Carmensa, el pueblo que tiene una historia de ilusiones rotas
De los 10.000 habitantes que tuvo hace medio siglo, hoy quedan 400. La actividad fabril casi desapareció y la mayoría tuvo que irse, buscando otro futuro.
Carmensa bien puede ser una metáfora de la Argentina. Cuando este país era una fiesta este lugar era una síntesis progresista de criollos e inmigrantes. Medio siglo después lo que fue un pueblo cercano a los 10.000 habitantes y una actividad fabril que por momentos del año demandaba mano de obra de otras provincias, es hoy un sitio en el que viven alrededor de 400 personas.
Está ubicado a unos 20 km. al sur de General Alvear en Mendoza, sobre la ruta 143, y a unos 500 kilómetros de Neuquén . Según algunos, el nombre Carmensa proviene de Carmen, una de las hijas de Pedro Christophensen, verdadero hacedor del desarrollo de toda esa zona del sur mendocino.
Dos grandes colonias de inmigrantes se ubicaron en las cercanías del pueblo, hacia el sur la colonia italiana, hacia el este la colonia rusa, aunque en su mayoría estaba compuesta por polacos y ucranianos y casi ningún ruso.
Estas colonias tenían en común cierta igualdad en la distribución de la tierra para cada agricultor.Toda esa zona se la conoce con el nombre de San Pedro del Atuel.
La superficie cultivable es de 30.000 hectáreas, de las cuales hoy están explotadas alrededor de 3.500, y actualmente la mayoría de los propietarios se inclina por pasturas y la cría de ganado.
Félix Horro, verdadero recopilador de la historia carmensina, exhibe un recorte de los años 60 del «Corriere della Sera» en el que se sostiene «(…) en un pueblo muy pequeño de la República Argentina, llamado San Pedro del Atuel (Carmensa es la estación ferroviaria) existe una de las mejores tierras del mundo para la plantación de hortalizas y frutales, en especial el tomate».
Lo que quedó atrás
Las décadas del 40 y del 50, fueron épocas de esplendor, así lo rememora don Joaquín Molina, quien fue jefe de sección de La Campagnola, «llegamos a procesar por temporada 18 millones de kilos de tomate, 350 latas por minuto, sin contar las frutas y hortalizas que también se elaboraban aquí. Había en esta fábrica 1000 empleados trabajando en tres turnos sin parar».
De ese esplendor quedan mudos, vacíos, como viejos dinosaurios inmóviles, los galpones de las dos fábricas ya carcomidos por el tiempo. De las cuatro bodegas que hubo en la zona, sólo una funciona a medias.
«¿Viste los baldíos que hay entre las pocas casas del centro?, bueno, cuando vivíamos aquí todos esos terrenos eran viviendas y se ve que las casas se fueron cayendo, y quedaron esos huecos…eso me ha impresionado», cuenta Carlos que llegó desde Salto con su familia después de décadas de ausencia.
Algunas altas y señoriales casonas y unos árboles casi centenarios son testigo de que «hubo un tiempo que fue hermoso».
Desde mediados de la década del 60 comenzó una larga emigración que aún continúa. Los destinos fueron disímiles, la mayoría eligió Río Negro y Neuquén; el resto se dispersó por el país.
La decadencia fue gradual, las crisis económicas por las que atravesó el país, la falta de políticas claras para el sector productivo, la carencia de precios rentables y las constantes tormentas con granizo,(famosas en esta zona por la dimensión que alcanzan algunas piedras que en algunos casos llegan a pesar 200 grs.), dejaron diezmada la economía de la zona.
La fiesta
«Una noche, recordando a tantos amigos de los que no sabíamos nada, se nos ocurrió hacer una fiesta que convocara a todos los carmensinos que andaban dispersos por el país; reencontrarnos y hacerle una gambeta al tiempo. Así se fue armando la fiesta, después se entusiasmaron otros, y al final nos metimos en este proyecto que por suerte salió bien», quien habla entre los acordes del bandoneón de una orqueta típica, es Edison Sáez, uno de los responsables de este evento que convocó a cerca de 1700 personas, casi cuatro veces más que los habitantes actuales de Carmensa.
Horas antes de la fiesta el pueblo está transformado, hay gente que camina por sus diagonales arboladas, muchos toman fotografías; algunos se reconocen entre ellos, hay abrazos, hay emoción. Desde alguna ventana alguien observa un espectáculo inusual de gente y autos extraños.
De Río Negro y Neuquén llegó el grueso de los carmensinos.
Hubo gente de Cinco Saltos, de Viedma, de General Roca, de Catriel, de Cutral Co, de 25 de Mayo(La Pampa), de la capital neuquina. La fiesta y los recuerdos se mezclaron entre el baile, números artísticos y regalos.
Más de 1000 kg de carne a la maza y 3000 empanadas; acompañado por buenos vinos predispusieron a los nostálgicos a una noche inolvidable.
Mientras la gente bailaba, Andrés Miscovich confesó: «llevo 75 años en Carmensa, vine a los tres de Polonia, trabajé toda la vida la tierra, pero parece que me equivoqué de trabajo o de país».
La presencia de italianos y eslavos en esta zona ha sido muy importante.
Un personaje de novela fue Alexis Vladimir Abutcov, amigo de Tolstoi, primer violín de la orqueta imperial de Moscú, llegó a Carmensa y trabajó la tierra como uno más. Los sonidos de su violín en las noches o tardes de verano del pueblo forman parte ya de la leyenda.
Néstor Kaczek
La nostalgia de otros tiempos
«Hace 30 años que no volvía, siempre organizaba el viaje pero por una cosa o por otra no podía; ¿sabe lo que más he extrañado en este tiempo? El aroma, los olores de este campo en el que me crié no se parecen a nada a Puerto Deseado donde vivo. Allí el aire y el clima es otro…y por supuesto la faltan tantos amigos…parece mentira que hayan pasado 30 años», reflexiona Oscar en medio de los abrazos.
Mientras el sol del mediodía da de lleno sobre la estación de trenes, Angel se pasea por el andén; recorre con la mirada los galpones de carga, la estación y trata de adivinar las vías entre las malezas. «Aquí los domingos a la tarde era un mundo de gente, el tren salía para Buenos Aires; de allá los trenes cargueros con animales o cargaban lo de las fábricas», rememora Angel, cuyo bastón y la cadena del reloj que sobresale en su pantalón le dan un aire de otro tiempo.
«En esta fábrica llegamos a tener depositado dinero para comprar 14 camiones 0 km.; pero la poca visión para los negocios hizo que no la invirtiéramos; con los años ese dinero gracias a los gobiernos fue papel y quedamos en la calle, por eso me fui hace 32 años», cuenta Raúl que llegó desde Choele Choel a reencontrarse con el pasado.(N. K.)
Carmensa bien puede ser una metáfora de la Argentina. Cuando este país era una fiesta este lugar era una síntesis progresista de criollos e inmigrantes. Medio siglo después lo que fue un pueblo cercano a los 10.000 habitantes y una actividad fabril que por momentos del año demandaba mano de obra de otras provincias, es hoy un sitio en el que viven alrededor de 400 personas.
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