«Tribus» escolares, la respuesta adolescente ala crisis
El disparador del CEM Nº 1
ROCA (AR).- Adolescentes que portan armas en clase. Peleas de chicas a la salida de la escuela. Pandillas de jóvenes que agreden a sus pares.
Son sólo algunos de los perfiles que se expresan en los institutos de nivel medio de la provincia, fenómeno que encuentra su génesis en una problemática que tiene un trasfondo social complejo.
Porque la violencia está instalada en todos los ámbitos de la vida cotidiana de los argentinos. En las escuelas y en los escenarios donde se proyectan los adolescentes. La agresión se puede palpar a la salida de un boliche, en una cancha de fútbol, en una fiesta o en el viaje de egresados.
Ante un presente que para amplias franjas de la sociedad es sinónimo de precariedad material y futuro incierto, los adolescentes procuran reafirmar su identidad.
Entonces establecen -según el sociólogo Mario Margulis- una amplia y «desesperada red de solidaridades».
Y así aparece la «tribu». Ese sitio que consolida relaciones. Y funciona como contenedor de angustias, desencantos, miedos… un punto en el que también se vertebran intereses y se conjugan gustos y afinidades.
La «tribu» funciona como esquema de defensa. Resguardo ante las disparidades y los desfasajes que la realidad les tira en la cara.
Curiosos grafiti
«Al principio no entendíamos de qué se trataba. Todos los días aparecía una inscripción con un nombre extraño y un número en los baños de las escuelas, o pintado en las paredes: «Duros de caer: 20»; «Los del Fondo: 23» – explicaron funcionarios de Educación de la provincia y directivos de establecimientos secundarios de Roca.
«El número lo ponemos a modo de dejar en claro que acá estamos, estos somos. Los esperamos» – sintetizó a este diario en la tarde del viernes, un adolescente con virulento acné distribuido parejamente en la cara.
Dos horas antes, en un bar de avenida Roca, «Río Negro» reunió a media docena de alumnos de distintos institutos secundarios de Roca. Miradas desafiantes, sinceras, cristalinas. Trato de par a par.
«Nosotros no somos el problema…el problema está en todos lados…En esta mesa el que no tiene un viejo sin laburo, tiene dos hermanos sin laburo o una madre a la que le descontaron del sueldo…»¿Qué querés, que salgamos felices del colegio?» – dice uno de los adolescentes.
«¿Nos ven cara de asesinos?… ¡Nosotros nos juntamos, nos rateamos, pero no somos una patota! … ¿Qué se yo dónde están las culpas?» -acota otro.
Esta actitud de los adolescentes es comprensible. Y por fuertes razones si se tiene en cuenta que los padres son explotados en el trabajo, presionados por la falta de posibilidades, de aperturas a futuro.
Entonces, reaccionar de forma violenta con los docentes y la escuela es también reflejo del sentimiento de impotencia al que los padres se enfrentan en la vida de todos los días.
Una docente de nivel secundario consultada por «Río Negro», señaló que «cada vez los padres están más excluidos y no quieren que sus hijos vivan esta inseguridad. Al mismo tiempo, les transmiten esa sensación todos los días».
Por lo tanto, no es difícil percibir que los conflictos entre adolescentes, que se ponen de manifiesto en las instituciones educativas, están generados por los modelos de convivencia.
«El desempleo prolongado genera la imposibilidad de satisfacer las necesidades básicas de los hijos. Esto acrecienta los sentimientos de culpa de los padres, llega a destruir las relaciones afectivas provocando aislamiento y marginación», indicó la educadora.
En esta misma línea, el sociólogo Francisco Delich afirmó en una entrevista que «el desempleo en Argentina es la nueva forma masiva de exclusión.».
«El trabajo remite a la identidad, a la idea de decencia. En estas épocas donde el Estado y la industria dejaron de ser los proveedores de empleo, la sociedad no dejó de abandonar esa ilusión», remarcó el sociólogo.
Sin embargo la ilusión está completa de llagas. Las llagas de las desigualdades sociales y económicas, la falta de oportunidades y expectativas a futuro.
A esto se suma el desfasaje entre las normas de comportamientos sociales adquiridas y la realidad, generando en jóvenes y adultos, mayor inseguridad y frustración. Son los componentes de la bisagra que abre el camino a la violencia.
Enriqueta Tombesi
El disparador del CEM Nº 1
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios