Un agrimensor de aquéllos
historias bajo cero
Jorge castañeda (*)
En los años fundaciones del entonces llamado Ferrocarril del Sur se forjaron hombres y mujeres con espíritu pionero y una gran fuerza de voluntad cuando todo todavía estaba por hacerse. Iban naciendo a la vera de los rieles las incipientes poblaciones que luego recibirían a los inmigrantes que junto a la población nativa conformarían la idiosincrasia y la cultura de cada localidad. Entre los primeros profesionales radicados a principios del siglo pasado merece rescatarse la figura del ingeniero y agrimensor Carlos Larguía quien, aparte de ejercer su profesión realizando junto al ingeniero Pedro Ezcurra la mensura de los campos de la colonia pastoril Valcheta, dio inicio a varios emprendimientos productivos en la zona. Debemos al interesante diario del señor Leonhard Ardüser “Un suizo en la Patagonia” una semblanza de este pionero en el paraje de Chanquín –topónimo tehuelche que significa “isla”–, cuando se encontraba trabajando en la construcción del ferrocarril a las órdenes del geólogo norteamericano Bailey Willis. Comenta Ardüser: “Hace unos días estuve en la estancia Chanquín y su dueño, el señor Larguía, me invitó a acompañarlo en una cabalgata por su campo. De paso, me pidió que lo ayude a ubicar los mojones de los límites del predio, porque el ingeniero Lewis tiene que hacerlos figurar en el plano que está confeccionando. El señor Larguía es un ingeniero argentino. Se llevó a dos de sus peones, teodolito y banderitas, buscó un lugar de referencia, plantó su instrumento para marcar una línea y en ésa nosotros plantamos los banderines. A los dos kilómetros llegamos al primer mojón, un caño clavado en la tierra, y yo puse sobre el mismo una bandera. Una vez ubicado el primero, encontramos los otros sin dificultad, sin utilizar el instrumento. Las marcas están colocadas a una distancia de un kilómetro entre sí y la estancia tiene dos leguas de superficie”. Y agrega Ardüser en su ameno relato un dato importante: “El proyecto del canal se corrió unos kilómetros al este, y también se cambió el lugar del futuro emplazamiento del dique. