Mujer rodantera: el primer viaje sola, “que no te detenga el miedo”

Se jubiló, compró una camioneta y la camperizó para vivir la vida de viaje. Antes de partir, Mónica De Torres Curth debió afrontar miedos, fantasmas y grandes desafíos. Cuenta la experiencia para inspirar a muchas.

Viaja en su camioneta y el silencio de la Línea Sur se rompe con el sonido del motor. La mente de Mónica de Torres Curth viaja en recuerdos de otros tiempos en los que soñaba salir a conquistar rutas, por momentos repasa los lugares a los que quiere ir, o rememora los que ya conoció. De andar se trata: es de Bariloche, tiene 62 años y se jubiló hace poco. Este es su primer viaje sola, antes de partir, debió preparar la camioneta, ganarle la batalla a un cáncer de mama y escribir un libro. Todo está hecho, ahora solo queda disfrutar.

En el grupo Mujeres Rodanteras y Audaces, Moni sube las fotos de su primer viaje, cuenta que se animó, da algunos consejos y todas lo celebran. Algunas le hacen preguntas, le dicen que también quieren viajar. Unos días después, ya desde su casa de Bariloche, cuenta que nunca había hecho 700 kilómetros y relata cómo fue, este bautismo rodantero.

“Planifiqué la ruta para no manejar tanto tiempo, pensé donde iba a pernoctar. De ida, paré en Los Menucos, y después seguí hasta Las Grutas. Busqué un itinerario que me diera tranquilidad”, dice para arrancar.

Trabajó toda su vida en la Universidad del Comahue como docente investigadora, crió tres hijos y nunca se pudo tomar el tiempo para concretar estos viajes que deseaba. Se jubiló en abril de 2022, y a los pocos días vendió su auto, también una casa rodante Mini Raod y se compró una camioneta Sprinter de pasajeros. Con el dinero y algunos ahorros planificó la camperización que “quedó fantástica”.

“Vivo sola, mis tres hijos están en La Plata, estoy divorciada y la perspectiva es viajar sola. En invierno del 2022 la camioneta estuvo en armado, en septiembre estaba lista y viajé con mi hija por el Norte Neuquino para inaugurarla y probar el vehículo, pero ahí fui acompañada”, recuerda.

Después ese viaje todo estaba listo para seguir sola, tenía planificado ir a Puerto Madryn pero se enfermó. “Mi sueño de vida siempre fue: ‘me jubilo y voy a conocer el país’. El primer destino era ir a ver el espectáculo de las ballenas, pero a fines de agosto me diagnosticaron un cáncer de mama y se paró todo, para atender mi salud”.

El año pasado hizo el tratamiento, la operaron y todo salió bien. Por suerte, los ahorros no se fueron en la enfermedad porque PAMI, su obra social, cubrió todo. El 17 de enero fue al oncólogo y llegó el gran veredicto. “Vida normal”, dijo el médico y ella y preguntó si podía viajar.
“Por supuesto”, respondió el doctor. Eran las 4 de la tarde y al día siguiente al mediodía se fue. “Tenía todo preparado y si decía que sí, me iba”.

Llegó a las 20 a Los Menucos, recorrió un poco. Muchas veces pasó por la ruta 23, pero siempre la hizo de un tirón. “Me pareció preciosos el pueblo, estacioné en un playón al lado de la estación de servicio, cerré mis cortinas, cené y me dormí. Al otro día cuando desperté vi que muchos habían hecho lo mismo, había camiones, casillas rodantes y varias personas que pasaban la noche ahí”, describe.

Al mediodía llegó a Las Grutas y decidió ir a un camping. “En las playas me encontré con conocidos, con amigos, es un balneario muy concurrido. Después me animé a ir a Las Conchillas, que era un desafío porque no hay camping, vas y estacionás y estas sola”, cuenta.

