Tu cara me suena

13 ene 2018 - 00:00
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Disculpe que no lo reconocí. Es que yo he cambiado mucho”, decía Oscar Wilde a fines del siglo XIX. Hoy un robot no podría hacer la misma broma. Los programas de reconocimiento facial son cada vez más precisos y es muy poco probable que no nos reconozcan. Todavía cometen errores, pero el piso de reconocimiento hoy está en un 70% y tienen picos de efectividad cercanos al 90%. Y están mejorando cada día.

Ahora tu iPhone X se puede desbloquear con la imagen de tu cara. Se hace cada vez más fácil usar los dispositivos de uso cotidiano. Pero todo tiene un precio. Si esos dispositivos pueden leer tu cara y reconocerte con tanta facilidad, también pueden hacerlo organismos estatales y dispositivos de control que ni siquiera sabemos que lo hacen.

No es casualidad que los tres países que están más adelantados con el reconocimiento facial sean China, EE. UU. y Rusia. Y no se trata sólo de los gobiernos. El 60% de los adultos del planeta tiene una cámara de alta calidad en sus celulares. Algunos de ellos (miles hoy, millones mañana) tienen acceso a programas avanzados de reconocimiento facial. ¿Es demasiado paranoico pensar que el acoso extremo será en muy poco tiempo más fácil que nunca?

En China uno ya puede ir a un negocio y “pagar con una sonrisa” con la app Smile to Pay, el sistema de pago online con reconocimiento facial de Alipay. También se puede sacar un crédito en el banco virtual operado por Xiaohua (con el escaneado de tu rostro en la app móvil Xiaohua Qianbao). Todo esto es posible porque esas aplicaciones (y varias otras similares) tienen acceso al mayor banco de rostros del planeta: China ya tiene escaneadas las caras de 1.000.000.000 de sus habitantes.

Hace casi tres años Facebook (que aún no tiene el nivel de precisión de Face++, la empresa china que la derrotó en reconocimiento facial en octubre pasado en la Conferencia Internacional de Visión por Computadora, celebrado en Italia) informó que sus programas de reconocimiento facial tenían una efectividad del 83% y ni siquiera necesitaban ver el rostro completo: con el peinado, el tipo de cuerpo o la postura ya lograban aciertos sorprendentes.

En el filme “Minority Report”, de Spielberg, la Policía tiene un programa de previsión del crimen que “ve” el delito antes de que se cometa. En el filme todo el mundo tiene registrados sus datos (por ejemplo, el escaneo de los ojos). Es casi imposible escapar. Pero el drama estalla cuando se usa el sistema para destruir a uno de los detectives (interpretado por Tom Cruise). Mayor seguridad siempre significa ceder privacidad y libertad. El precio de la efectividad incluye ceder autonomía personal.

No es lo mismo haber cedido nuestras huellas dactilares que dar hoy nuestra cara. Es bastante difícil que alguien consiga fácilmente nuestras huellas, pero no hace falta ser un espía muy sofisticado para tomar una foto sin que el retratado se dé cuenta. Instagram, Facebook y Twitter están llenos de fotos que millones de ciudadanos le toman a otros que no conocen. Cualquiera de esas fotos sirve para que un buen programa de reconocimiento facial pueda dar todos los datos de la persona, desde su documento hasta su domicilio.

En 2016 en Rusia se debatió si era correcto o no el uso de la app FindFace que tiene acceso a 400 millones de rostros. La gente le sacaba una foto al pasajero que tenía enfrente en el transporte público y, con un 70% de efectividad, le decía quién era, donde vivía y varios otros datos sensibles.

Face++ ayuda al gobierno chino a seguir a cada uno de los más de mil millones de adultos que se desplazan por el país. No sólo reconoce rostros, sino patentes, ropa, posturas, etc. Ni en “1984”, la novela de Orwell, había un control semejante. Esto no sólo pasa en países con gobiernos autoritarios: en EE. UU. se está viviendo un proceso parecido. Ya la base de datos del gobierno contiene 125 millones de rostros. Hasta hace poco sólo se podían registrar los datos de personas con antecedentes judiciales. Esos 125 millones de rostros de la base estadounidense no pertenecen a delincuentes: son de los ciudadanos comunes que han cedido, por lo general sin saberlo, sus derechos.

La vida es más fácil que nunca. Cada vez es más difícil cometer un delito y quedar impune. Pero a cambio de eso estamos cediendo no sólo nuestra libertad y privacidad, sino incluso la posibilidad de ser imputados por un error. Y discutirle a un software va a ser muy complicado.

En China uno ya puede ir a un negocio y “pagar con una sonrisa” con la app Smile to Pay, el sistema de pago online con reconocimiento facial de Alipay.
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