Un hospital público que hace trasplantes de córneas
El Castro Rendón es el único en la Patagonia. Hay 40 neuquinos en lista de espera. Si hubiera donantes, la demora quedaría en cero. En mayo hubo seis intervenciones exitosas.
NEUQUEN (AN).- La espera promedio para un trasplante de córneas llega en ocasiones a los tres años. Hay varias personas de esta provincia, jóvenes y ancianos, que lograron dar un giro fundamental en sus vidas. Pasaron de fatigar los pasillos de hospitales de todo el país o esperar una llamada telefónica en medio de la noche, a cumplir su sueño: el de tener una visión normal, como todo el mundo.
Desde febrero de 2004, el hospital Eduardo Castro Rendón, es el único establecimiento público de la Patagonia que hace este tipo de operaciones. Hay una clínica que también las realiza, pero es privada y queda en Chubut.
Entre finales de abril y principios de mayo de este año hubo seis nuevos trasplantes. En dos años llegan a la vein
tena. Los donantes y los receptores son neuquinos. Pero este escenario no es suficiente para mitigar un listado de pacientes que están ansiosos y aguardan con esperanza lo que para ellos es la ilusión ver.
«Hay 41 personas en lista de espera. Con los medios que tenemos, los podríamos operar en un mes y medio. El problema es que no hay donantes. Y la cantidad de trasplantes está determinada por la disponibilidad», dice Juan José Aríngoli, el jefe del servicio de Oftalmología del Hospital Neuquén.
La otra cara de la moneda son los ya trasplantados. Para ellos se trata, literalmente, de una ventana al mundo. Se podría decir que el diminuto tamaño de una córnea es inversamente proporcional al del panorama que abre para quienes la reciben.
Una córnea mide unos 12 milímetros de diámetro por 0,5 de espesor. Es una membrana transparente que cumple con la vital misión de ser el cobertor resistente del ojo. Desde el punto de vista funcional, la visión se altera cuando la córnea pierde transparencia, por una lesión o por sus cicatrices. También por enfermedades congénitas. Cualquiera de estas situaciones divide aguas entre quienes ven y quienes no. Las operaciones que se realizan en el Castro Rendón, las menos complejas, llegan a tardar lo que una fila para pagar impuestos. Entre 35 y 45 minutos. Hay pacientes que son operados con anestesia local, esto guarda relación con el grado de ansiedad e inquietud que presenta el transplantado, y en cómo maneja cada uno la situación.
«En total, en una hora y media, luego de que se los controla, se van a su casa y salen caminando del hospital», cuanta Javier Jáuregui, otro de los oftalmólogos encar
gado de las intervenciones.
Un fotógrafo de «Río Negro» presenció una intervención y, posteriormente, periodistas de este diario pudieron acceder al control de uno de los trasplantados. Es decir, a observar por un microscopio el estado de las puntadas sobre una córnea, con sutura de nylon.
Se trata de un hilo de un diámetro menor al de un cabello, transparente, sólo visible con aumento. Puntadas sobre el contorno de una córnea, que dan el dibujo de una estrella. La visión suele optimizarse hasta un año después de la operación.
«Son pacientes superdisciplinados. Cumplen a rajatabla con las indicaciones. Vienen con muchas puertas cerradas en todo el país. Se anotan en cuanta lista de espera exista. Y acumulan años de postergación», cuanta sobre los trasplantados Osvaldo Davil, otro de los doctores que forman parte del equipo, que se completa con Cristian Sánchez, otro de los especialistas que pasó por una serie de ayudantías, prácticas, e intervenciones para obtener el certificado del Incucai que los habilita a operar. «Es muy confortable para nosotros ver los resultados. Cómo se extienden los límites de estas personas luego de las intervenciones. Pero tan importante como esto es tener en cuenta que hay mucha gente en espera, y el rol que cumplen los donantes en todo el proceso», coinciden los médicos.
Fernando Castro
fcastro@rionegro.com.ar
Notas asociadas: La intervención quirúrgica Pacientes agradecidos
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NEUQUEN (AN).- La espera promedio para un trasplante de córneas llega en ocasiones a los tres años. Hay varias personas de esta provincia, jóvenes y ancianos, que lograron dar un giro fundamental en sus vidas. Pasaron de fatigar los pasillos de hospitales de todo el país o esperar una llamada telefónica en medio de la noche, a cumplir su sueño: el de tener una visión normal, como todo el mundo.
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