Los poetas de Sarmiento

miradas

Jorge Castañeda (*)

Desde Juan Bautista Alberdi hasta la fecha mucho se ha escrito sobre distintos aspectos de la vida de Domingo Faustino Sarmiento y se han generado numerosas polémicas, ya a favor, ya en contra. Los poetas, no podía ser de otra forma, encontraron en su figura fuente de inspiración para dedicarle poesías y las más de las veces los más elocuentes ditirambos. Tal vez la más popularizada sea la letra del Himno a Sarmiento que corresponde también en música al barcelonés Leopoldo Corretjer, prolífico autor y compositor radicado en la Argentina dejando varias canciones populares, obras de sainete y numerosos tangos, algunos muy conocidos como “Entre prima y bordona”, “Mi negra”, “Mate amargo”, por solo nombrar algunos. Tal vez por haber entonado sus estrofas en nuestra infancia escolar nunca dejará de emocionarnos aquellos versos que decían: “Fue la lucha tu vida y tu elemento; /la fatiga, tu descanso y calma; /la niñez, tu ilusión y tu contento,/la que al darle el saber le diste el alma. Con la luz de tu ingenio iluminaste/la razón, en la noche de ignorancia./Por ver grande a la Patria tu luchaste/con la espada, con la pluma y la palabra. En su pecho, la niñez, de amor un templo/te ha levantado y en él sigues viviendo. /Y al latir, su corazón va repitiendo:/¡Honor y gratitud al gran Sarmiento!/ ¡Honor y gratitud, y gratitud! ¡Gloria y loor! ¡Honra sin par/para el grande entre los grandes, ¡padre del aula, Sarmiento inmortal!/¡Gloria y loor! ¡Honra sin par!” Debemos destacar que aparte del anteriormente citado hay dos himnos más compuestos en homenaje del sanjuanino. Con mayor o menor estro poético otros vates se han referido al prócer. Lola Chichizola Coelho en un soneto dice en la primera estrofa: “Sarmiento: escúchame, yo soy el niño;/te hablo mirando el cielo, arrodillado,/porque sé que me diste tu cariño/y que por mí has sufrido y has luchado”. Estela Herrera escribió en “El niño de Carrascal”: “Recién nacía la Patria/y Carrascal florecía./Cantos de aves poblaban/en Carrascal las casitas./Saludaban con sus cantos/a un niñito que nacía. Fue creciendo con la Patria/el niño de Carrascal/y siendo niño soñaba/con aprender y enseñar./Fue creciendo con la Patria/y en el suelo de San Juan/todos nombraban el nombre/del niño de Carrascal. Cuando el niño se hizo hombre/fue maestro, y San Juan/inmortalizó los nombres/de Sarmiento y Carrascal”. Cupertino del Campo cierra su soneto laudatorio con los siguientes tercetos: “Sin doblegar jamás la altiva frente/en arduos tiempos del país naciente/tu misión fue enseñar y combatir. Y, maestro de escuela o presidente,/sembrabas en los surcos del presente/ la hermosa floración del porvenir”. Eve Baili en un poema supo reconocer que “¿Tuvo flaquezas? Las tuvo,/tuvo dudas y hasta fallas,/pero sembró escuelas como soles/a lo largo de la Patria”. Nuevamente Estela Herrera en “El niño maestro” le dedica los siguientes versos: “En medio del caserío/de San Francisco del Monte/hay un niño sanjuanino/con su tío sacerdote./Lugares casi desiertos/albergan a gente pobre. Sarmiento, maestro niño./José de Oro, el sacerdote,/y una escuela que se funda/en San Francisco del Monte. Bajo la sombra de olivos/y entre pájaros cantores/hay un maestro niño/entre alumnos que son hombres”. Natalio Vadell asevera que “Si no hubiera más glorias en su vida/brillará por su acción independiente;/que es Sarmiento una antorcha suspendida/sobre un siglo, una raza, un continente”. Tampoco faltaron los poemas a Doña Juana Albarracín. Jorge Martí glosa a la casa natal: “Esta es San Juan. Aquí está la casona/ que antaño fue de adobe solariego/ y luce ahora, bajo el sol labriego,/ el escudo patricio que blasona. Eran solo dos piezas. Lo menciona/ el hijo prócer con amor de fuego./Tenían santidad y olor a espliego/ la casa, el patio, el árbol, la persona. En pleno Carrascal, el barrio pobre/ se alzó la posesión cobre por cobre/ o, dicho en luz, ladrillo por ladrillo. Locuras de la Paula, se decía, /y la mujer con sueños construía/ la levedad azul de su castillo”. Pero lo más raro que he encontrado entre la lírica dedicada a Sarmiento ha sido un soneto de J. Martínez Villerga titulado “Sarmienticidio o A mal Sarmiento buena podadera”, que dice: “Este escritor de pega y de barullo/que traduce, delira, o no hace nada,/subir quiere del genio a la morada,/de sus propias lisonjas al arrullo./ Fáltale ciencia pero tiene orgullo,/la paz le ofende y la virtud le enfada; /Es ciego admirador de Torquemada/y enemigo mortal de Pero Grullo. Tal en resumen es mi pensamiento/acerca de ese autor que lleva el nombre,/o apellido, o apodo, de Sarmiento. No hay en él nada que agrade ni que asombre:/carece de instrucción y de talento;/en todo lo demás es un gran hombre. Como se verá algunas de cal y otras de arena. Y seguro que otros muchos poemas han tenido que quedar en el tintero. (*) Escritor. Valcheta


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