Río Chico crea talleres y ferias para atemperar la crisis volcánica
La solidaridad con el paraje rionegrino vino desde la lejana Andorra.
Alfredo Leiva
El paraje Río Chico, al igual que otros de la zona de estepa rionegrina, ha sido gravemente afectado por la caída de la ceniza.
erupción del volcán puyehue
SAN CARLOS DE BARILOCHE (AB).- Hay veces en que las actividades solidarias trascienden las fronteras, ponen a prueba el temple de sus promotores y obligan a redoblar los esfuerzos para poder llegar al objetivo. Tal es el caso del proyecto social y cultural “Río Chico, entre la estepa y la cordillera”, que tiene lugar en el paraje rural de la Línea Sur, a 5 kilómetros de la ruta provincial 6 que une Jacobacci con Ñorquinco.
Las actividades comenzaron en marzo pasado, con el impulso de la asociación andorrana SIIS, el Area de Cooperación Internacional del gobierno de Andorra y la comisión de fomento de Río Chico. Su propósito fue crear talleres artesanales, de oficios y artísticos para que los pobladores tengan nuevas herramientas para generar ingresos y también vivir menos aislados y un poquito mejor. Asimismo se buscó crear una comisión para la organización de ferias y exposiciones artesanales y espacios de encuentro y reflexión.
La erupción del volcán Puyehue, que sepultó de cenizas la estepa, generó un nuevo desafío para los organizadores, ya que la situación de los pobladores rurales se agravó. “De golpe se vieron acrecentadas las demandas y las necesidades, ya que su principal sustento, la ganadería en pequeña escala, desapareció”, señaló Perla Alvarez, gestora y directora del proyecto.
Alvarez vivió en Bariloche y trabajó en Río Chico en el 2003, después de la gran inundación que afectó la zona. En ese entonces crearon un taller de tejedoras e hilanderas que tuvo buena aceptación. Ya radicada en Andorra (país ubicado en los Pirineos, entre España y Francia), Perla se propuso volver a Río Chico y lo hizo con un nuevo proyecto solidario y social.
“Es una zona árida y posee poca diversidad productiva y aunque organismos gubernamentales implementen estrategias de desarrollo local y regional, el empobrecimiento, la desocupación, la migración y la discriminación son una realidad que se refleja hace mucho tiempo”, señaló.
Sostuvo que “en esta experiencia se pudo comprobar que las actividades artesanales y artísticas estimulan el desarrollo de la sensibilidad y creatividad, favoreciendo la autoestima y ayudando a transferir estas actitudes a otras áreas del ser humano”.
Hoy en día está claro que se deben generar nuevos emprendimientos para impedir que la gente abandone el campo, un lugar que con las cenizas es muy hostil para vivir. Alvarez se mostró confiada en que la comisión de artesanos pueda mantener los micro-emprendimientos productivos creados y que también se repitan las “mateadas populares”, que reunieron a numerosos vecinos de la región. “La gente (del ámbito) rural se aferró aun más a los talleres, en busca nuevas alternativas de subsistencia, ante el derrumbe de su principal fuente de recursos: la cría de chivas y ovejas”, afirmó.
Alfredo Leiva
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