Aprenden y se acompañan

Sus cursos son una salida laboral para muchas de ellas.

Un espacio importante

Alrededor de 200 vecinas eligen el Centro de Capacitación Laboral para aprender alguna técnica que les permita después vender sus trabajos. El equipo de profesoras se esmera para recibir cada año a las alumnas que demandan el aprendizaje de diferentes manualidades. Las clases son totalmente gratuitas.

Este centro funciona sobre la avenida San Martín en un edificio que perteneció a ferrocarriles. La directora es Gloria Bascuñán y son ocho las profesoras que se dedican a dictar clases de hasta tres horas semanales según el curso. Hebe Martínez es la encargada de enseñar corte y confección y muñecas; Sandra Macaya hace Tejido; Graciela Sanhueza: decoupage, pintura en tela y en madera; Isabel Lagos, bordado en cintas y bijouterie; Alicia San Martín, bordado chino; Cristina Gutiérrez, macramé; Analía Espinosa, porcelana y Mirtha Leiva ofrece cartapesta.

“Todos los años tratamos de aprender algo nuevo para traer nuevas técnicas y enseñarles más porque es una salida laboral muy importante, todo lo que hacen lo venden”, contó Hebe.

Agrega: “Está centralizado acá pero en mayo, después que terminen las actividades del aniversario del pueblo, tenemos una nueva reunión para ver a qué barrios vamos a ir”. Las actividades son de lunes a viernes de 7 a 14 y de 14 a 17. “Todas mujeres y son jovencitas pero el resto son señoras, todas vienen recomendadas por otras como la mamá, amigas, vecinas, y vienen a aprender y se van con lo que querían y más y contentas porque aprendieron”, destacaron.

Aquí pueden asistir las alumnas que no tienen idea de ninguna de las actividades y empiezan “de cero”. A medida que terminan el primer año pueden continuar y avanzar en la enseñanza. “En principio tienen un cuadernillo que cumplen, aprender a usar las máquinas, a hacer moldes, cortar algo y coser, por ejemplo”, subrayó.

“Estamos muy contentas porque este año las alumnas superaron nuestras expectativas. Hay algunas que hace como veinte años que vienen y no se quieren ir, algunas son jovencitas pero la gran mayoría son señoras grandes, hay abuelas”, cuenta.

“Se genera una amistad, un grupo, todas somos iguales en ese sentido. Hay señoras que vienen a olvidarse de la cocina, de la plancha de la casa y otras a las que las manda el médico que les recomiendan que hagan alguna actividad manual porque tienen estrés”, sostienen orgullosas las profesoras.

con orgullo

Las docentes frente a algunos de los trabajos que se realizan en la institución.


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