La ciudad fantasmal que esconde mitos y leyendas en las primeras minas del país

Las minas de Paramillos, ubicadas en la provincia de Mendoza, esconden historias y leyendas que hacen que todos queramos darnos una vuelta por allí.

En la provincia de Mendoza y a 24 kilómetros de la ciudad de Uspallata hay un paraje que supo ser una de las minas de oro y zinc más importantes del Virreynato del Río de La Plata y que fue testigo de la epopeya que logró el Ejercito de los Andes que comandaba el General José de San Martín. Se trata de la “ciudad fantasmal” de Paramillos, la primera explotación minera de la Argentina, que cuando dejó de funcionar se convirtió en un destino turístico ideal para los historiadores y los fanáticos de la aventura.

«En la actualidad todavía se pueden apreciar las fachadas de las construcciones derruidas que fueron parte de este complejo minero como las piletas y los hornos que funcionaba bajo el mando de los conquistadores españoles y los jesuitas», aseguran en Noticias Argentinas (NA).

Se estima que estos misioneros descubrieron, a principios del siglo XVII, que los suelos de la zona eran ricos en minerales y comenzaron su explotación por 1640. Después de ser expulsados de América, el trabajo quedó en manos de los españoles, y luego inversores ingleses que, más tarde, con el comienzo de la Guerra de Malvinas, dejaron la Argentina.


Mitos y leyendas


En esta mina trabajaban los Huarpes, un pueblo originario de Cuyo, hasta dejar la vida bajo el sistema de explotación conocido como mita y yanaconazgo que empleaban los conquistadores españoles. Algunas leyendas de la zona asegura que de noche pueden escucharse los lamentos de estos indígenas, pero otras explicaciones lo atribuyen al sonido de las aves autóctonas que gritan y producen sonidos escalofriantes.

La Cruz de Paramillos, a 3000 m sobre el nivel del mar, ruinas jesuíticas, minas desactivadas, profundo silencio y gran vista de los Andes.

Otras dos dos historias que le aportan un aura misteriosa a este lugar. La primera tiene que ver con el Robin Hood de Mendoza: el Gaucho Cubillos. Es una figura muy popular entre la gente de la zona, ya que para algunos es un criminal y para otros, un héroe. Cubillos era un ladrón, pero que robaba en beneficio de los más pobres. Y fue asesinado por la policía precisamente en las ruinas de la mina de Paramillos. Es por eso que allí se levanta un altar en su honor, en el que pueden encontrase un crucifijo, flores y ofrendas. Son muchos los que pasan por el santuario del Gaucho Cubillos para agradecerte o pedirle protección.

La otra trae a escena a El Timoteo, un ladrón del litoral que era buscado por la policía. Para camuflarse, comenzó a trabajar en las minas de Paramillos. Allí empezó una nueva vida, alejada de los hechos delictivos y la policía decidió dejarlo en paz. Unos años más tarde, uno de los mineros fue asesinado y todos lo acusaron. Fueron tras de él y El Timoteo se escondió en los túneles de la mina. La policía selló todas las salidas, el sospechoso nunca volvió a aparecer y tampoco encontraron su cuerpo.

Cuando se fueron los ingleses las minas fueron desactivadas hasta que comenzó a promoverse el turismo minero, con un interesante paseo por los túneles. Entre rocas y minerales, con cascos y linternas, los guías llevan al visitante hacia un mundo de pasadizos laberínticos que recorren trayectos de vías, carros y pozos, siguiendo las huellas de los antiguos obreros.

Cómo llegar hasta la Ciudad Fantasmal de Paramillos

Desde la ciudad de Uspallata se debe tomar la Ruta Provincial 52: se demora poco más de media hora en recorrer los 34,6 kilómetros que la separan de la Ciudad Fantasmal de Paramillos.


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