Una taxista salvó su vida por milagro tras un robo

Fue abordada por dos sujetos en Allen, que le pidieron que los lleve hacia Fernández Oro. Cuando desnudaron sus intenciones intentaron encerrarla en el baúl y como no pudieron, la dejaron maniatada y descalza en un camino rural que conduce al río. La mantuvieron constantemente con un cuchillo en el cuello. Se llevaron el auto, que hasta ayer no había aparecido.

ALLEN (AC).- “¿Con qué la mato, con el cuchillo o el fierro?”, llegaron a consultarse los delincuentes. El viernes por la noche, por milagro no ocurrió una tragedia similar a la del año pasado. Esta vez, la víctima fue una mujer taxista de Allen, que levantó a dos presuntos “pasajeros” con destino a Fernández Oro.

Los delincuentes intentaron encerrarla en el baúl, la amenazaron constantemente con un cuchillo en el cuello, y la dejaron maniatada y descalza en un camino rural que conduce al río. Finalmente le sacaron unos 30 pesos, el bolso con documentación y el auto, un Volkswagen Senda gris -patente AWQ 410-, que hasta anoche no aparecía.

Fuentes policiales consultadas revelaron que todo comenzó alrededor de las 21.45 del viernes, cuando Susana Di Piettro levantó a dos personas en la ruta 22, a unos cuatro kilómetros al este de Allen.

Los individuos aparentaron ser simples pasajeros que pretendían viajar a Fernández Oro: uno subió del lado del acompañante y el otro atrás.

“Vaya por donde quiera”, le respondieron los sujetos cuando la mujer les preguntó si no les molestaba ir por la ruta “chica”.

El viaje parecía normal, pero ya en inmediaciones de Fernández Oro comenzó la sospecha: “doble a la izquierda por el camino de Urundel”, le indicaron. Di Pietro dobló.

Apenas había pasado un puente, cuando el que iba atrás la tomó del cuello y le colocó la punta del cuchillo en la garganta. “Bajá a la banquina”, le exigió.

Desde allí empezó el calvario. El que iba a su lado, le dijo que bajara. Ella intentó hacerlo por la puerta del conductor, pero el sujeto la tomó con firmeza de los brazos y la sacó por el lado del acompañante.

A los empujones y arrastrándola, el que tenía el cuchillo la llevó hasta el baúl, mientras el otro se encargaba de arrancar el cartel del techo del taxi.

“Me metieron en el baúl pero no lo pudieron cerrar porque yo hacía fuerza con los pies desde adentro”, le habría contado la damnificada a la policía. Como aparentemtente los delincuentes pensaron que el baúl estaba roto, la sacaron de allí y la sentaron en el asiento de atrás.

El que inicialmente viajaba del lado del acompañante, se sentó al volante y arrancó hacia la ruta 22. Ella iba en el asiento de atrás, siempre sintiendo el filo del cuchillo en su cuello.

Al llegar a la ruta 22, doblaron hacia la izquierda como volviendo hacia Allen. Apenas recorrieron un kilómetro, cuando el conductor dobló por un angosto camino de tierra que desemboca en el río.

A unos 800 metros de la ruta 22, la obligaron a bajar. “Perdoname, pero te voy a matar porque me viste la cara”, le habría dicho el que tenía el arma blanca. Pero ella le dijo lo mismo que luego le repitió a la policía: “no les ví la cara”. Asi y todo, el sujeto se mostraba dispuesto: “¿Con qué la mato, con el cuchillo o el fierro (por el revólver)?”, le preguntó a su compañero.

La aparente cordura del otro individuo impidió que el hecho terminara en una tragedia como la del año pasado con el taxista José María García (Ver aparte). El sujeto, hizo sentar a la mujer a la vera del camino, donde la dejaron maniatada. Los dos subieron al taxi y se fueron.

Después que pasaron unos minutos, Di Pietro comenzó a caminar hacia la ruta, donde la auxilió un camionero. Estaba descalza porque en el forcejeo había perdido sus zapatos.

Hasta anoche nada se sabía de los delincuentes ni del vehículo de la empresa “Radio Taxi Listo”. Sólo habían aparecido unos documentos tirados en la Isla Jordán.

Muy parecido al caso de José María García

ALLEN (AC).- El caso de la taxista allense es muy similar al de José María García, el taxista que fue asesinado el año pasado en Fernández Oro. En ambos hechos aparece el camino a Urundel, el encierro de la víctima en el baúl, la apropiación del vehículo, el robo de poco dinero, y la violencia.

José María García tenía 58 años. En los primeros minutos del 8 de febrero del 2000 levantó a unos supuestos pasajeros en inmediaciones del casino de Cipolletti e inició un viaje con destino a Allen.

Los delincuentes obligaron al taxista a que descendiera de su vehículo en un camino rural, al que se accede desde la calle de “Urundel”. Lo golpearon ferozmente. En ese lugar, los delincuentes arrancaron el cartel del techo del taxi y encerraron en el baúl a la víctima, que ya para entonces estaba sin vida.

Cinco sujetos fueron involucrados por este crimen. Pero sólo dos de ellos fueron condenaron a 20 años de prisión, en el juicio que se realizó en diciembre pasado. Un tercero, considerado “el principal sospechoso”, aún está prófugo de la justicia.


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