Las chicas argentinas alimentan la ilusión
La selección de hóckey sobre césped logró su segundo triunfo.
SYDNEY, Australia (Especial para «Río Negro», por Alfredo E. Celani).- La esperanza se va nutriendo de a poco. Paso a paso. Las chicas del hóckey sobre césped saben que la meta está lejos. Absolutamente a gran distancia. Pero los dos triunfos al hilo y logrados en forma inobjetable, sirven de mucho para abonar la ilusión.
El primer rival en caer fue Corea, el pasado sábado, en un partido de final dramático (3-2) y el segundo eslabón victorioso fue el lunes por la noche en Sydney, en este caso ante las inquebrantables británicas. El 1 a 0 habla a las claras de la manera en que hubo que arremangarse para salir airosas.
Lo decía muy claramente la defensora Inés Arrondo, luego del extenuante esfuerzo. » Esto fue muy importante. No te imaginás lo que cuesta mantener una ventaja durante casi todo el partido. Pero pusimos todo para que no se diera vuelta el resultado. Hubo que levantar una pared en el fondo y devolver todo».
Es verdad lo que decía la simpática número siete del conjunto albiceleste. Es que les costó bastante, especialmente en la zona defensiva y en el segundo tiempo, cuando por una infracción de Ayelén Stepnik, el equipo se quedó con una menos en juego durante diez minutos. Fueron los tramos más tensos. Ya estaba adelante Argentina, con una muy oportuna definición de Karina Masotta -minuto 14 del primer tiempo-, cuando la capitana resolvió con un toque en la boca misma del arco una de las tantas buenas maniobras que suele urdir Luciana Aymar, una jugadora de toda la cancha, con una habilidad notable para sacarse rivales de encima y con un apellido tan parecido al del «Payasito» riverplatense, que torna imposible sustraerse de la comparación a la hora de ponderar habilidades.
El primer tiempo había sido muy bueno para Argentina. Porque además del gol, tuvo un par de oportunidades -como un toque débil de Masotta que permitió el despeje de una defensora británica cuando el arco estaba sin custodia-, que bien pudieron elevar la cuenta y zafar del posterior sufrimiento. Ese tramo al promediar el complemento, cuando la cuestión fue aguantar y nada más. Cuando Arrondo, Magdalena Aicega sacando todo lo que pasaba por cercanías del arco y el resto ayudando en la barricada. Sólo quedó la posibilidad de un contragolpe que pudiera fabricar Aymar, que de verdad tuvo una linda chance cerca del epílogo pero su tiro final se fue apenas alto.
Ahora se viene lo más bravo. Mañana a las 6.30 (20.30 en Sydney), un cruce complicadísimo con Australia y todo lo que eso significa. Seguramente que el State Hóckey Center no será tan argentino como en los dos partidos pasados, con el blanquiceleste que reinó en casi todos lados. Los australianos hacen sentir la localía y su equipo de hóckey es muy fuerte, nada menos que el defensor del título olímpico.
«Va a ser el partido más duro. No sólo en lo técnico y físico, sino en lo anímico. Vamos a ver que pasa», apuntaba Aymar con la sonrisa dibujada en su boca luego del duro trajín ante las chicas de la corona.
El técnico Vigil quedó conforme
SYDNEY (Especial para «Río Negro», por Alfredo E. Celani).- El sueño de una medalla sigue cimentándose a fuerza de resultados. «Jugamos mucho mejor que contra Corea, cuando ganamos en el debut, y en la primera parte del partido elaboramos un juego de ataque y precisión que me dejó muy conforme con miras al futuro», apuntó el técnico argentino Sergio Vigil a la hora de hacer un balance de la segunda victoria consecutiva.
«Hay que salir a atacar con la convicción que lo hicimos ante Inglaterra en el primer tiempo y con la garra del segundo ante Corea», resumió el entrenador.
