São Paulo: de cumbias y milanesas

por Héctor Ciapuscio, especial para "Río Negro"

Todos hemos leído notas sobre el éxito profesional que está teniendo el futbolista argentino Carlos Tevez en Brasil. Los diarios han exaltado del campeonato de ese país (que consagró triunfador al Corinthians) la contribución de los botines de este jugador tan especial que importaron los paulistas desde el nuestro. No sólo encabezó la tabla de goleadores, lejos del segundo, sino que también fue elegido (aunque hay que notar que los súper cracks brasileños juegan en el exterior) como el mejor del certamen nacional. Leímos que estuvo con el primer mandatario, quien recibió de él la camiseta número 10 del equipo de sus amores presidenciales. «Lulinha» declaró que las hazañas de «Carlinho» eran un tónico superlativo para la fraternidad de los dos países. Nuestro embajador de Fuerte Apache tuvo necesariamente también amplio comentario sobre sus genialidades en los diarios brasileños. «Folha de São Paulo» registró con ironía otras actividades ceremoniales de Tevez y bajo título de «Tevez troca falda, atrasa e quebra protocolo» describió su concurrencia al festejo de la Confederación del Fútbol Brasileña. Dice que el argentino se ha destacado no sólo como el mejor jugador en el campeonato del 2005 sino que también fue figura en esa fiesta porque llegó tarde para levantar el trofeo a causa de que debió antes cambiarle los pañales a su hijita y porque vestía informalmente remera, bermudas y zapatillas en un acto donde los demás estaban de rigurosos saco, pantalón y corbata. Finalmente, dice el diario, porque ejecutó a pedido del maestro de ceremonias varios pasos de cumbia villera, su ritmo motivador y el típico con que acostumbra festejar sus goles en la cancha ante la delicia de una «torcida» que lo idolatra por verlo así como es, «auténtico» y del mismo palo.

 

El «Cuila»

El éxito especial de este futbolista argentino en el escenario exigente de los pentacampeones del mundo nos trae un eco a la memoria: un cuentito que hizo hace tiempo el periodista Dante Panzeri (murió en 1978 haciendo campaña de oposición al Mundial argentino de la Junta Militar por considerar que sería aprovechado políticamente por los dictadores) y que se refiere a otro futbolista argentino en Brasil y a circunstancias de este allá por los cuarenta parecidas a las de Tevez en el 2005. Panzeri fue un agudísimo observador del fenómeno deportivo y un maestro de la ética en su profesión, un señor que alentaba una filosofía del fútbol que algunos calificaban de romántica y que se peleó con ideas, principios y cultura de frente a todo el mundo: predicaba contra las mafias del sistema internacional, pujaba por el concepto de belleza del deporte, decía que el fútbol es ante todo jugadores que «sepan», depende del talento de los actores y no de la presunción de los ¨técnicos», y temía que el fútbol alegre y bello estuviera condenado a morir por efectos de la tecnología.

Pues bien, aunque no sin antes aclarar que lo referimos de memoria y que nos fue relatado hace mucho tiempo por un amigo de Panzeri también desaparecido, vayamos al cuentito. Antonio Sastre era hacia los '40 un crack indiscutido de nuestro fútbol, un jugador «orquesta» o futbolista «total»que se peinaba con raya al medio y daba cátedra de estilo y talento en cualquier cancha. Fue contratado al culminar su carrera por el club San Pablo de Brasil y se constituyó allá, domingo a domingo con la adoración de los hinchas, en líder y motor del equipo. Su performance en los segundos tiempos en particular era notable, cuando los otros decaían, él se agrandaba. Pero al cabo de unos meses, empezó a declinar; no quitaba, erraba los pases, no embocaba más el arco del rival. Todo el mundo entró a sospechar el ocaso irremediable. Pero el entrenador no estaba del todo seguro y le pidió decirle en confianza a qué atribuía su bajo rendimiento. El «Cuila», que era tímido, no quiso al principio confesarse pero finalmente cedió ante la insistencia del otro. «Es que yo antes me comía un sándwich de milanesa en el vestuario pero como usted un día me lo observó…» El coach, que ni se acordaba, le dijo que si era así no había problema, que lo disculpara y que a partir de ese momento lo autorizaba, si tanto le gustaba y tanta fuerza le daba, a seguir comiendo su sándwich en los entretiempos.

El cambio que trajo la milanesa recuperada fue espectacular. El São Paulo ganó con él como artífice de lujo tres campeonatos y un subcampeonato en las cuatro temporadas que siguieron. Osvaldo Brandâo, un brasileño que fue después entrenador de Independiente, aseguraba que «Antonio Sastre les enseñó a jugar fútbol a los paulistas». Su nombre siguió por largo tiempo despertando allá, adhesiones y reconocimiento. Hasta el propio estadio del club en que jugaba fue bautizado con su nombre. Nacido en 1911, falleció en Buenos Aires en 1987. Aquí recibió el diploma Konex al mérito deportivo en 1980 junto con otros cuatro grandes, Distéfano, Moreno, Pedernera y Maradona.

Cumbias y milanesas, los orígenes humildes y nuestro fútbol.


Todos hemos leído notas sobre el éxito profesional que está teniendo el futbolista argentino Carlos Tevez en Brasil. Los diarios han exaltado del campeonato de ese país (que consagró triunfador al Corinthians) la contribución de los botines de este jugador tan especial que importaron los paulistas desde el nuestro. No sólo encabezó la tabla de goleadores, lejos del segundo, sino que también fue elegido (aunque hay que notar que los súper cracks brasileños juegan en el exterior) como el mejor del certamen nacional. Leímos que estuvo con el primer mandatario, quien recibió de él la camiseta número 10 del equipo de sus amores presidenciales. "Lulinha" declaró que las hazañas de "Carlinho" eran un tónico superlativo para la fraternidad de los dos países. Nuestro embajador de Fuerte Apache tuvo necesariamente también amplio comentario sobre sus genialidades en los diarios brasileños. "Folha de São Paulo" registró con ironía otras actividades ceremoniales de Tevez y bajo título de "Tevez troca falda, atrasa e quebra protocolo" describió su concurrencia al festejo de la Confederación del Fútbol Brasileña. Dice que el argentino se ha destacado no sólo como el mejor jugador en el campeonato del 2005 sino que también fue figura en esa fiesta porque llegó tarde para levantar el trofeo a causa de que debió antes cambiarle los pañales a su hijita y porque vestía informalmente remera, bermudas y zapatillas en un acto donde los demás estaban de rigurosos saco, pantalón y corbata. Finalmente, dice el diario, porque ejecutó a pedido del maestro de ceremonias varios pasos de cumbia villera, su ritmo motivador y el típico con que acostumbra festejar sus goles en la cancha ante la delicia de una "torcida" que lo idolatra por verlo así como es, "auténtico" y del mismo palo.

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