Un aviso de colonización en un diario suizo bastó para cambiar el destino de una familia y ligar su historia, para siempre, a la tierra de la Patagonia

El padre de Thierry Favez encontró un aviso de colonización en un diario de Suiza, viajó para conocer el proyecto y decidió apostar por el naciente Idevi. Más de cinco décadas después, la familia sigue produciendo en el valle de Viedma y fue testigo de toda su transformación.

Por Auribel Zuarce

Cuando Thierry Favez llegó desde Suiza al valle de Viedma tenía apenas 10 años. Era septiembre de 1970 y el Idevi todavía daba sus primeros pasos, las máquinas nivelaban las chacras, abrían los canales de riego y preparaban las tierras donde comenzarían a instalarse las primeras familias de productores.

Los Favez fueron una de ellas. Dejaron atrás una pequeña explotación agrícola en Suiza para comenzar una nueva vida en Río Negro, una decisión que terminaría marcando el futuro de varias generaciones. Hoy, con 66 años, Thierry es uno de los pocos productores que puede contar la historia del Idevi prácticamente desde sus comienzos.

«Nosotros fuimos la cuarta familia que vino a vivir de manera permanente; cuando llegamos, todavía estaban las máquinas trabajando, nivelando los campos y haciendo los canales», recordó.

Desde entonces, la familia atravesó casi todas las etapas productivas del valle. Empezó con un tambo, luego trabajó como contratista rural, incorporó cultivos como el zapallo para afrontar los años más difíciles y finalmente encontró en la ganadería de carne su principal actividad. Hoy el establecimiento se dedica a la cría y recría bovina, mientras la nueva generación continúa con la producción agrícola bajo riego.


De una pequeña chacra suiza al proyecto productivo de Río Negro


La historia de los Favez en el Valle de Viedma comenzó dos años antes de su llegada a la Argentina.

El padre de Thierry trabajaba en una pequeña explotación familiar en Suiza. La tierra había sido dividida entre los hermanos y, ante las dificultades para sostener a su familia y ofrecerles un futuro a sus tres hijos varones, comenzó a buscar otras posibilidades.

Tras pasar por el tambo, la agricultura y el engorde, hoy la familia Favez concentra su producción en la cría bovina y la agricultura bajo riego. Foto: gentileza.
Tras pasar por el tambo, la agricultura y el engorde, hoy la familia Favez concentra su producción en la cría bovina y la agricultura bajo riego. Foto: gentileza.

En 1968 encontró en un diario suizo un aviso del CIME, el Comité de Inmigración Europea con sede en Berna, que organizaba viajes de exploración para familias interesadas en emigrar a América Latina. El padre de Thierry se anotó. A fines de ese año participó de un viaje por Brasil, Paraguay y Argentina.

Recorrió distintas regiones productivas, entre ellas Buenos Aires, Bahía Blanca, Río Colorado y el Valle de Viedma. Finalmente, eligió el proyecto que se estaba desarrollando en las cercanías de Viedma.

«Mi papá vino en diciembre de 1968. Cuando conoció esto le gustó, aunque todavía no había casas ni chacras terminadas. Estaban en pleno desarrollo», relató. La primera familia de colonos se instaló en 1969. Los Favez llegaron poco más de un año después, en septiembre de 1970.


El tambo, la primera actividad de la familia en la Patagonia


Ni bien se instalaron, la familia comenzó con la producción tambera. La actividad se mantuvo durante aproximadamente 14 años, hasta 1984.

Sin embargo, las dificultades económicas y comerciales obligaron a cambiar el rumbo. «Los pagos de la leche se diferían 60, 70 y hasta 80 días. La cooperativa tambera no estaba funcionando adecuadamente y decidimos vender las vacas», explicó.

Después de abandonar el tambo, los tres hermanos adquirieron maquinaria agrícola y comenzaron a trabajar como contratistas rurales.

La historia de los Favez comenzó en Suiza, pero encontró su lugar definitivo en el valle de Viedma hace más de 50 años. Foto: Marcelo Ochoa.

Contaban con equipos para realizar tareas de preparación del suelo, entre ellos maquinaria pesada para dar vuelta y acondicionar la tierra. Durante tres años trabajaron intensamente prestando servicios a otros productores.

«Fueron tres años a pleno, los tres hermanos trabajando. Llegó un momento en que dijimos que teníamos que bajar un cambio», recordó.


Los créditos ganaderos y el paso a la producción de carne


Hacia 1986 y 1987 comenzaron a comprar hacienda para carne. El cambio fue posible, en parte, por una línea provincial de créditos ganaderos.

Se trataba de préstamos que los productores devolvían según el valor equivalente en kilos de novillo. «Te daban el préstamo y vos devolvías el equivalente a determinada cantidad de kilos de novillo. Con esos créditos empezamos a comprar hacienda y de a poco dejamos de trabajar como contratistas», explicó.

