Reconstruyen la historia de Carmen Funes, “La Pasto Verde”

El rancho será museo en el ingreso a Huincul.Funcionó a comienzos del siglo pasado.

NEUQUEN (AN).- El rancho de piedra y adobe, el horno de barro y los corrales de pircas donde vivió doña Carmen Funes -“La Pasto Verde”- están siendo reconstruidos tal cual lucieron hace más de cien años.

La humilde vivienda será un museo en honor a la fortinera y se está levantando en las puertas de lo que hoy constituye la ciudad de Plaza Huincul.

La obra, que está próxima a ser inaugurada, va mucho más allá de la reconstrucción del rancho: también incluye una investigación histórica y arqueológica.

Y hasta el rastreo de algunos parientes lejanos de “la fortinera” que se transformó en leyenda.

Carmen Funes llegó a Plaza Huincul en 1878 como integrante del Regimiento Tres de Infantería, el famoso “Tres de Fierro”, uno de los puntales de las fuerzas que comandaba el general Julio Argentino Roca durante la Conquista del Desierto.

La mujer, que había nacido en Mendoza, anduvo por otros lares pero se afincó finalmente en Huincul donde murió en abril de 1917, aunque también hay algunos historiadores dicen que falleció en diciembre de 1916.

Sobre lo que sí hay certeza es que en 1918 los expertos de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) confirmaron la presencia de petróleo en el subsuelo. Fue precisamente ese hallazgo el que le cambió la vida a esta parte de la Patagonia.

De hecho, ya veterana, doña Carmen Funes lamentaba que su aguada -de la que no queda ni siquiera una gota- oliera “a querosén”.

El petróleo terminó con la vertiente que alimentaba uno de los pocos espacios realmente verdes que había en el desierto.

Paradójicamente “el querosén” terminó transformándose en el motor que aún hoy mueve la economía provincial.

A la mujer no le gustaba mucho “eso de que la gente curiosee lo que guarda Dios dentro de la tierra” .

El proyecto de recuperación histórica y construcción de una réplica del rancho de “La Pasto Verde” lo realizó la municipalidad de Plaza Huincul y contó con el apoyo de los investigadores de la dirección de Cultura de la provincia.

Entre otros, trabajaron en la iniciativa la historiadora Mirtha Solari y la arqueóloga Claudia Della Negra.

Las fotos ayudaron

La reconstrucción del rancho se hizo en base a fotografías que en 1920 tomó un aficionado de apellido Guevara. Se trata de dos valiosos documentos que retratan el horno de barro junto a un corral de piedras y otro del frente del rancho.

En la última fotografía, Carmen Funes está en la puerta del rancho y a la derecha del edificio está Segundo Pantaleón Campos, el esposo de “la Pasto Verde”.

La idea es que dentro del edificio se exhiban algunas de las pertenencias de la fortinera. Entre ellas hay una máquina que se usaba para cargar cartuchos en los fusiles de los soldados y otra con la que marcaba las orejas de las chivas.

Estos elementos, desde hace varias décadas, se guardan en el museo provincial de Plaza Huincul Huincul que lleva el nombre de Carmen Funes.

La arqueóloga Della Negra excavó debajo de los lugares donde estaban los corrales y el rancho donde vivió la mujer que muy joven se alistó en el Ejército de Roca.

Bajo tierra encontró distintos elementos que comprueban que una vez instalada en Plaza Huincul, Carmen Funes comerciaba con los indios y con los militares, además de hacerlo con los viajeros que pasaban por la aguada y hacían posta en su rancho para tener una pausa entre largas distancias.

La ubicación que eligió la mujer no fue casual. La aguada era buena y aunque había otras mejores, el puesto estaba justo en el punto medio entre Neuquén y Zapala.

De uno u otro lado, el recorrido exacto que demanda una jornada a caballo.

Fortineras, mujeres en la historia

Desde los primeros tiempos, desde los fortines pampeanos, la mujer fue el báculo de ébano, con perfume de rosa, que tuvieron sus heroicos defensores. Ellas fueron un poco de María Magdalena, las que curaron las heridas sangrantes de las luchas sin cuartel; las que pusieron la nota de alegría y amor al final de la dura jornada, las que corrieron el manto negro de la pesadilla que significaban el indio y el desierto. Fantasmas de las primeras noches, presencia de muchos días. Nunca abandonaron al caído, fueron como la sangre que llega a una herida sin que nadie la llame.

Eran de todas las razas y de todas las estirpes. Mujeres de aventura, sin dudas, pero hembras de sufrimiento, de cariño y salvaje hacia su hombre, encarnado en la solidaridad del destino común. Bravas, capaces de tomar el Rémington y sacar el facón para atajar al indio o defender a su acollarado, El fortín las acrisoló, les dio identidad, las identificó con el arrojo y el heroísmo.

Así nació la fortinera. La que casi nunca tuvo nombre, pero sí apodo, colocado por el gracejo espontáneo del milico. Así pasaron a formar parte de nuestra historia la “Mamá NegraÝ”, “Mamá Carmen”, “Negra Juana”, “La Trenzadora”, “Siete Ojos”, “Mamboretá”, la “Luz Linda”. De nuestro Neuquén, encontramos dos renombradas; “La Mazamorra” y “La Pasto Verde”.

Pedro Marcozzi (publicado en Revista

“Río Negro”, 18 de agosto de 1985).

Punto obligado de alojamiento

Durante una punta de años, en uno u otro momento los viajeros del territorio nacional del Neuquén pasaron por la posta de la Pasto Verde. La mujer comerciaba con todos los que llegaban a su rancho. Su negocio funcionó a pleno hasta que en 1914 el tren cambió los hábitos y obligó a Carmen Funes a buscar otro rubro. Entonces se dedicó a criar chivas y vacas.

Un texto de Félix San Martín (vecino notable de estas tierras), habitué de la parada, recuerda al rancho y la mujer:

“Conservamos la visión exacta del yermo que era Plaza Huincul cuando viajábamos a caballo entre Neuquén -a la sazón punta de rieles F. C. Sud_la Cordillera-,lugar de nuestra residencia. Mísera aguada salobre en el centro de la travesía entre Arroyitos y Santo Domingo, era el punto obligado de alojamiento de todos los que atravesábamos es huella. Corría el año 1907. A la vera de esa vertiente que manaba en el fondo del barranco, había levantado su vivienda doña Carmen Funes, más conocida por “La Pasto Verde”. Era suya la única población entre las veintitantas leguas de travesía y el viajero no se alojaba allí, por lo menos bajaba a la aguada para abrevar a la tropilla. Luego de la plática obligada con doña Carmen y de algunos amargos que la obsequiedad criolla nos dispensara, se abría en campo afuera para la caballada a la que era necesario rondar so pena de quedarse a pie”.


NEUQUEN (AN).- El rancho de piedra y adobe, el horno de barro y los corrales de pircas donde vivió doña Carmen Funes -“La Pasto Verde”- están siendo reconstruidos tal cual lucieron hace más de cien años.

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