Encuentro con el diablo
Opinión
claudio andrade candrade@rionegro.com.ar
Un día, en una reunión, que recuerda el frágil matrimonio entre dos mitos del rock sobre un mismo escenario, el escritor Raymond Chandler se sentó a la mesa de “Lucky” Luciano. La crónica del encuentro entre el consagrado narrador policial y el célebre mafioso fue titulada por el propio Chandler como “My Friend Luco” y ocurrió en 1958 en Nápoles, cuando el delincuente disfrutaba de su retiro. Luciano era un seductor sin competencia y justo en esta red cayó el creador de Philip Marlowe. En su relato periodístico hecho a pedido del “London Sunday Times” Chandler disculpa a Lucky Luciano y lo explica más que justifica de cualquier “error” que éste haya podido cometer en su tumultuoso pasado como gánster. La agente literaria de Chandler les advirtió a los del “Times” que su representado y el mafioso habían quedado en un estado lamentable durante la conversación. Es decir, totalmente borrachos. De modo que mientras la sociedad y la justicia de medio mundo condenaban a Luciano por una infinidad de actos delictivos el autor no hizo más que rendirle homenaje y, por supuesto, rendirse a sus pies. El reportaje no se publicó. Esta incómoda corriente de afecto, de enrarecida admiración por parte de genios del arte hacia deleznables figuras del hampa, el crimen organizado o de la política en sus formas más oscuras, se repite a lo largo de la historia como esa pegajosa anécdota navideña que las mejores familias prefieren olvidar. Hace unos años Diego Maradona se encontró por propia voluntad y deseo con el ahora en declive líder libio Muammar Gaddafi. “El Diego” había asistido al casamiento de uno de los hijos de Gaddafi y quiso conocer a la leyenda en persona. Cuando Maradona ya daba por sentado que la cita no iba a ocurrir, todo se desencadenó por sorpresa y a gran velocidad. En palabras de Guillermo Coppola: “No entendíamos nada. Nos subieron a un auto sin traductor. Entramos a una gran carpa. No tenía muebles. Nada. En el medio había un hombre parado. Solo. Cruzado de brazos. Diego se adelantó. Pero no había intérprete. Entonces, levantó los brazos, cerró los puños en un gesto de gol y dijo algo así como ‘Yeah, yeah’. Lo hizo varias veces hasta que Gaddafi levantó los suyos y lo imitó. Con voz grave dijo también ‘Yeah, yeah’. Habrá pensado que así saludábamos en Argentina”. En el disco de Almafuerte “Piedra libre”, Ricardo Iorio no deja margen para la duda acerca de sus filiaciones políticas. En la canción “Cumpliendo mi destino” dice: “Guardo de un hombre grande,/ guerrero nacional que hoy tienen preso./ Puede haber caballo verde/ mas no uno de ellos honesto”. El tema es un sentido homenaje al coronel Mohamed Alí Seineldín. Truman Capote, el delicado Truman, inició una confusa relación afectiva con los asesinos de la familia Clutter, Dick Hickock y Perry Smith. Con el propósito de obtener detalles vedados incluso a la policía y a los abogados defensores, Capote estableció una amistad donde no faltaron los elementos de atracción y repulsión en especial con Perry Smith, el autor de los disparos. Una autoría que fue revelada por el escritor en su novela. A fines de septiembre de 1976, Jorge Luis Borges se encontró con Augusto Pinochet. Borges tuvo al término de la reunión sólo palabras amables para con el dictador. “Yo soy una persona muy tímida, pero él (Pinochet) se encargó de que mi timidez desapareciera y todo resultó muy fácil. Él es una excelente persona, su cordialidad, su bondad…”, declaró, entre otras cosas, a la prensa. Los ídolos también tienen sus ídolos siniestros. En ocasiones éstos constituyen puntos de fuga, desviaciones morbosas, estallidos de un amor imperfecto y retorcido en el marco de una perfecta creación.
(Viene de la página 39) Incluso, una década antes, el tema había aparecido en la biografía no autorizada de Massera, “Almirante Cero”, del periodista Claudio Uriarte: “Uno de los affaires más renombrados del almirante, que fue la envidia de la mitad de la población masculina de Buenos Aires y un fermento de admiración rencorosa para muchos, fue la modelo publicitaria y actriz televisiva Graciela Alfano”, escribió Uriate en 1992. En cualquier caso, lo que haya hecho esa mujer de rasgos maltratados por las cirugías, con Massera –es decir, si fue su amante– podría no ser más que un dato personal. Muchas de las modelos y actrices de su generación (Noemí Alan se sacó una foto sonriente junto al Tigre Acosta), formaron ese triste coro de mujeres seducidas por lo que era el poder de ese momento. Pero ese lamentable pasado que podría pertenecer a su esfera íntima, se empaña cuando llegan denuncias que exceden la intimidad. La hija del ex custodio de Massera reveló que su padre le comentó que “a pedido de Massera pasaba a buscar a Graciela por su casa y juntos se encontraban para salir de compras’’. Y Noemí Elsa Ayala relató que fue ver a Massera para averiguar el paradero de su marido. Allí, estaba Alfano.“Nos sentamos frente a él y le conté mi historia. Massera puso una 9 milímetros arriba del escritorio y me dio unas direcciones para que vaya a averiguar. Ella en un momento lo interrumpió y me dijo: ‘Bueno, basta, el almirante está muy ocupado, tiene muchas cosas que hacer para ocuparse de esto’. Yo le expliqué que se trataba de la vida de mi marido pero Alfano me respondió: ‘No sos la única’”. Todo ese relato se enturbia aún más cuando Alfano, incontinente como es, abre su boca o escribe en su Twitter con toda la animalidad de la que es capaz, subida encima a la cúspide del rating gracias al “Bailando por un sueño” de Marcelo Tinelli que la tiene como jurado. Montada en toda su brutalidad, Alfano no distingue el escenario en el que está –frívolo por naturaleza– con el tema que ahora la tiene como protagonista –la complicidad civil en la peor parte de la historia argentina–, y suelta, riéndose: “Cuando cumplí 21 años me metí en la cama con quien quise, hice lo que quise y no me hago cargo de lo que hace una persona, porque vos si salís con un señor rico no salís con el dinero, si te acostás con un señor joven no salís con la edad del señor, si te acostás con un genocida no salís con 30.000 desaparecidos ni te busca la Corte de La Haya”. Ella pensó –lo dijo ella misma después– que podía hacerse “la viva” contestando así. Una extraña y desagradable concepción personal del humor y de la viveza. Quizás valga aclarar que el tema de la relación Massera-Alfano vuelve a la superficie por una batalla mediática entre Jorge Rial y Alfano que poco tiene de noble. No es que Rial y Luis Ventura se hayan convertido repentinamente en periodistas comprometidos con los Derechos Humanos. Pero Graciela Alfano, tan adicta a la chicana de bajo fondo, le dio un toque horroroso al asunto: sus propias palabras. Y sumergida en ese barro, es difícil imaginar como podrá seguir adelante, con su “personaje” esperpéntico, por más que haya sido “obligada” por la producción del programa de Marcelo Tinelli a pedir perdón ante cámaras. En cualquier caso, la Justicia investigará ahora si efectivamente Alfano recibió bienes de los desaparecidos de manos de Massera, sin dudas el tema más importante –si no el único– del festín mediático que se hicieron los programas de chimentos toda esta semana.
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