Una tendencia que cambia conceptos

En la región, son más de diez las chicas 'fierreras'.

Son mujeres que cambian cubiertas, se engrasan y viven la velocidad como una pasión. También son las que estudian, cuidan una casa, trabajan. ¿Y la femineidad? Eterno dilema de las navegantes y pilotos.

En la región son más de diez las féminas, de entre 18 a 45 años, que se ponen el casco, abrochan los cinturones y, lejos de preocuparse por la tierra que va acumulándose en cabellos y ojos, se bancan el vértigo y los golpes que acarrea cada carrera. Unas, al volante, otras cronometrando las vueltas y atentas al banderillero. Abajo, pelean con cubiertas, bujías y bidones de nafta, duermen durante todo un fin de semana en el autódromo y siguen con fanatismo la Fórmula Uno, Top Race y otras categorías nacionales.

El rally, TC, el Safari en Pista y los kartings son las categorías que hoy albergan en la zona a las mujeres «fierreras».

En general, estas chicas empezaron por un padre o marido que sea amante de los autos. Sabrina Clavero, Mariana Guerrero, Verónica Moreiro, copilotos del TC Neuquino; Estela Córdoba y Carolina de La Canal, del Safari en Pista, Dora Moreno, del rally, son algunas de esas mujeres que no tienen miedo a la velocidad.

«Es un hobby» se las escucha decir, aunque actúan como profesionales. Una diversión peligrosa, dirán los escépticos y se preguntarán qué le verán de atractivo. «Es una sensación espectacular», comenta Sabrina. La velocidad, la adrenalina que ésta genera, la previa. Todo eso las atrae. «Hay mujeres que me preguntan que se siente con esto. Es un cable a tierra de lo que uno pasa durante la semana», agrega Estela.

Mariana, Sabrina y Carolina estudian. Estela, y Verónica trabajan. Todas tienen tareas que hacer en sus casas, materias que rendir y, sin embargo, el tiempo alcanza. «A mí me ha pasado en el secundario de justificar faltas diciendo que voy a eventos deportivos», cuenta Sabrina. «Nos juntamos siempre los domingos, vemos lo que vamos a hacer para la carrera y al otro domingo venimos todos», agrega una de las navegantes del Safari, oriunda de Cinco Saltos.

Los hijos también son un factor importante, decisivo en algunos momentos. Según ellas cuentan, debieron abandonar durante algunos meses por el nacimiento de un hijo. Sabrina, por ejemplo, dentro de unos meses tendrá a su primer bebé. «Me angustia tener que dejar pero sé que es por un año. Después, iremos juntos».

 

¿Aceptación o rechazo?

 

«En mi caso personal, cuando mi papá empezó a correr puso a mis hermanos una carrera cada uno y a mi no me dejaba por una cuestión de que le daba cosa que la nena se suba. Después mis hermanos fueron abandonando y decidió darme una oportunidad. Lo hice bien y no me bajé más. Sé que a mi viejo le cuesta muchísimo tenerme ahí al lado y cada vez que nos rozan mi papá está preocupado preguntándome si me pasó algo», expresa Mariana y agrega que su mamá, directamente, «no ve las carreras».

Sabrina pasa por una situación parecida. «A mis hermanos no les gustan los autos. Yo siempre fui la más corajuda, mi papá está chocho y mamá también. Me acompañan, pero con miedo».

No muy diferente es el caso de Carolina o Estela, cuyas familias estuvieron desde el principio apoyando la actividad de «las chicas», aunque con ciertos reparos. «En un principio que la nena corriera, no se había visto en mi familia. Pero después se fueron acostumbrando», cuenta Estela.

Los hombres y su actitud frente a esta pasión de las mujeres merecen un párrafo aparte. Para mecánicos, pilotos y copilotos, es un detalle llamativo, que ya comenzaron a aceptar.

«Hemos llegado a ocupar un buen lugar con ellos y nos respetan. Se han hecho la idea de que las mujeres también podemos estar acá», dice Estela.

Algo similar pasa con los espectadores. Para algunos, especialmente las mujeres, es un detalle interesante, para otros, los menos, no es tan así.

«Encima de que la función de copiloto está siendo cuestionada en el último tiempo, somos mujeres, para muchos sinónimo de 'anda a lavar los platos', por lo que hay mucha gente que te mira mal. De todas formas voy al autódromo a divertirme», dice Mariana.

Poco a poco han ido ganando un lugar, aunque aún les faltan pequeños detalles, como baños y duchas para damas en los autódromos.

Son mujeres que admiran a sus compañeros, padres o maridos o a renombrados pilotos como Marcos Di Palma o Schumacher. Amantes del vértigo y conocedoras de motores. Poco a poco están siendo aceptadas como integrantes del «mundo de los fierros», adentro y fuera de las pistas. Quizás cueste definir porqué una mujer se sube a un auto de carrera. En realidad, ¿porqué no?

 

María Elena Larroulet

Femeninas ciento por ciento

«Más allá de que estés sucia y despeinada, no tenés porque dejar de ser una mujer.

A veces nos mandan a buscar unas gomas, que son gigantes, y no dejo de sentirme una chica. Por ahí me ve cualquiera y piensa 'que macho' pero yo soy femenina haciendo lo mío» explica Mariana. «Al contrario, te sentís orgullosa de hacer esas cosas», agrega Sabrina.

No dejan de verse femeninas por estar entre hombres y trabajar a la par de ellos. «Son dos cosas distintas. Yo siempre dije que una es mujer todo el tiempo, lo que pasa es que cuando estás en un ambiente con hombres, te adaptás al lugar. No querés ser ni feminista ni pasarte para el otro lado», dice Estela.

Carolina coincide. «Creo que el rol de mujer pasa por otras cosas y no por un deporte en especial que siempre haya sido practicado por los hombres».

Ianina Zanazzi, primer mujer argentina que ganó una carrera de autos entre los hombres, es ejemplo de ello. «El hecho de correr en autos no tiene porque influir en la personalidad femenina. A mí siempre me gustó estar arreglada, hacer cosas de mujer, ir a la peluquería, arreglarme para las notas. Y también me gusta correr», dijo a la revista Crash Test.


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