La familia se concentró entonces en la recría y el engorde de bovinos. Sin embargo, durante la década del 1990 volvieron a enfrentar un escenario económico adverso.

La producción ganadera de la familia Favez se centra en la cría de Angus y la recría a pasto, una actividad que desarrolla desde hace más de una década. Foto: gentileza.
La producción ganadera de la familia Favez se centra en la cría de Angus y la recría a pasto, una actividad que desarrolla desde hace más de una década. Foto: gentileza.

Favez recuerda que hubo momentos en los que el precio de la carne prácticamente se redujo a la mitad, mientras los costos productivos continuaban aumentando.

«Llegué a vender carne a 1,25 dólares el kilo y, uno o dos años después, valía entre 65 y 70 centavos. En una economía supuestamente estable, el producto pasó a valer casi la mitad. Eso nos asfixió», señaló.

Frente a la caída de la rentabilidad ganadera, incorporaron la producción de zapallo. Desarrollaron el cultivo durante aproximadamente diez años, hasta 2005 o 2006, sin abandonar completamente la hacienda.

«El zapallo nos ayudó a sostenernos. Fueron años muy complicados, con deudas bancarias, hipotecas y todos los problemas económicos de ese período», sostuvo.


La sequía que modificó el sistema ganadero en la Patagonia


Hasta 2011, el establecimiento se dedicaba principalmente a la recría y al engorde. La gran sequía que comenzó alrededor de 2006 y se extendió durante varios años provocó una fuerte reducción de los rodeos de cría en amplias zonas de Río Negro y del sur bonaerense.

Muchas vacas fueron trasladadas o vendidas hacia el norte porque los campos no tenían suficiente pasto para sostenerlas. Esos vientres no fueron repuestos y, como consecuencia, el precio de los terneros de invernada comenzó a subir.

«Se perdió mucha vaca de cría en la región. Muchas vacadas se fueron al norte y no se repusieron porque no había pasto. La invernada se empezó a poner cada vez más cara», contó.

En ese contexto, la familia decidió modificar su orientación productiva. En 2011 contaban con unas 200 vaquillonas que estaban siendo preparadas para el frigorífico, con pesos cercanos a los 350 kilos. En lugar de venderlas todas, resolvieron seleccionar alrededor de 80 y destinarlas como futuros vientres.

«Ahí arrancamos con la cría. Decidimos guardar esas vaquillonas en lugar de mandarlas al frigorífico», explicó.


Un rodeo de 100 vientres Angus en Río Negro


La familia llegó a manejar cerca de 300 vientres, pero en los últimos años redujo deliberadamente la escala del rodeo. Actualmente trabajan con alrededor de 100 a 110 vacas en una chacra ubicada en la zona de San Javier.

«Fuimos achicando a propósito. Mi hermano mayor tiene 72 años, el otro cumplió 70 y yo tengo 66. Estamos en una etapa en la que queremos simplificar el sistema y cerrar algunas partes de la sociedad familiar», indicó.

El rodeo está compuesto por animales de raza Angus. Utilizan principalmente Angus negro, aunque también cuentan con genética colorada. Para el servicio tienen siete toros: cuatro Polled Hereford, un Angus colorado y dos Angus negros.

Con 66 años, Thierry Favez conserva la memoria de los primeros tiempos del Idevi, donde su familia fue una de las pioneras en instalarse. Foto: Marcelo Ochoa.
Con 66 años, Thierry Favez conserva la memoria de los primeros tiempos del Idevi, donde su familia fue una de las pioneras en instalarse. Foto: Marcelo Ochoa.

La cantidad de reproductores es superior a la relación habitual de un toro cada 20 o 25 vacas. «Con 100 vacas, cuatro o cinco toros alcanzarían, pero nosotros tenemos siete. En ese sentido estamos muy cubiertos», sostuvo.

Las vacas permanecen en campos bajo riego y la reproducción se realiza actualmente mediante servicio natural. La familia utilizó inseminación artificial ocho o nueve años atrás y obtuvo buenos resultados, pero posteriormente simplificó el manejo.

«Hicimos inseminación y funcionó muy bien, pero ahora todo el servicio es natural«, explicó.


Cerca del 90% de preñez


Los índices reproductivos del rodeo se ubican cerca del 90% de preñez. Para Favez, el buen resultado se relaciona con la disponibilidad de alimento bajo riego, la cantidad de toros y el seguimiento del rodeo.

«Estamos casi en el 90%. Al estar en chacra, con buena alimentación y una cantidad importante de toros, los resultados son buenos», destacó.

La reposición de vientres se realiza con vaquillonas producidas dentro del propio establecimiento. Periódicamente seleccionan alrededor de 20 animales jóvenes para reemplazar las vacas de mayor edad que salen del rodeo.


Terneros destetados con hasta 180 kilos


Los terneros permanecen con sus madres durante aproximadamente seis o siete meses. El peso promedio de destete varía según las condiciones del año, pero generalmente se encuentra entre los 160 y los 180 kilos.

