La enfermedad de Chávez

Redacción

Por Redacción

Algunos movimientos personalistas, como el peronismo, han podido sobrevivir a la muerte de su fundador, pero es poco probable que el chavismo logre hacerlo. Aun cuando Hugo Chávez se recupere plenamente de la operación que acaba de realizarse en Cuba, donde le fue extirpado un tumor con células cancerígenas, el que durante su prolongada ausencia los venezolanos se hayan dado cuenta de que el movimiento “bolivariano” depende casi por completo del hasta hace poco ubicuo caudillo no puede sino tener consecuencias políticas. Muy pronto se hizo evidente que ningún otro dirigente bolivariano sería capaz de tomar su lugar ya que, como suele suceder cuando un país se ve dominado por un líder carismático, Chávez se ha rodeado de mediocridades obedientes que fueron elegidas en buena medida porque carecen de las cualidades que les permitirían erigirse en rivales. Por lo demás, Chávez, como otros mandatarios personalistas de la región, ha debilitado las instituciones políticas venezolanas para poder gobernar sin tener que preocuparse por las engorrosas reglas que son características de la despreciada democracia “burguesa”. Es lógico, pues, que no sólo los seguidores de Chávez sino también sus adversarios teman por el futuro; mientras que los primeros querrán aferrarse a sus muchas “conquistas”, éstos tratarán de construir estructuras partidarias que, esperarán, sean más fuertes que las que, desacreditadas por la conducta irresponsable y corrupta de la clase política, fueron barridas con tanta facilidad por el bolivariano a fines de los años noventa. De todo modos, la mayoría supone que a Venezuela le aguarda un período de luchas confusas equiparables a las que se dieron aquí después de la llamada Revolución Libertadora, luchas en que las fuerzas armadas podrían desempeñar un papel decisivo. Igualmente preocupados por la evolución de la salud de Chávez han de estar los hermanos Castro y otros dirigentes cubanos. Por “solidaridad revolucionaria”, Chávez da a Cuba 100.000 barriles diarios de petróleo que sirven para mantener a flote una economía que siempre ha necesitado ser subsidiada por amigos fraternales del exterior y que experimentó años de penurias luego de hundirse la igualmente solidaria Unión Soviética. Por cierto, nadie ignora que sin la ayuda proporcionada por Chávez, a cambio de contingentes de médicos y asesores políticos o militares, el estado de la maltrecha economía cubana sería aún más precario de lo que ya es y por lo tanto las reformas necesarias para mejorar su desempeño tendrían que ser más drásticas que las supuestas por el ajuste draconiano que, para desazón de sus camaradas más dogmáticos, ha ordenado el presidente Raúl Castro. En otras palabras, a menos que Chávez regrese a Venezuela y siga en el poder por algunos años más, tanto su propio país como el de sus aliados principales, Fidel y Raúl Castro, se enfrentarían enseguida con problemas sumamente graves. También se vería afectado el régimen teocrático iraní que ha encontrado en Chávez un socio sudamericano dispuesto a ayudarlo, con el entusiasmo que lo caracteriza, en su guerra santa contra “el gran satanás” norteamericano. No hay ninguna garantía de que un eventual sucesor “bolivariano” de Chávez quisiera continuar colaborando con una dictadura tan inenarrablemente reaccionaria –y tan antisocialista– como la de los islamistas iraníes. Ya antes de caer enfermo Chávez, el movimiento que se aglutinó en torno a su figura perdía terreno en América Latina, lo que es natural puesto que, bajo su gobierno, Venezuela se ha sumido en una crisis económica penosa a pesar de contar con los miles de millones de dólares proporcionados por sus exportaciones petroleras. Después de todo, si la “revolución bolivariana” o, si se prefiere, “el socialismo del siglo XXI” no sirve en un país con los abundantes recursos materiales de Venezuela, la posibilidad de que funcione adecuadamente en otros menos favorecidos por la naturaleza es nula. No sorprende pues que en casi todos los países de la región, incluyendo a la Argentina, Chávez esté entre los líderes extranjeros menos populares, cuya influencia limitada se debe menos a su militancia bolivariana que a su voluntad de repartir dinero entre políticos que supuestamente comparten su ideario.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 860.988 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Domingo 3 de julio de 2011


