De «mamá, ama de casa y ayudante» a presidenta de Bombas Pivas, la PyME que fabrica bombas de agua para todo el país
Tras la temprana muerte de su esposo, Miguel Pivas hijo, Carolina Sosa se hizo cargo del destino de la empresa y del de sus empleados. Se vio en la obligación de aprender y de tomar decisiones, pero apoyada en la gran nobleza de ese producto ideado por su suegro. La sociedad, radicada en Entre Ríos, se completa con sus hijas Daiana y Micaela.
En la vida, suelen presentarse circunstancias que obligan a dar un golpe de timón. Tal fue el caso de Carolina Sosa, una entrerriana a la que no le tembló el pulso cuando debió ponerse al hombro la misma empresa donde se inició atendiendo el teléfono.
Miguel Pivas hijo murió a los 40 años: Carolina Sosa perdió prematuramente a su esposo, y Bombas Pivas a su líder. Fue un punto de inflexión. Miguel Pivas padre inventó en 1967, y Carolina se reinventó en 2007. Así se hizo el camino de esta exitosa PyME de Gualeguaychú.
Entrevista con Carolina Sosa, presidenta de Bombas Pivas
PREGUNTA: ¿Cuándo y cómo surge Bombas Pivas?
RESPUESTA: Todo surge en Gualeguaychú, Entre Ríos. Pivas, que es la marca de la bomba, también es el apellido de la familia paterna de mis hijas. En 1953, Miguel Pivas padre abrió un taller metalúrgico. En ese entonces, el trabajo de campo con herramientas físicas estaba en auge. No había tecnología y se abrían muchos talleres de arreglo de máquinas para el agro. Él fue uno de esos inventores y le gustaba trabajar con sus ideas. Cuando empezó a mermar esa demanda y aumentó la cantidad de talleres, inventó y patentó un equipo de bombeo en 1967. Hablo de esta bomba que hasta hoy trabajamos y que da empleo a 13 personas en Gualeguaychú. En ese momento era muy robusta y, con el tiempo, se fue modernizando y haciendo más práctica.

P: ¿Por qué una bomba, en una zona donde predomina la producción en secano?
R: Miguel Pivas padre trabajaba para mucha gente de campo, en su mayoría del sector arrocero. Era un visionario y buscó una solución para ellos. La patente se basa en sacar mucho caudal con poca potencia y en que la bomba pueda trasladarse de un lugar a otro, utilizándose en distintos puntos de un mismo campo o en varios. Mi esposo, Miguel Pivas (hijo), me contaba que su padre enganchaba una bomba al vehículo, viajaba cientos de kilómetros y no volvía hasta venderla. De Gualeguaychú se iba, por ejemplo, a Formosa: son 1.000 kilómetros. Como había inventado y patentado el equipo, le hicieron notas radiales y en diarios; incluso vinieron bombas de otros lugares para hacer competencias. Fue un momento histórico para la ciudad, que era pequeña.
P: 1.000 kilómetros para vender una bomba…
R: Y con eso le alcanzaba para vivir seis meses. Hoy tenemos que vender al menos tres bombas mensuales para cubrir los costos y mantener la estructura.
«He pasado la vida trabajando y siendo feliz con el producto, y seguiré agradecida y yendo para adelante.»
Carolina Pivas, presidenta de Bombas Pivas.
P: Estimo que pasan esas tres unidades mensuales, ¿no?
R: Claro. Y el uso del equipo fue mutando. Antes era exclusivamente para riego en arroceras. Hoy trabajamos para desagotar piletones estercoleros, atender inundaciones o regar fruta, entre otros usos. Sirve tanto para entrada como para salida de agua, en poco o gran volumen. Nuestro volumen de ventas depende del clima. No queremos que la gente se inunde o que le falte agua, pero si sucede, salimos a dar una mano. Hoy no es como antes: en un día pueden caer precipitaciones que superan lo que llovía en seis meses.
P: ¿Cuándo te sumaste a la empresa?
R: Me casé con Miguel Pivas hijo en 1989. Tengo 55 años; me casé muy joven y empecé atendiendo el teléfono. El taller de mi suegro era pequeño y contiguo a la casa familiar: se cruzaba por un pasillo, se iba al taller y se volvía. Desde entonces empecé a aprender sobre la parte administrativa. Tanto mi suegro como mi esposo murieron jóvenes. Mi esposo falleció a los 40 años, en 2007. Desde ese momento viajé durante un tiempo a cada instalación para conocer en profundidad la bomba: cómo funcionaba, cómo era la toma del tractor, por qué podía operar tanto con motor trifásico como con barra cardánica. Yo sabía venderla, pero no entendía su funcionamiento técnico. Entre 2007 y 2009 me preparé mucho. No tengo estudios de ingeniería, pero puedo hablar con tranquilidad del producto y asesorar. A todos mis clientes me gusta atenderlos personalmente: sé el nombre de cada uno y qué hemos hablado. Nadie es “un cliente más”. Somos una PyME y me enorgullece que, después de 60 años, sigamos trabajando con nuestra bomba. Hoy soy la presidenta de la sociedad, integrada por mis hijas mayores y por mí.

