Los Ameghino y la Patagonia
Por Héctor Pérez Morando
Le llamaron Florentino (18/9/1854 – 6/8/1911) y Carlos (l7/6/1865 – 12/4/1936) que junto con Juan fueron los tres hijos -sin descendencia- de los genoveses Antonio y María Dina Armanino, nacidos en Luján (Bs.As.). Sin duda, Florentino fue el más destacado, pero en su fama científica mucho tuvo que ver su hermano Carlos, aspecto reconocido. Las ciencias naturales expresadas a través de la geología, paleontología, arqueología y antropología que, en el caso de Florentino, tocaban con la filosofía científica del siglo XIX. «Filogenia (una de sus principales obras) es un monumento de la filosofía natural, la clave de la clasificación en zoología, la consagración más elocuente del transformismo evolutivo» (Mercante-Ambrosetti, 1913). Se complementaron armoniosamente en la tarea rastreadora del pasado terrestre, pero en lo patagónico Carlos fue el gran «proveedor» de Florentino en cuanto a restos paleontológicos y arqueológicos, principalmente.
Ambos hermanos tuvieron suprema unidad de acción en la labor científica y Carlos ayudó muchísimo a Florentino: «Carlos, explorador de ciencia dedicado exclusivamente a trabajar por Florentino, de suerte que ambos constituyen la misma persona». (Mercante-Ambrosetti, ídem). No pretendemos hacer una hagiografía laica de ellos, sino simplemente recordar, sintéticamente, algunos de los puntos tocantes de los dos Ameghino y la Patagonia.
Florentino
Esencialmente autodidacta, no por ello solamente buscador y descubridor de «huesos» y elementos aborígenes, sino que acompañó hallazgos y donaciones con profundos y revolucionarios estudios e ideas personales. Es decir, no se quedó con el fácil «lorismo» (perdón por el neologismo) de otros autores -con los que coincidió o no- y publicó mucho para su época y con escaso dinero. Más de ciento setenta entre libros, folletos, artículos, etc. Participante en reuniones científicas internacionales y miembro de sociedades afines. Solamente título de maestro, muy joven, pero llegó a director del Museo Nacional de Historia Natural, secretario subdirector del museo de La Plata. En la universidad de Córdoba profesor titular de zoología, fundador y conservador del museo de Antropología y Paleontología de dicha universidad y doctor Honoris Causa. Miembro académico de la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas de la Universidad de La Plata y profesor titular de Mineralogía y Geología de la misma, como asimismo jefe de sección y profesor de geología en la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional platense y miembro de la Academia de Filosofía y Letras de la UNBA. Distinguido y premiado en las exposiciones universales de París (1878 y 1889) y Chicago (1892). Y… simple librero en Buenos Aires y La Plata.
De jovencito, parece que escritos del famoso geólogo inglés Carlos Lyell, con sus «Principios de Geología» y teoría sobre modificaciones de la corteza terrestre lo introdujeron en la pasión científica. Y llegaron contactos y lecturas con amplio espectro: Moreno, Moyano, Lista -que le acercaron «huesos» para estudio-, Burmeister, Muñiz y los extranjeros -además de Lyell su primer catedrático-, Cuvier, Haekel, D»Orbigny, A. De Saint Hilaire, De Quatrefages, De Mortillet, Gervais y otros, vinculándose en una etapa de su vida con los naturalistas Owen, Flowe y Cope. Pero claro, Charles Darwin estaba en lo más alto del altar de su coincidencia científica. Florentino Ameghino compartió el evolucionismo transformista darwiniano y le agregó otros factores y actores de propia cosecha, como el inicio de la vida humana, el hombre, en la parte sur del continente americano. Defendió a su «hombre fósil argentino». Para F.A. «el hombre no desciende del mono (Darwin tampoco dijo eso) sino de un tronco común remotísimo». El cráneo del misterioso «homunculus patagónicus» hallado en la Patagonia -un enano que vivió hace 50 millones de años- está más cerca del hombre que de los monos antropoides de hoy». (Franco, L. 1978).
