Blanqueo: números para no confundirse

04 ene 2017 - 00:00
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El gobierno de Mauricio Macri celebró como un verdadero éxito el resultado récord del blanqueo, que superó las previsiones más optimistas y al 31 de diciembre último había alcanzado a casi 98.000 millones de dólares, lo cual generó un ingreso impositivo extra de 124.700 millones de pesos. A tal punto de permitir que, dos días antes, el desplazado ministro Alfonso Prat Gay pudiera darse el gusto de formular un anticipo previo cuando ya había puesto fin a su gestión al frente del Palacio de Hacienda, en un implícito reconocimiento a la parte que le correspondió.

Esos números no dejan de ser parciales, ya que el blanqueo se extenderá hasta el 31 de marzo próximo. Como todavía hay tiempo para adherir, la exteriorización ante la AFIP de cuentas bancarias en el exterior y propiedades no declaradas podría superar los u$s 100.000 millones, una cifra equivalente al 20% del producto bruto interno. La diferencia es que mientras el blanqueo de inmuebles seguirá tributando hasta entonces el impuesto especial de 5%, la alícuota del 10% se elevará al 15% en el caso de las cuentas externas que se declaren de ahora en más. También seguirá abierta la posibilidad de blanquear sin costo y hacer rendir los capitales, pero sólo si se destinan a suscribir cuotas-partes de Fondos Comunes de Inversión (FCI), abiertos o cerrados (con un monto mínimo de u$s 250.000), y permanecen inmovilizados por cinco años.

De todos modos, la etapa que acaba de cerrarse con el 2016 es la más sustancial de este régimen, aprobado por el Congreso para atender los pagos de la ley de “reparación histórica” a jubilados y pensionados con juicios pendientes de cobro o haberes mal liquidados.

Precisamente, este destino ya prefijado de antemano para los fondos recaudados (o a recaudarse en los próximos meses) obliga al gobierno a extremar recaudos informativos para evitar confusiones. Sobre todo, porque en lo inmediato implicó una mejora “cosmética” de los ingresos fiscales del Tesoro Nacional en el 2016 y permitió cerrar el ejercicio en línea con el objetivo de no superar un déficit primario (ingresos menos gastos, sin contar intereses) de 4,8% del PBI.

Una prueba de ello es que en diciembre la recaudación impositiva total superó los $ 275.500 millones, con un alza del 90% respecto del mismo mes del 2015. Pero si se desagregan los ingresos del blanqueo se reduce a $ 182.300 millones, y en este caso muestra una suba de apenas 27% interanual, muy inferior a la inflación del año pasado. En consecuencia, equivale en términos reales a una baja de -5,1%, según cálculos del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de Capital Federal. Otro tanto ocurre con los ingresos impositivos de todo el año pasado, que alcanzaron a 2,07 billones de pesos (con un aumento nominal de 27,5%), pero sin el blanqueo habrían sido de $ 1,94 billón, lo cual significa un retroceso real de
-4,8%.

En realidad el blanqueo es un ingreso impositivo extraordinario, y por única vez, que ya está gastado de antemano. Según la ley que lo dispuso, debe aplicarse a cubrir el mayor gasto previsional de los próximos años, derivado del pago retroactivo de sentencias pendientes a jubilados y pensionados (al contado o en cuotas, según la edad) o reajustes automáticos de haberes; en ambos casos para quienes ya hayan suscripto o suscriban voluntariamente acuerdos extrajudiciales con la Anses para desistir de futuros juicios. También prevé una pensión universal para los adultos mayores a 65 años que no tengan aportes previsionales ni hayan adherido a las generosas moratorias de la era K.

De hecho, la Jefatura de Gabinete acaba de transferir a la Anses la casi totalidad de los recursos recaudados en el último mes del 2016, a través de dos resoluciones dictadas el 31 de diciembre
($ 62.500 millones) y el lunes 2 de enero ($ 36.600 millones). Según la información oficial, esto permitirá atender este año las mejoras a quienes adhieran a la “reparación histórica” sin recurrir al Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la Anses. Más bien, en principio habrá un importante excedente de fondos que se irá reduciendo con el correr de los meses, ya que hasta el 22 de diciembre habían adherido 294.000 jubilados y pensionados, sobre un universo estimado en 2,4 millones. Por consiguiente, es previsible que parte de esos fondos sean reinvertidos por el FGS que, entre otros destinos, suscribe bonos emitidos por el Tesoro Nacional para financiar el déficit fiscal. Pero esto obligará a extremar recaudos sobre plazos y tasas de interés: en el 2018 la Anses ya no contará con los fondos extraordinarios del blanqueo para cubrir el aumento permanente del gasto previsional.

Por lo pronto, el éxito logrado por el blanqueo se presta a dos interpretaciones, no necesariamente opuestas. Para la Casa Rosada es una muestra de confianza en las reglas económicas que rigen desde hace un año, por lo cual los capitales y propiedades declarados ante la AFIP pasarán a engrosar la base imponible de la economía formal en los próximos años. Para otros analistas, en cambio, es producto del temor de los contribuyentes al cambio del contexto financiero internacional a partir de los acuerdos suscriptos entre un centenar de países para el intercambio automático de información impositiva, a fin de aislar a los paraísos fiscales y reducir el lavado de dinero proveniente de delitos globales como narcotráfico, terrorismo, comercio ilegal de armas o trata de personas. No en vano la campaña de la AFIP para promover el blanqueo se basó en que quienes tienen cuentas en el exterior no declaradas corren el riesgo de que sean cerradas y deban pagar los impuestos que evadieron en los últimos años. En este sentido, uno de los últimos actos de Prat Gay y de la administración Obama fue la firma de un acuerdo bilateral con los EE. UU. en igual sentido, que regirá en el 2018 con los datos de cuentas bancarias del 2017.

Mientras tanto, el flamante ministro de Finanzas Luis Caputo y muchos especialistas descuentan que los dólares declarados ante la AFIP no quedarán inmovilizados. Una parte será destinada a suscribir bonos argentinos a fin de recuperar en el tiempo el impuesto especial ya abonado, ya que están exentos de Ganancias y de gravámenes locales en varias provincias, lo cual significará a corto plazo un alivio financiero para el Tesoro. Claro que esto dependerá de la evolución del déficit fiscal que su colega Nicolás Dujovne promete contener en el 2017 y reducir en los años siguientes, sin lo cual aumentaría no sólo el riesgo financiero argentino, sino el de otra ronda de fuga de capitales del circuito económico formal.

En lo inmediato implicó una mejora “cosmética” de los ingresos fiscales en el 2016 y permitió cerrar el ejercicio en línea con el objetivo de no superar un déficit primario de 4,8% del PBI.
El flamante ministro de Finanzas Luis Caputo, además de muchos especialistas, descuenta que los dólares declarados ante la AFIP no quedarán inmovilizados.

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