Una vez separados de las vacas, son trasladados a un campo ubicado en la zona de Cardenal Cagliero, donde la familia realiza la recría pastoril.

El campo está completamente desmontado y dividido en cinco cuadros, con superficies que van desde unas 30 hasta aproximadamente 80 hectáreas. Los animales permanecen en el establecimiento hasta completar la recría, siendo su destino final la comercialización como invernada, generalmente a través de remates ferias ganaderas.


Una recría pastoril sin suplementación


La recría se desarrolla de manera completamente pastoril. Los terneros consumen pasto natural y, según las condiciones climáticas, avena implantada.

No reciben suplementación con maíz, alfalfa ni alimentos balanceados. «Es una recría muy natural, si hay pasto natural, aprovechamos eso. También sembramos avena y, si hace falta, la dividimos con eléctrico para pastorearla», explicó.

En los años favorables, las ganancias diarias de peso pueden ubicarse entre los 400 y los 500 gramos por animal.

El objetivo central no es terminar animales gordos, sino acompañar su crecimiento y sumarles entre 100 y 140 kilos durante la recría. «Estamos trabajando con un animal en crecimiento, queremos llevarlo de 180 kilos a 280 o 300, si sale un poco más gordo, mejor, porque son más kilos, pero nuestro objetivo es producir una buena invernada», señaló.

Los lotes presentan diferencias de peso. La cabeza puede superar los 320 o 340 kilos, mientras los animales más livianos pueden salir con 260 o 270 kilos. El promedio buscado se mantiene cerca de los 300 kilos.


Maíz y alfalfa en unas 64 hectáreas en el Valle de Viedma


Además de la ganadería, la familia mantiene la producción agrícola, aunque actualmente esa actividad está a cargo del hijo de Thierry.

El establecimiento está integrado por dos chacras que suman unas 75 hectáreas brutas; la superficie neta bajo riego alcanza entre 63 y 64 hectáreas. Los principales cultivos son maíz y alfalfa, ambos destinados a la comercialización.

La agricultura sigue siendo parte del establecimiento, hoy impulsada por la nueva generación de la familia. Foto: Marcelo Ochoa.

La alfalfa se vende principalmente al frigorífico de la zona y a otros compradores, mientras el maíz se comercializa con la Cooperativa Agrícola de Patagones, el frigorífico y clientes particulares.

Aunque esos alimentos podrían utilizarse para suplementar la hacienda, Favez aclaró que actualmente no los destinan a la recría. «El maíz y la alfalfa los produce mi hijo para vender. En algún momento llevamos comida al campo, pero hoy la recría se hace con el pasto natural y la avena del lugar», indicó.

«Dentro de los parámetros de la zona, los rindes son buenos. En los últimos tres años, el promedio estuvo entre 10 y 11 toneladas, aunque hay lotes que llegan a 14 o 15 toneladas», detalló.

El esquema agrícola contempla rotaciones entre el maíz y la alfalfa para conservar la estructura del suelo y mantener la productividad.


«Para nosotros 56 años es una vida, para el Idevi no es nada»


Favez considera que la década del 90 fue una de las etapas más difíciles para los productores del Valle de Viedma. La caída de los precios, el aumento de los costos y el recambio generacional provocaron que numerosas chacras dejaran de producir o fueran vendidas.

«Muchos hijos de productores se fueron a trabajar a Viedma, varios al Estado. Los padres llegaron a los 65 o 70 años y, como los chicos no seguían, vendieron. Se juntaron muchas cosas», explicó.

Durante aquellos años también surgió la denominada «chacra de fin de semana«: establecimientos adquiridos por profesionales o empleados con buenos ingresos, pero sin un proyecto productivo permanente.

A pesar de esas dificultades, Thierry asegura que actualmente observa el futuro con optimismo. «Todo lo que pasó durante estos años fue creando las bases para lo que viene. Hoy veo productores jóvenes, emprendimientos privados y gente que invierte su propio dinero«, afirmó.

Destacó especialmente el desarrollo de nuevas áreas productivas ubicadas hacia las etapas superiores del sistema de riego. A diferencia de los primeros años, cuando el Estado entregaba las chacras, construía las viviendas y aportaba infraestructura y financiamiento, hoy los nuevos emprendimientos se desarrollan principalmente con capital privado.

«El Estado y el Idevi dan la posibilidad de regar, pero de la tranquera hacia adentro, la inversión la hace cada productor. Eso me genera mucho optimismo», expresó.

«Para nosotros, 56 años es muchísimo, es toda una vida. Pero para un proyecto como el Idevi no es nada. Todo lo que pasó hasta ahora fue construyendo las bases de lo que puede venir hacia adelante».


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Cuando Thierry Favez llegó desde Suiza al valle de Viedma tenía apenas 10 años. Era septiembre de 1970 y el Idevi todavía daba sus primeros pasos, las máquinas nivelaban las chacras, abrían los canales de riego y preparaban las tierras donde comenzarían a instalarse las primeras familias de productores.

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