El lujanense, perteneciente a la «escuela de los que se hacen solos», llegó a hablar y escribir correctamente el francés y dominar alemán, italiano e inglés. Hizo sus primeras excavaciones e importantes hallazgos en las orillas del río Luján y concretó primeras publicaciones a los 21 años -algo notable-, y a los 26 (1880/81) da a conocer «La antigüedad del Hombre en el Plata», dedicando el capítulo XII a «El hombre prehistórico en Patagonia» que incluyó: «El hombre primitivo en Patagonia y los trabajos del señor Moreno. Comentarios y sepulturas. Paraderos. Armas e instrumentos de piedra. Objetos de hueso. Alfarerías. Trabajos en tierra. Inscripciones. Los hombres que han dejado esos vestigios. Tipos craneológicos». Y patagónicamente hablando, motivo de la presente, además de la mención patagónica en varias publicaciones no exclusivas, recordamos a: «Nouvelles explorations des gítes fos silifères de la Patagonie australe» (1890), «Observaciones críticas sobre los mamíferos eocenos de la Patagonia austral» (1891), «Los Monos fósiles del eoceno de la República Argentina» (1891), «Les Mammifères fossiles de la Patagonie australe» (1893), «El Mamífero misterioso de la Patagonia (Neomylodon Listai) (1899), L»Age des formations sédimentaires de Patagonie (1903), «Notices préliminaires sur des manifères nouveaux des terrains crétacés de Patagonie (1902), «Communication épistolaire sur la géologie de Patagonie» (1903), «Sur la Géologie de la Patagonie» (1902), «Enumeración de los Impennes fósiles de Patagonia y de la isla Seymour» (1906), «Notes sur les poissons du Patagonien» (1908), «Vestigios indust. en el eoceno sup. de Patagonia» (1910) y otros. El «loco de los huesos» como lo llamaran en Luján, el científico de pala, cuchillo y bolsa, anduvo por la Patagonia en 1908 entre Cabo Blanco y golfo San Jorge. Erudito y talentoso, concretó miles de lecturas afines a su profesión, pero la mayor fue la de la naturaleza. Su Dios. Algo que merece nota especial.
Carlos
«Contagiado de la ciencia», fue algo más que su mano derecha. Desde jovencito anduvo con Florentino en correrías paleontológicas y arqueológicas. Varios años por la Patagonia a partir de 1887. Desde Carmen de Patagones al estrecho de Magallanes. «Recogió en esos viajes gran cantidad de informes geológicos y paleontológicos, colecciones interesantes de vertebrados y de invertebrados fósiles que fueron estudiadas por su hermano Florentino y por Von Ihering». (Espasa).
Como «La recolección de huesos fósiles me ha atraído durante toda mi vida -según lo expresara en un escrito- lo decidieron en 1887 a embarcase rumbo a Santa Cruz. Aprovechó bien los seis días de demora en Carmen de Patagones: encontró «algunos escasos moluscos marinos», pero no descubrió «fósil alguno», sí encontró en las cercanías de Patagones y Biedma (Viedma) «varios antiguos paraderos indios, donde pude recoger algunos morteros de piedra, muchas bolas y puntas de flechas y numerosos otros objetos» (BIGA, t.XI, 1890).