P: ¿Cómo es tu historia antes de sumarte a Bombas Pivas?
R: Es una pregunta movilizadora. Gualeguaychú es una ciudad chica; Miguel era amigo de mi hermano mayor. Íbamos a bailar a un boliche y me enamoré del amigo de mi hermano. Así nos conocimos. Yo estudiaba diseño gráfico en Buenos Aires y, en uno de mis viajes de regreso, decidí quedarme y no continuar los estudios. Nos casamos; a los 19 años nació mi primera hija, Daiana, y tres años después Micaela. El día después de nuestro casamiento ya fue día de trabajo. Nos casamos con muchísima lluvia y la boda fue dentro del taller. Siempre acompañé el trabajo de Miguel: era mamá, ama de casa y ayudante. Él, con 21 años, intentaba seguir los pasos de su padre. Ambos eran muy inteligentes. Mi esposo ni siquiera terminó el secundario, pero podría haber sido ingeniero. También inventó un dispositivo retráctil para pescar, que se patentó y se vendía en una revista de camping; ganó un premio y viajó a Estados Unidos. Es una familia de inventores y, lamentablemente, tanto él como su padre fallecieron jóvenes. He pasado la vida trabajando y siendo feliz con el producto, y seguiré agradecida y yendo para adelante.
P: ¿Cómo era la empresa en 2007, cuando quedaste a cargo?
R: Desde entonces creció mucho. Yo sabía que contaba con un producto excelente y no tenía que modificarlo. Me ocupé de promocionarlo e invertir en publicidad gráfica, radial, cartelería y web. Era lo que necesitaba. También ayudó aprender más sobre el producto, estar cerca de los clientes y brindar buen servicio en la venta e instalación, potenciando el boca en boca. Le vendemos tanto a productores de tres hectáreas como a grandes empresas, y todos reciben la misma capacitación, instalación y atención. Para subsistir y crecer en un mercado competitivo, el servicio fue clave. También mantener la calidad. Ofrecemos financiaciones largas, stock permanente y cinco años de garantía. Vendemos pocos repuestos: eso demuestra la calidad del producto, su terminación y el postventa. Siempre buscamos mejorar la materia prima para que el equipo sea aún mejor que hace décadas.

P: ¿Algún hito desde 2007 a la actualidad?
R: Hemos atravesado épocas económicas muy difíciles y siempre seguí adelante. Cada momento superado fue un escalón más como persona. Decir “puedo hacerlo, puedo salir adelante” es fundamental. Estoy agradecida a los medios. Hay publicidades que hago desde hace más de 15 años porque me han generado muchas ventas. Cuento con un buen producto y puedo dar garantía, así que no puedo dejar la publicidad.
P: ¿Qué presencia tienen hoy a nivel país?
R: Hemos vendido en todas las provincias argentinas, incluso en Tierra del Fuego. También trabajamos con Uruguay y Paraguay. Nos gustaría exportar con mayor frecuencia, pero la economía obliga a esperar. Mientras tanto, buscamos nuevos caminos. Antes se esperaba que sonara el teléfono fijo; hoy rastreamos, llamamos y escribimos, orientándonos hacia zonas con inundación o sequía. Desde 2007 intensificamos esa búsqueda activa.

P: ¿Cómo evolucionó el producto desde la versión original?
R: Mi suegro inventó la bomba de 3.000 metros cúbicos por hora. Mi esposo luego la fabricó en distintas escalas, más chica y más grande, según la necesidad del cliente. Quienes tienen pocas hectáreas o necesitan acumular agua en un reservorio pueden optar por una bomba más pequeña, sumergible y liviana. En cambio, ante emergencias por inundaciones, se requiere gran caudal en poco tiempo. La Bomba Pivas no necesita purgarse, funciona con agua limpia o pesada y el único mantenimiento es grasa. Un cliente puede adaptarla a un tractor pequeño y luego usarla con mayor potencia. Tiene bujes navales de acero inoxidable lubricados por la misma agua que bombea, por lo que no requiere lubricación adicional. Aunque es una máquina básica, es versátil, práctica y fácil de mantener. Si un productor tiene una chacra en el Alto Valle y otra en el Valle Medio, puede usar la bomba en una y trasladarla a 80 km/h para trabajar en la otra.
P: ¿Sigue siendo el sector arrocero su principal cliente?
R: No. Seguimos vendiendo a arroceras, pero hoy nuestras principales provincias son Río Negro, Santa Fe, Formosa, Chaco, Corrientes, Salta, Jujuy y Buenos Aires. En varios puntos de Río Negro hay energía trifásica en la costa del río, lo que permite usar la bomba de dos maneras. Muchas salen de acá con motores de 20 a 100 HP. Si falta energía, se quita la correa, se coloca la barra cardánica y en 15 minutos pasa de trifásica a tractor. Se utiliza para papa, cebolla o fruta a lo largo del río Negro. También hemos hablado con gente de la Patagonia por los incendios, donde el gran caudal podría ser de ayuda. Lo mismo en barrios privados con lagunas artificiales que desbordan ante lluvias intensas: necesitan drenar en pocos minutos para evitar inundaciones.
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