Una educación más justa y de calidad

A pesar de que entreel 2005 y el 2009 el financiamiento educativo pasó del 4 al 6,4% del PBI, Argentina no garantiza una educación de calidad para todos. Un estudio del Cippec aporta criterios para un modelo de justicia educativa.

Entre el 2005 y el 2009 Argentina aumentó un 68% la inversión en educación, ciencia y técnica, que alcanzó el 6,4% del Producto Bruto Interno (PBI), y sobrecumplió la meta establecida en la ley de Financiamiento Educativo. Sin embargo, la mayor inversión no tiene aún un correlato directo en la calidad.

Especialistas del Cippec (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento) y del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) presentaron el libro “La construcción de la justicia educativa. Criterios de redistribución y reconocimiento para la educación argentina”, publicación que presenta guías para construir un modelo de justicia educativa que garantice una educación de calidad para todos.

“Existen dos grandes causas de las desigualdades educativas: la injusta distribución de la riqueza y las formas en que la educación y las pedagogías reproducen esas injusticias aun sin percibirlo”, explicó Axel Rivas, director del Programa de Educación del Cippec y coautor del libro.

Cortar un ciclo negativo

Para cortar el ciclo de reproducción de la desigualdad, los especialistas sugieren criterios para la redistribución y el reconocimiento.

Dar más a quienes más lo necesitan. Mientras que la desigualdad social se reduce en un 35% después de la acción estatal en los países de la Organización para la Cooperación Económica (OECD), la cifra baja a un 8% en América Latina. “La Argentina tiene una estructura tributaria regresiva y una coparticipación federal arbitraria e injusta que perjudica a las provincias más pobres”, señaló Cecilia Veleda, coordinadora del Programa de Educación de Cippec y coautora del libro.

Frente a esto, los especialistas proponen llevar a los sectores populares al centro del sistema educativo. Esto exige revisar las condiciones materiales y los contextos de las escuelas, el perfil demográfico de la población, sus características culturales y los servicios de infraestructura, entre otras condiciones.

(Continúa en la página 22)

(Viene de la página 21)

Además, la publicación plantea la importancia de garantizar los recursos necesarios para una alimentación adecuada y de expandir la oferta escolar para beneficiar a las zonas más vulnerables.

Los criterios de redistribución también apuntan a lograr más heterogeneidad social.

“La segregación social de los alumnos en escuelas diferentes –privadas y públicas– y en el interior de cada sector se profundizó en las últimas tres décadas”, indicó Florencia Mezzadra, coordinadora del Programa de Educación del Cippec y coautora del libro, quien considera que la diversidad sociocultural es fundamental para la cohesión social y los aprendizajes.

“Las condiciones materiales no son suficientes: se necesita mejorar las capacidades de acción de los docentes para construir la justicia educativa dentro de las aulas y en el contexto de cada territorio”, apuntó Rivas. En esta línea, la publicación del Cippec propone que los docentes sean capaces de enseñar a grupos diversos y que aquellos con saberes más sólidos y más compromiso trabajen en las escuelas de contextos más críticos.

• Un modelo justo garantiza que todos aprendan lo fundamental. Los aprendizajes de los alumnos argentinos son insuficientes: según el Operativo Nacional de Evaluación del 2007, el 35% de los alumnos de 6º grado tiene un desempeño bajo en Lengua y Matemática. La cifra asciende al 30% en Lengua y al 65% en Matemática para los alumnos de segundo año del Nivel Medio. Además, los aprendizajes varían fuertemente según las provincias y las escuelas.

El piso de saberes fundamentales se define en los Núcleos de Aprendizajes Prioritarios (NAP), que comprenden un conjunto de competencias, capacidades y saberes que todos debieran alcanzar. “El problema –señaló Veleda– es que en la práctica lo que cada docente enseña depende de los materiales que tiene. Es fundamental que los NAP se difundan más y ayuden a crear una base de conocimientos fundamentales en todas las escuelas del país”.

Según los especialistas de Cippec también es central respetar los tiempos personales de aprendizaje.

“Es necesario recrear la enseñanza para evitar la repitencia con aprendizajes, respetando los diversos ritmos de aprendizaje, que exigen un apoyo constante”, observó Veleda.

Zanjando dilemas

Para zanjar el dilema entre la promoción automática y la repitencia, recomiendan extender la jornada escolar y ofrecer sustantivamente más tiempo a los alumnos más pobres.

“Extender la jornada permite diversificar la experiencia educativa con prácticas artísticas, deportivas, comunitarias o idiomas. No debe ser sinónimo de ofrecer más de lo mismo”, precisó Rivas.

Un modelo justo supone poner en un plano de igualdad los distintos saberes y experiencias educativas: las ramas científicas, las prácticas artísticas y culturales, los deportes, las actividades manuales y agrícolas y el uso de la tecnología.

“Los autores de este libro tenemos una profunda convicción en el poder transformador de la política educativa y de las prácticas docentes. Países con niveles similares de pobreza y resultados de calidad educativa diferentes evidencian que la política educativa es fundamental para avanzar hacia un sistema más justo”, concluyó su exposición Veleda.

Equipo investigador del CIPPEC

Especial para “Río Negro”

escuela y sociedad

Archivo Adjunto


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