Desembarcado en la bahía de Santa Cruz, halló «entre Punta Reparo e Isla de los Leones un paradero indio prehistórico, donde encontré en abundancia, raspadores, cuchillos de piedra, flechas, etc.» (BIGA, ídem.). Sus ojos geológicos comenzaron a ver los «verdaderos estratos fosilíferos de la Formación patagónica» o sea el «piso patagónico» y aparecieron «huesos del esqueleto de un ave muy singular… pero se supone se distinguían de los existentes por estar provistos de dientes». Y unido a la precisa descripción geográfica y geológica -que luego publicaría- fueron apareciendo «restos de la coraza de un animal parecido al Hoplophorus (Propalaehoplophorus)», «restos de marsupiales del grupo de los plagiaulacideos representados por varios géneros hasta entonces desconocidos (Abderites, Acdestis, Epanorthus) animales de los que aún no se habían encontrado vestigios en ninguna parte del continente sudamericano». Y agregó restos de mamíferos carniceros de un grupo extinguido: los creodontes (Creodonta). El antiguo mar en el interior santacruceño -formación marina- le entregó «una ostra al parecer de especie distinta de la común ostra patagónica» y que junto con similares hallazgos dieran lugar a que Florentino en su obra «Mamíferos fósiles de la República Argentina», atribuyera su formación a la época Eocena. Regresando de Lago Argentino, halló «el maxilar superior y la mandíbula inferior de un gigantesco paquidermo extinguido, hasta entonces poco conocido (Astrapotherium magnum). También restos de Pachyrucos, (animal algo menor que la vizcacha), completó la colección con la «mandíbula inferior completa con toda la dentadura del Protoxodon, el toxodontido más gigantesco de la Patagonia hasta ahora conocido».
En otra expedición, (1888/1889) el vapor «Chaseley» lo dejó en Puerto Madryn. El recorrido por el interior chubutense fue fructífero: troncos petrificados, elementos aborígenes, antiguos cementerios y «un interesante yacimiento de mamíferos fósiles, de época antiquísima, probablemente Palaeoceno… con restos muy característicos del gigantesco paquidermo extinguido parecido al Coryphodon designado con el nombre de Pyrotherium Romeri Amegh., cuyos primeros restos fueron encontrados en el territorio del Neuquén». También halló «algunos cráneos de indios recientes extraídos de un gran Chenke». Después realizó otras expediciones por la Patagonia. Igual que Florentino escribió bastante sobre sus hallazgos, principalmente en Anales de la Sociedad Científica Argentina, Boletín del Instituto Geográfico Argentino, Boletín de la Sociedad Physis, Anales del Museo de Historia Natural y otras publicaciones. La fama cierta y justificada de los autodidactas Florentino y Carlos Ameghino, tuvo en la Patagonia recursos muy valiosos para el desarrollo científico de sus trabajos en áreas de las ciencias naturales. Fueron destacados precursores con unos pocos más.
Bibliografía principal: Mercante, V y Ambrosetti, J.B. Vida, 1913. Ameghino, F. La antigüedad, 1918, dirigida por J. Torcelli y C. Ameghino. Revista A. Austral I. BIGA, 1890. Ingenieros, J. Las doctrinas, 1919. González Arrili, B. Vida, 1953. Franco, L. Revisión, 1978. Cabrera, A. El pensamiento. Doello-Jurado, M. Vida y semblanza y formación del suelo. Pró. D.F. Manifestaciones, 1977. Ameghino, C. Exploraciones geológicas, 1890 y otros.
(*) Periodista. Primer Premio ADEPA 1998 en Cultura e Historia.
Florentino y Carlos Ameghino se destacaron en el estudio de varias ramas de las ciencias naturales.
Autodidactas, dejaron notables ideas y escritos, algunos de renombre mundial.
Anduvieron por la Patagonia.
Le llamaron Florentino (18/9/1854 - 6/8/1911) y Carlos (l7/6/1865 - 12/4/1936) que junto con Juan fueron los tres hijos -sin descendencia- de los genoveses Antonio y María Dina Armanino, nacidos en Luján (Bs.As.). Sin duda, Florentino fue el más destacado, pero en su fama científica mucho tuvo que ver su hermano Carlos, aspecto reconocido. Las ciencias naturales expresadas a través de la geología, paleontología, arqueología y antropología que, en el caso de Florentino, tocaban con la filosofía científica del siglo XIX. "Filogenia (una de sus principales obras) es un monumento de la filosofía natural, la clave de la clasificación en zoología, la consagración más elocuente del transformismo evolutivo" (Mercante-Ambrosetti, 1913). Se complementaron armoniosamente en la tarea rastreadora del pasado terrestre, pero en lo patagónico Carlos fue el gran "proveedor" de Florentino en cuanto a restos paleontológicos y arqueológicos, principalmente.
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