Un reclamo unificado

Por Redacción

Por Luis Tarullo (DyN)

Si algo le faltaba a la sorprendente realidad argentina era que la reapertura de las discusiones por aumentos salariales partiera de una actividad sin organización ni experiencia sindical pero con integrantes indudablemente oriundos de sectores modestos de la sociedad: la policía. Más allá de todos los condimentos políticos en derredor de la rebelión policial en varias provincias, lo cierto es que el promedio de los sueldos de los miembros de esas fuerzas de seguridad es poco más que precario. Y los uniformados apelaron al único mecanismo –también cuestionable, por cierto– del que disponen para elevar sus reclamos: la no prestación del servicio. La cuestión tiene aristas muy interesantes, que convendrá analizar cuando se calmen los ánimos, aunque para ello falta un tiempo, pues ya se empezará a ver el efecto dominó. Porque ahora los empleados de otros sectores, pero sobre todo los estatales de todas las jurisdicciones, se sienten motivados y obligados a salir a reclamar por sus haberes. De tal manera, puede entonces augurarse un panorama de conflictividad creciente que incluirá, entre otros, a trabajadores públicos y docentes. Las decisiones de algunos gobiernos provinciales de dar un importante aumento a los policías abona el descontento en las otras actividades, que en el mejor de los casos debieron conformarse en la anterior negociación con unos puntitos por arriba del 20% y en cuotas. En los campamentos de las centrales sindicales –cinco, por lo menos, sumando a las tres CGT y las dos CTA– están viendo la evolución del conflicto policial para tratar de entender este fenómeno que tuvo un conato de anticipo con la Gendarmería, aunque en este caso no hubo una contundencia similar a la de la protesta actual. Y ya que de fuerzas de seguridad se trata, el criterio de la obediencia a las órdenes desnuda una cruel situación a la luz de los incidentes registrados en alguna provincia: la pelea entre el mismo sector social –sin dudas más pobre que pudiente– y entre personas que han decidido abrazar una misma vocación, más allá del color del uniforme que visten. Encima, para hacer más patética la situación, no hay demasiada diferencia en lo que les entra en los bolsillos mes a mes a unos y otros. Salvo el caso de la Policía Metropolitana, que es superior al de sus pares de la Federal y de la Bonaerense, por poner dos ejemplos. Este conflicto lleva a pensar, además, en que si no habrá llegado el tiempo de aceptar la creación de los sindicatos policiales, como para encarrilar la situación. De haber gremios en las fuerzas de seguridad, en primer lugar habrá interlocutores válidos y visibles. Además, se terminará la aparición de seudos gremios de efectivos “autoconvocados” que, desde el anonimato y una escuálida representatividad, aprovechan para tener una fugaz aparición y protagonismo con también dudosos objetivos. Pero lo más importante en este momento, como se ha dicho, es el efecto “cascada” de esta acción de los agentes policiales. Que por un lado denota un montón de cuestiones a abordarse aún, empezando por darle el estatus de trabajadores a los agentes y, por otro, es en cierta medida una lección para los dirigentes sindicales que, mostrando una actitud timorata y, en algunos casos, excesivamente genuflexa vaya a saber por qué razones, no transmiten con énfasis el reclamo de sus propias bases. Por eso hay rubros en los cuales las representaciones de izquierda van ganándole terreno al peronismo tradicional siempre experto en el arte sindical. Son varios los casos en los que la ortodoxia maneja el gremio, pero los grupos más combativos tallan fuerte en las comisiones internas. En este marco, entre los policías seguramente hay pertenencias políticas de todo pelaje y color, pero no pueden expresarlo públicamente porque la obligación de proteger a la sociedad se impone sobre cualquier otra circunstancia. Hay muchos cuestionamientos para hacer, sobre todo cuando son los responsables de la seguridad de todos los ciudadanos, incluidos ellos mismos y sus familias. Sin embargo, como también se ha dicho, para el común de los habitantes de la República –y por supuesto las autoridades– los policías parecen no tener el estatus de trabajadores. Incluso, a pesar de que están en el segmento de las escalas salariales más bajas. Pero son asalariados, provienen de sectores populares, reclaman por sus sueldos, se manifiestan de forma anárquica en cuanto a representatividad pero solidaria entre camaradas. Entonces vale preguntarse cuál es el impedimento para que se les permita organizarse gremialmente. Más aun, si así lo hacen habrá caras visibles para negociar, diques de contención y límites concretos para las protestas. Lo que, dicho en otras palabras, deberán acatar sin cortapisas su rol y no dejar a la sociedad desprotegida.