Algunos movimientos personalistas, como el peronismo, han podido sobrevivir a la muerte de su fundador, pero es poco probable que el chavismo logre hacerlo. Aun cuando Hugo Chávez se recupere plenamente de la operación que acaba de realizarse en Cuba, donde le fue extirpado un tumor con células cancerígenas, el que durante su prolongada ausencia los venezolanos se hayan dado cuenta de que el movimiento “bolivariano” depende casi por completo del hasta hace poco ubicuo caudillo no puede sino tener consecuencias políticas. Muy pronto se hizo evidente que ningún otro dirigente bolivariano sería capaz de tomar su lugar ya que, como suele suceder cuando un país se ve dominado por un líder carismático, Chávez se ha rodeado de mediocridades obedientes que fueron elegidas en buena medida porque carecen de las cualidades que les permitirían erigirse en rivales. Por lo demás, Chávez, como otros mandatarios personalistas de la región, ha debilitado las instituciones políticas venezolanas para poder gobernar sin tener que preocuparse por las engorrosas reglas que son características de la despreciada democracia “burguesa”. Es lógico, pues, que no sólo los seguidores de Chávez sino también sus adversarios teman por el futuro; mientras que los primeros querrán aferrarse a sus muchas “conquistas”, éstos tratarán de construir estructuras partidarias que, esperarán, sean más fuertes que las que, desacreditadas por la conducta irresponsable y corrupta de la clase política, fueron barridas con tanta facilidad por el bolivariano a fines de los años noventa. De todo modos, la mayoría supone que a Venezuela le aguarda un período de luchas confusas equiparables a las que se dieron aquí después de la llamada Revolución Libertadora, luchas en que las fuerzas armadas podrían desempeñar un papel decisivo. Igualmente preocupados por la evolución de la salud de Chávez han de estar los hermanos Castro y otros dirigentes cubanos. Por “solidaridad revolucionaria”, Chávez da a Cuba 100.000 barriles diarios de petróleo que sirven para mantener a flote una economía que siempre ha necesitado ser subsidiada por amigos fraternales del exterior y que experimentó años de penurias luego de hundirse la igualmente solidaria Unión Soviética. Por cierto, nadie ignora que sin la ayuda proporcionada por Chávez, a cambio de contingentes de médicos y asesores políticos o militares, el estado de la maltrecha economía cubana sería aún más precario de lo que ya es y por lo tanto las reformas necesarias para mejorar su desempeño tendrían que ser más drásticas que las supuestas por el ajuste draconiano que, para desazón de sus camaradas más dogmáticos, ha ordenado el presidente Raúl Castro. En otras palabras, a menos que Chávez regrese a Venezuela y siga en el poder por algunos años más, tanto su propio país como el de sus aliados principales, Fidel y Raúl Castro, se enfrentarían enseguida con problemas sumamente graves. También se vería afectado el régimen teocrático iraní que ha encontrado en Chávez un socio sudamericano dispuesto a ayudarlo, con el entusiasmo que lo caracteriza, en su guerra santa contra “el gran satanás” norteamericano. No hay ninguna garantía de que un eventual sucesor “bolivariano” de Chávez quisiera continuar colaborando con una dictadura tan inenarrablemente reaccionaria –y tan antisocialista– como la de los islamistas iraníes. Ya antes de caer enfermo Chávez, el movimiento que se aglutinó en torno a su figura perdía terreno en América Latina, lo que es natural puesto que, bajo su gobierno, Venezuela se ha sumido en una crisis económica penosa a pesar de contar con los miles de millones de dólares proporcionados por sus exportaciones petroleras. Después de todo, si la “revolución bolivariana” o, si se prefiere, “el socialismo del siglo XXI” no sirve en un país con los abundantes recursos materiales de Venezuela, la posibilidad de que funcione adecuadamente en otros menos favorecidos por la naturaleza es nula. No sorprende pues que en casi todos los países de la región, incluyendo a la Argentina, Chávez esté entre los líderes extranjeros menos populares, cuya influencia limitada se debe menos a su militancia bolivariana que a su voluntad de repartir dinero entre políticos que supuestamente comparten su ideario.

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