Una organización estupenda, que sólo cosecha elogios
SYDNEY, Australia (Especial para «Río Negro», por Alfredo E. Celani) – Es cierto que a los australianos no les faltó nada, o casi nada, para lucirse con esta organización de los Juegos Olímpicos. Si hasta todavía se autoelogian de la fantástica ceremonia inaugural del pasado viernes, con tanto contenido histórico y cultural de este país.
«Llevo ocho Juegos Olímpicos y nunca vi nada parecido», contó el encargado de prensa de la delegación argentina, Eduardo Alperín.
Los estadios son de ensueño. De una concepción y estructura admirables. Cómodos para todos, especialmente para el público, que goza cada día con el privilegio de tener un acontecimiento de semejante envergadura.
La atención es excepcional. Los miles y miles de voluntarios diseminados a lo largo del Parque Olímpico, como en los escenarios que están lejos de éste énclave deportivo, facilitan todo. Hasta cargosamente no dejan que uno se vaya sin haber tomado debida nota de la información que se necesita.
El transporte es un dato puntual. Todos los que de alguna manera están dentro de la denominada «Familia Olímpica» viajan gratis por todo Sydney en micros o trenes. Dirigentes, colaboradores, periodistas o público con ticket adquirido, ascienden a estos transportes estén donde estén y son llevados sin cargo.
Y estamos en australia, nada menos. Donde la prolijidad y el orden parecen formar parte de un código de convivencia cotidiana. Así es la ciudad. Tanto en el centro como en la periferia. Nos consta. Nuestra residencia en Liverpool, a unos cuarenta minutos del centro en tren, es un calco al resto.
Quizá, dentro de las bondades que de por sí tiene este país, se couparon de cubrir algunos detalles de imagen. Es comprensible.
¡Es que no pueden ser tan perfectos!
A lo mejor les cabe un reproche. No tener incorporado en el sistema de comunicación el castellano. Todo es en inglés. Absolutamente así. Y si «no speak inglish», o un poco, estás frito. Con ademanes o monosílabos, nada . Por ahí, algún intérprete, salva la situación.
Pero en el juego en sí, hay maneras de entenderse. Sucedió en el velódromo.Otro gran estadio. Allí, en un palco, estábamos con colegas de Ucrania, Francia, Alemania, Estados Unidos y Australia. Seríamos una docena. Pocos se entendían al momento de hablar.
Pero hubo un lenguaje común. El que transmitieron los pedalistass que animaron esa noche el programa de ciclismo de persecusión, donde se bajaron nada menos que ¡siete records! A la hora de la admiración y el aplauso, el idioma era el mismo. Porque los deportistas transmitieron la emoción.
El estadio está en un lugar fascinante
El Sydney Entertainment Center está en uno de los tantos lugares fascinantes de esto que será una inolvidable sede olímpica.
Esa zona en Hasbour Street parece ser de un país de las maravillas. Está en una bahía donde en las costas abundan los centros comerciales, confiterías, pubs, y allí echan ancla los transbordadores que funcionan como restaurantes y que, por la noche, ofrecen al visitante la posibilidad de llevarse en la retina una postal para toda la vida.
Otra cosa habitual aquí es la cerveza. Parece no existir reglas ni horarios. A toda hora un buen chopp es lo mejor. Los australianos se la toman toda. Y a las seis de la tarde, con treinta grados no hay nada más apetecible que sentarse en un bar, pedir una cerveza y contemplar del paisaje.
En esa zona está el Sydney Entertainment Cen- ter, el lugar elegido por el vóley.
SYDNEY, Australia (Especial para "Río Negro", por Alfredo E. Celani).- La esperanza se va nutriendo de a poco. Paso a paso. Las chicas del hóckey sobre césped saben que la meta está lejos. Absolutamente a gran distancia. Pero los dos triunfos al hilo y logrados en forma inobjetable, sirven de mucho para abonar la ilusión.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios