Terminaron las PASO y el kirchnerismo sigue vivo

05 sep 2017 - 00:00
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Los datos electorales definitivos dictaminaron que Cristina Fernández de Kirchner salió primera en las PASO para el cargo de Senadora en la Provincia de Buenos Aires por 0,21% de los votos por sobre Esteban Bullrich (un poquito más de veinte mil sufragios). Con este resultado se clausura un proceso de recuento de votos caracterizado por las “avivadas” (según dijo Margarita Stolbizer) en la presentación de la información de la noche del escrutinio provisorio.

No vale la pena sacar conclusiones demasiado sofisticadas sobre los resultados de una elección que es, en definitiva, sólo una serie de internas partidarias jugadas en simultáneo. Las cosas pueden cambiar dramáticamente dentro de dos meses, cuando los votos sí valgan.

Sólo puede decirse que estas PASO afirman tres datos centrales: que Cambiemos es hoy un partido nacional fuerte, que el espacio de “la ancha avenida del medio” se ha ido cerrando, y que, finalmente, el kirchnerismo sigue vivo como identidad política. No es ésta sin duda la única del país, ni siquiera la mayoritaria, pero sin duda existe (algo que parecía dudoso el año pasado luego de conocerse los videos de José López revoleando bolsos). Cualquier análisis que parta de la premisa de la desaparición inmediata del kirchnerismo del sistema partidario nacional es errado. El kirchnerismo, para bien o para mal, sigue vivo.

A esto se le sigue que también sigue viva la figura de Cristina Fernández de Kirchner como una dirigente capaz de convocar a una parte importante de la población: las PASO demostraron que los que se sienten representados son un número importante y cohesionado (según encuestas, más del 90% de los que votaron a la ex mandataria hoy están decididos a hacerlo en octubre. Más cohesionado, por ejemplo, que los votantes de Sergio Massa). No sólo CFK salió primera en la provincia de Buenos Aires, sino que en las provincias varios candidatos y candidatas que o bien se referencian como kirchneristas, o bien, al menos, no cuestionaron públicamente la figura de la ex presidenta tuvieron buenos resultados: María Emilia Soria ganó en Río Negro, el camporista Martín Pérez lo hizo en Tierra del Fuego, y Agustín Rossi fue sin duda la figura de la noche al triunfar inesperadamente en Santa Fe.

Esto tiene consecuencias importantes para el arco opositor, sobre todo el peronista. Quedó en claro que cualquier proyecto opositor de aquí a 2019 que pretenda tener una perspectiva de éxito deberá incluir dentro de sí al kirchnerismo. No sólo deberá lograr el voto mayoría de las personas que en el pasado votaron al peronismo, sino que deberá llegar a algún tipo de acuerdo o compromiso con la experiencia y la visión kirchnerista, ya que ella apela a una cantidad de votantes. En contra de lo que muchos pensaban, el kirchnerismo no se diluirá por sí mismo, al menos, no inmediatamente.

Esto quiere decir que deberá darse en el peronismo algún tipo de recuperación o reflexión explícita sobre la ‘década larga’ del gobierno pasado que vaya más allá de consignas vagas como ‘el crear futuro’ del randazzismo o la superación de ‘la grieta’ propuesta por Massa. La pérdida de votos de Sergio Massa, que pasó de una clara victoria en la elección legislativa del 2013 a salir tercero en ésta (casi perdió en su pago chico de Tigre con Cambiemos) y la cosecha poco impresionante de Florencio Randazzo (sobre todo a nivel de los municipios de sus intendentes aliados, donde sus listas de concejales llegaron a quedar cuartas), dejan en claro que apostar a heredar los votantes de CFK por default no será suficiente. Randazzo, Massa, Juan Manuel Urtubey: cualquiera que apunte a liderar el peronismo en 2019 deberá hacer algo que hasta ahora evitaron: sentarse a negociar con Cristina Fernández de Kirchner.

Sin embargo, el inverso de esta proposición es igualmente verdadero. Así como el peronismo “con buenos modales” deberá aceptar que sin el kirchnerismo no podrá llegar a ser gobierno, es evidente que el kirchnerismo deberá también aceptar que por si sólo no puede transformarse en una alternativa electoralmente exitosa. Cristina Fernández de Kirchner deberá también hacer algo a lo que se ha negado hasta ahora: abrir caminos de negociación con figuras políticas que hasta 2015 fungían como subordinados. Como dicen los estadounidenses: hacen falta dos para bailar el tango. Peronistas no kirchneristas y kirchneristas puros se enfrentan a la evidencia de que, solos, ninguno puede llegar.

Esta negociación de cara al 2019 puede resolverse de dos maneras: mediante el consenso sobre reglas o mediante la aparición de un liderazgo que vuelva innecesarias a las reglas. Esto último parece difícil en esta situación, ya que, por un lado la ex presidenta concita un rechazo de importantes sectores sociales y por el otro ninguna de las figuras alternativas “renovadoras” del peronismo se cortó solo del pelotón expectante hasta ahora. (Urtubey ganó en Salta, pero de manera más estrecha de lo que se pensaba.) ¿Podrá el peronismo consensuar una serie de reglas de competencia formales, como lo hizo con la interna entre Carlos Menem y Antonio Cafiero en los ochenta? ¿Podrán aunque sea consensuar reglas informales que legitimen a los contrincantes? No se sabe, y es claro que los enconos personales son fuertes. Lo que sí es claro que la fragmentación en tres o cuatro del abanico panperonista es una excelente noticia para Cambiemos.

Randazzo, Massa, Juan Manuel Urtubey: cualquiera que apunte a liderar el peronismo en 2019 deberá hacer algo que hasta ahora evitaron: sentarse a negociar con CFK.

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