Un viaje por todo el planeta sólo apto para lectores

Lugares y países narrados por las mejores plumas.

Redacción

Por Redacción

No es casual que esta selección no incluya libros de viajes o guías de leve tono literario. Existe una diferencia entre viajar con la imaginación a partir de datos ciertos y comprobables, medidas y temperaturas, colores y texturas, y viajar a través de la imaginación de un autor.

Curiosamente o no, los grandes escritores crearon mundos paralelos, distintos (en ocasiones muy distintos) a los originales sobre los cuales se inspiraron.

Aquí reside la paradoja: que viajar de la mano de un escritor es internarse en una geografía que sólo existe en el universo de las palabras. Una dimensión tan rica e intensa como la real. Una geografía invisible a los ojos, los ojos corporales al menos, pero que posee sus propias reglas arquitectónicas. Sus propias leyes de la gravedad.

El París de Hemingway no es el París que nos encontraremos en nuestra próxima visita a la capital francesa. Es un París, en principio, detenido en el tiempo y antes que nada, primero que todo, es un París anclado en la imaginación de quien también escribió “Adiós a las armas” o “El viejo y el mar”. Es el París exclusivo y personal, único e irrepetible, de Ernest Hemingway.

Los Ángeles, Hollywood retratado por Francis Ford Fitzgerald en su “Último Magnate”, tal vez, y sólo tal vez, refleje en parte la frenética actividad de los estudios y las relaciones humanas, complejas y disolutas, que se desarrollan a la sombra de la actividad cinematográfica. Pero, qué duda cabe, el perfil dibujado por ese hombre atormentado y virtuoso es una clave para entender la industria y la ciudad tanto en el pasado como en el presente. Algo que retoma con menos genio pero igual influencia Breat Easton Ellis para mostrar ese mundo que nunca madura, tanto en “Menos que cero” como en “Suites imperiales”.

Las novelas son entes caprichosos. Nada más inexacto acerca de un país o una ciudad que la descripción detallada y mentirosa de un libro, de un buen libro. Aun así, desde la inexactitud y el error, desde la ensoñación y el descuido, desde la alucinación y la reinvención, es que, o gracias a eso, descubrimos la verdad. No es una verdad con mayúsculas, no es la verdad sin mancha, pero sí una que nunca ha sido planteada antes.

No en pocas ocasiones dice más una poesía acerca de un paisaje que un mapa que contiene el detalle de los centímetros cúbicos que caen cada año en cierta zona.

La famosa serie del detective Pepe Carvalho, escrita por Manuel Vázquez Montalbán, retrata una Barcelona de los 90, desde la periferia, a veces oscura y visceral, torcida y sorprendente. Una ciudad que no relatarán los folletos oficiales.

Thomas Edward Lawrence es, nada más, nada menos, Lawrence de Arabia en “Los siete pilares de la sabiduría” y Lawrence Durrell nos ofrece una increíble y alucinada descripción de la de por sí alucinada e increíble Alejandría en su célebre “Cuarteto”.

Luis Sepúlveda fabula acerca del fin del mundo, como si aquel final fuera apenas un principio en el largo y exaltado devenir de la historia de la humanidad.

Roberto Arlt nos abre las puertas de un bullicioso, cotidiano y muy conversado Buenos Aires, en la época en que sus columnas eran el blog preferido de la capital, en la ya clásica recopilación “Aguasfuertes porteñas”.

Y Jorge Luis Borges, gran arquitecto de esta ciudad de letras, la juzgará “tan eterna como el agua y el aire” en su magnífico “Fundación mítica de Buenos Aires”, apenas una manera de adentrarse en las orillas de esa ciudad.

Y México no sería, no en su totalidad, el México que es, en el imaginario asentado en el resto de América, Europa y Asia, sin la ayuda y la conspiración de “El llano en llamas” de Juan Rulfo. Y sin toda, toda, la enorme obra de Carlos Fuentes.

Se puede conocer Nueva York. Pero nada se parecerá a caminarlo junto al atormentado adolescente Holden Caufield de “El guardián entre el centeno”, la obra cumbre de J. D. Salinger, o a la frívola e inocente Holly del “Desayuno en Tiffany’s” de Truman Capote. Nada se parecerá a transitar las calles de Brooklyn junto a Paul Auster en todas y cada una de sus obras.

El mundo es ancho, inabarcable. Pero la literatura tiene entre sus dones el de hacerlo menos ajeno.

claudio andrade

verónica bonacchi


No es casual que esta selección no incluya libros de viajes o guías de leve tono literario. Existe una diferencia entre viajar con la imaginación a partir de datos ciertos y comprobables, medidas y temperaturas, colores y texturas, y viajar a través de la imaginación de un autor.

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