«La fila de medianoche», el regreso de Jack Reacher, el héroe errante de Lee Child
El hallazgo de un anillo militar desencadena una investigación que atraviesa mercados informales y heridas personales, mientras Lee Child reafirma el magnetismo de Jack Reacher, su héroe nacido tras un despido y convertido en figura de películas y series
En “La fila de medianoche”, vigésimo segunda entrega de la saga Jack Reacher, publicada en la Argentina por la editorial Blatt & Ríos, Lee Child vuelve a demostrar por qué es tan magnético ese héroe errante: un ex policía militar, mitad cowboy, mitad detective, 1,95 de altura, brazos marcados y 115 kilos de masa en movimiento, un hombre de poquísimas palabras, que va por la vida sin equipaje, sin hogar, sin tarjeta de crédito, sin celular, sin auto, y que no necesita más que un detalle mínimo -un objeto fuera de lugar, una pregunta sin respuesta- para poner en marcha una maquinaria que combina precisión, deriva existencial y una ética tan personal como innegociable.
Esta vez, Reacher atraviesa Wisconsin tras ser abandonado por una amante, un punto de partida íntimo que Child utiliza como telón de fondo: el desamparo emocional como combustible para un hombre que, incluso cuando no lo admite, está buscando algo. Siempre.

El disparador es un anillo de graduación de West Point exhibido en la vidriera de una casa de empeños perdida en el mapa. El objeto, demasiado valioso para haber sido entregado sin resistencia, abre una cadena de preguntas que Reacher sigue con su mezcla habitual de lógica militar, intuición callejera y una cortesía parca que nunca excluye la violencia.
Child convierte ese detenerse ante un detalle que otros pasarían por alto, en el corazón de la novela.
A medida que avanza, la trama se adentra en un submundo de mercados informales, redes de explotación y economías paralelas donde la ley es apenas un rumor.
¿Cuándo se jodió la Argentina?
Child maneja ese territorio con una precisión casi documental. Y nunca sacrifica el ritmo: cada escena empuja hacia la siguiente, como si la novela imitara el andar imparable de su protagonista. Reacher pregunta, observa, calcula, y cuando no obtiene respuestas, actúa. Su política es simple: quien se interpone en su camino “se autoinflinge” las consecuencias. Un tipo duro, pero un tipo duro con corazón.
Lo interesante es cómo Child equilibra esa deriva oscura con una línea afectiva que crece en silencio. La historia de la mujer detrás del anillo -y la mujer que aparece en el camino- permite ver a un Reacher más vulnerable, aunque nunca desarmado. Child juega todo el tiempo con esa tensión: el hombre que “cree en la sorpresa y la conmoción” también es capaz de detenerse, escuchar y, cuando corresponde, proteger. La novela se pregunta, sin subrayarlo, qué hace un hombre para olvidar a una mujer, y qué encuentra cuando deja de intentarlo.
El despido
Si las historias de Reacher se vuelven adictivas, la de su autor es casi igual de sorprendente. Al menos formaría de una de esas crónicas sobre la decisión que cambió le cambió la vida. En este caso, es así: en 1995, Lee Child -que en verdad se llama James Dover Grant- fue despedido de su trabajo en televisión después de casi dos décadas.

Tenía 40 años, una familia que mantener y ningún plan B. Pero ese golpe -que él mismo describió como una mezcla de furia, miedo y liberación- lo llevó a sentarse a escribir “Zona peligrosa”, la primera novela de la saga. Lo que nació como un acto de supervivencia se convirtió en una de las series más exitosas del thriller contemporáneo, con 29 libros publicados hasta hoy (no todos se consiguen en el país).
El magnetismo del personaje trascendió al papel. En 2012, Tom Cruise interpretó a Reacher en la primera adaptación cinematográfica, dirigida por Christopher McQuarrie. Aunque la elección del actor generó controversia entre lectores -por la notable diferencia física con el personaje literario de 1,95 de altura-, la película fue un éxito de taquilla y tuvo una secuela en 2016.
Más tarde, la figura de Reacher encontró su versión más fiel, físicamente hablando, en la serie de Prime Video, protagonizada por Alan Ritchson, cuyo físico y presencia se acercan más al imaginario construido por Child.
Pero es bueno saberlo: no es la acción -o mejor dicho, no es sólo la acción- lo que vuelve adictivas estas historias. Es el propio Reacher, con esa actitud de quien no necesita nada, lo que lo convierte en un héroe inolvidable.
En “La fila de medianoche”, vigésimo segunda entrega de la saga Jack Reacher, publicada en la Argentina por la editorial Blatt & Ríos, Lee Child vuelve a demostrar por qué es tan magnético ese héroe errante: un ex policía militar, mitad cowboy, mitad detective, 1,95 de altura, brazos marcados y 115 kilos de masa en movimiento, un hombre de poquísimas palabras, que va por la vida sin equipaje, sin hogar, sin tarjeta de crédito, sin celular, sin auto, y que no necesita más que un detalle mínimo -un objeto fuera de lugar, una pregunta sin respuesta- para poner en marcha una maquinaria que combina precisión, deriva existencial y una ética tan personal como innegociable.
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