Cuando viaja, le gusta quedarse, recorrer. Se instaló cerca de los barcos pesqueros. Cada mañana los veía salir y volver cargados de bolsas con bivalvos. Los hombres descargaban el producto de la pesca y el viento y el mar musicalizaban el momento.

“Cuando viajás así, es genial el vínculo con la comunidad residente, vivís con más contacto con lo local que me gusta mucho. No me gustan las multitudes. Salía a buscar lugares en la playa sin tanta gente, donde mirar el mar, los pájaros, leer. Me encanta, eso es lo que prefiero”, destaca.

A veces, algunas comunidades locales no reciben bien a los rodanteros. Mónica cree que es una lástima que aparezcan esos enfrentamientos, porque es un lindo turismo. Varios lugares tienen organizado dónde se pueden desagotar aguas negras y o grises.

“Yo consumo y cuido. Por ejemplo, en el acceso de Las Conchillas, hay un lugar, donde cobran un abono anual, y podés cargar agua y descargar aguas negras. Creo que hay conciencia en general, es hermoso llegar a un lugar y que esté lindo, hay que cuidarlos”, dice.

Después de días de mar, había que volver a las montañas. Durante el regreso, llegó a Los Menucos antes de lo planeado y decidió seguir hasta Maquinchao, que era el próximo pueblo. Allí, Chabela en su restaurante la recibió con un cariño que puso el broche de oro a lo andado.

“Es como mi mamá, mucho más joven, tiene su comedor con dos o tres mesas y compré una milanesa con papas fritas que fue épica. Es un pueblo chiquito, solitario. Me dijeron donde parar, hay tanta solidaridad al rededor del viaje, que conmueve”.

Al despertar se sacó el sueño de la cara y se sentó al volante, con la alegría de la experiencia, pero también con las ganas de llegar a casa.


Mujeres Rodanteras Audaces: Viajar sola tiene desafíos


Las camionetas, las gomerías, los fierros, conforman un territorio a los que muchos, por años le pusieron un sello de “masculino”, lo que se cuela un poco en las primeras aceleradas de Mónica.

“Cargas con los miedos de viajar sola, y sumás el viajar sola siendo mujer. Mi problema no es manejar, manejo desde los 14 años, no tengo miedo a eso, son otros fantasmas que supongo que vienen impuestos por crianza, por una cuestión cultural, social, que dice ‘si no tenés un varón al lado parece que no podés resolver nada’. Hay que aprender”, destaca.

Si hay que hacer rotar las cubiertas, va a una gomería y el que lo sabe hacer lo hace. Moni cuando atiende el teléfono, acaba de venir de ahí y sabe que es un ámbito en el que las mujeres ya se mueven con facilidad.

Cuenta que tiene como 80 o 100 mensajes de mujeres que le dicen “me quiero animar y no puedo”. Si bien está en otros grupos, el espíritu del grupo Mujeres Rodanteras Audaces es hacer un sostenimiento entre mujeres para acompañar.

“Te vas dando cuenta que siempre hay una mano solidaria de gente que te pregunta si está todo bien, si necesitaba algo y es maravilloso. El miedo es normal, pero lo importante es que no te paralice. Es cierto que pueden pasar cosas, a todos le pasan, pero también podés tener un viaje maravilloso, y que te pasen cosas lindas además”, dice.


Próximo viaje literario


Además de jubilada es escritora, en agosto pasado publicó el libro “Presas”, que reúne 16 cuentos breves de su autoría protagonizados por mujeres que pasan por diferentes situaciones.

Ahora la invitaron a Viedma a presentarlo, así que tiene pensado agarrar su camioneta y salir hacia allá. Después de hablar de su libro y después recorrer las playas, de La Lobería, llegar a la Reserva de lobos marinos, acelerar por la ruta 1 y llegar a Bahía Creek, hasta llegar a Las Grutas.

Después va a volver a su otoño barilochense y cuando vuelvan las ballenas, se anunciará la primavera y con ella, ese viaje a Madryn que espera.


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