los clubes de campo y barrios cerrados. De la misma manera, se procederá con las irrisorias tarifas de agua potable y cloacas en el Área Metropolitana que obligan al Tesoro a financiar con unos 1.000 millones de dólares anuales a Aguas y Saneamiento. Otro punto que atacaría el gobierno es la liberación de las tarifas aerocomerciales, luego de cortar los subsidios al combustible. Aquí las aguas están divididas y no hay consenso, dado que algunos sectores creen que llegó el momento de soltarles la mano a los muchachos de La Cámpora que manejan Aerolíneas Argentinas y otros consideran que aún es temprano porque la compañía no tiene viabilidad financiera. Esto permitirá al fisco un desahogo de varios miles de millones de dólares, pero al mismo tiempo también provocará una transferencia de recursos del sector privado que llevará consigo una contracción del consumo pero que podría quitar presión sobre el dólar. Si bien parece un “giro copernicano” en la liturgia kirchnerista, el gobierno sabe que cualquier otra alternativa significa más inflación, más devaluación y una posible corrida cambiaria. Ésta es la consecuencia de una política de despilfarro y de haber barrido debajo de la alfombra los problemas derivados de la brutal devaluación del 2002. (*) Analista económico DyN


Comentarios


¿Un giro hacia la ortodoxia?