Vacunas: ¿qué se puede hacer y qué no?

A medida que la campaña de vacunación avanza, las personas que han recibido ambas dosis continúan sin tener un panorama claro de cómo proceder. ¿Retomar la vida “normal” o continuar con las medidas protocolares de siempre?

 (Foto archivo: Marcelo Ochoa)

(Foto archivo: Marcelo Ochoa)

Mientras una de cada diez personas aproximadamente han recibido al menos una dosis de la vacuna contra el coronavirus, todavía se está esperando una respuesta clara a una pregunta clave: ¿Qué pueden hacer una vez que las personas estén completamente vacunadas?


La respuesta actual no es para nada satisfactoria. En líneas generales, los centros de salud y los organismos internacionales aseguran que las personas vacunadas necesitan seguir utilizando cubrebocas, mantener el distanciamiento físico y básicamente cumplir con todas las precauciones previas a la vacuna. Quienes tienen ansias por tomar un avión para visitar a sus seres queridos podrían dudar de hacerlo ya que les han advertido de no ver la vacunación como un “pase libre para viajar”. La única área en la que han cedido es en sus lineamientos sobre cuarentenas: ahora dicen que 14 días después de haber recibido la segunda dosis de la vacuna, y por un período de tres meses, las personas plenamente vacunadas no necesitan cumplir con una cuarentena tras ser expuestas a alguien con COVID-19.

La situación sorprende porque la alta efectividad probada por las vacunas (ver aparte) da a entender que una persona con las dos dosis no debería sufrir el coronavirus como algo mucho peor a un resfriado o una gripe.

Sin embargo, debido a que la investigación sobre si las personas vacunadas pueden o no transmitir el COVID-19 no es definitiva, se les está pidiendo a las personas que no cambien sus hábitos. Esta precaución es comprensible, pero la falta de orientación podría llegar a causar tanta frustración que algunas personas podrían decidir irse a los extremos: he tenido pacientes que me han hablado de desechar los cubrebocas y salir a visitar varios bares en una noche. Otros podrían cuestionar el propósito de la vacuna si sus vidas permanecen iguales. No es suficiente explicar el objetivo social de alcanzar la inmunidad colectiva dentro de varios meses o años; necesitamos articular las libertades que las personas pueden disfrutar gracias a la vacuna.

El punto de decisión más sencillo es en torno a las actividades esenciales que las personas anteriormente consideraban “de alto riesgo”. Quienes solían posponer citas médicas como exámenes de detección de cáncer o visitas al dentista, deben retomarlas. Quienes no están trabajando por temor a la exposición pueden regresar sabiendo que tienen una protección razonable ante contraer un caso de enfermedad.

A medida que la vacunación avanza, cada vez más gente se encuentra con la incertidumbre de cómo proceder luego. (Foto: Patricio Rodríguez)


Los lineamientos podrían ir más allá y afirmar que también se pueden realizar actividades no esenciales con precauciones. Las personas que anhelan ir al gimnasio o a un restaurante deberían poder hacerlo, cumpliendo reglas como el uso de cubrebocas y el distanciamiento en caso de que sean contagiosas. Sin embargo, aún no aconsejaría que las personas recién vacunadas fueran a bares abarrotados, y deberían tener especial cuidado de no llevar el virus a sus casas si viven con personas no vacunadas.

Si todas las personas en un hogar están vacunadas, creo que las recomendaciones deberían permitir más actividades que antes se consideraban de alto riesgo. Una pareja que quiera reunirse con otra pareja ya vacunada probablemente esté segura haciéndolo, incluso con abrazos y encuentros en lugares cerrados, sin cubrebocas. Quizás deberían seguir evitando las grandes concentraciones de personas, porque el riesgo se incrementa con la exposición, y no hay garantía de que todos los que dicen estar vacunados realmente lo estén.

¿Qué sucede con las y los adultos mayores que quieren ver a sus familias? Si la razón por la que las visitas no ocurrían era la preocupación por los ancianos, entonces muchas familias podrían decidir que ahora está bien visitarlos porque ya están protegidos. La probabilidad de contraer el COVID-19 durante un viaje ya es bastante baja, y con el uso atento de cubrebocas durante los vuelos, las y los adultos mayores solo supondrían un riesgo menor para familiares que no se han vacunado. Ese riesgo puede reducirse si las visitas vacunadas evitan otras reuniones antes de viajar.

Hay quienes podrían decir que no hay datos suficientes como para estas recomendaciones. Si se descubre que muchas de las nuevas infecciones se originaron por personas vacunadas, o si las variantes emergentes no son afectadas por las vacunas, tal vez las personas vacunadas deban tener más restricciones.

Los centros de vacunación avanzan a un buen ritmo, sobre todo en las grandes ciudades.


Pero si hay algo que aprendimos en pandemia es que las personas necesitan una guía clara y práctica sobre cómo transitar sus vidas. Al fin tenemos vacunas que brindan una protección extraordinaria. Ayudemos a las personas a utilizarlas para su protección, y recuperemos al mismo tiempo cierto grado de normalidad, así damos la esperanza de un futuro posterior a la pandemia.


Algunos datos clave sobre las vacunas



 Aunque la “licencia” de cuarentena para las personas vacunadas expuestas a una persona con COVID-19 es un alivio, no es para nada un argumento de venta sólido para las vacunas y sus potenciales beneficios.

 Las vacunas de Pfizer y Moderna tienen una efectividad de 95% previniendo enfermedades sintomáticas y casi de 100% previniendo enfermedades graves. Estos son resultados asombrosos, y básicamente significan que el COVID-19 en una persona vacunada no es peor que un resfriado fuerte o una gripe.

 Los centros deberían proporcionar recomendaciones más específicas post-vacunación basadas en los mejores datos disponibles, aunque estén incompletos. Existe cada vez mayor evidencia de que, al igual que con otras vacunas, las personas que reciben la inoculación contra el COVID esparcen menos el virus y son menos contagiosas.

 Dos estudios preliminares de Israel revelaron una disminución en la carga viral tras la aplicación de la vacuna Pfizer. Una prepublicación informó que la vacuna AstraZeneca redujo 67% los resultados positivos en las pruebas. Los datos de la vacuna de Moderna también sugieren que reduce la infección asintomática. Juntos, estos resultados deberían permitir a los centros proporcionar una hoja de ruta para la vida postvacuna.


Por Leana S. Wen (The Washington Post)

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