Una jornada lluviosa y fría, junto al gran lago

– ¿Y qué votan? – preguntó la joven señora chilena de acento chileno.

– Para intendente -le respon-dió la señora mayor que desde hace años se ocupa de la caja de la tradicional «Casa Raúl», una tradicional mezcla de kiosco, papelería y librería de la calle Mitre.

-No se nota que sea día de votos – reflexionó la chilena antes de extasiarse frente al anaquel de los ligeros libros de Jorge Bucay

Eran las 11 de la mañana.

Sí, Bariloche evidenció una vez más ayer ese estilo tan particular y atípico que tiene en su relación con la política, esa forma de decirle que no está dispuesta a tensionarse con sus exigencias. Porque ayer Bariloche, una ciu-dad donde algo más del 30 % de sus ciudadanos son dueños de sus votos, vivió las elecciones como un día más.

El dato más elocuente de ese «desentenderse» se manifestaba ya en la madrugada.

Confiterías, pub, restaurantes abiertos. Nada de escamotear el alcohol y nada tampoco de hablar de las urnas. Ayer, los negocios levantaron temprano sus persianas en una ciudad donde encontrar un afiche partidario fue un simil de buscar una aguja en un pajar.

Sobre el filo del mediodía en el comando electoral del peronismo se sostenía que sólo había votado el 18 %.

Llovía sobre Bariloche.

– Esto favorece a los partidos con aparatos por acarrear la gen-te. El independiente, con este día no sale de su casa… a nosotros nos conviene – dijo sentenciaba en el Hotel «Nevada» un justicialista que pasó por todas las líneas internas del partido.

A pocos metros de allí, el jefe de la SIDE Carlos Soria se negaba a emitir opinión sobre la votación en marcha. Lo hacía con tanta «cara de nada» que poco el faltaba para argumentar que no sabía que había elecciones.

En «Jauja», un restaurante donde impera un estilo poco habitual en ese ramo, un matrimonio mayor se estrechaba en abrazos con otro más joven. Una nena muy pequeña quedó en el medio del despliegue de miembros y poco faltó para que tanta efusión de emociones la enviara a yesos varios.

– ¿Quién gana? – preguntó el hombre mayor al joven…

– No se nada… llevo tan poco tiempo aquí que… no sé…

– ¿Gana Verani? …

– No… él no está en juego.. .es el gobernador y ahora se vota para intendente

– ¿Cómo que no está en jue-go?… Si esta provincia se está hundiendo – intervino la esposa del joven y el diálogo se interrumpió por el ruido de un corcho que liberaba el negro color de un Luigui Bosca con el que el grupo arrancó los brindis y la nena esquivaba los cruces de copas…


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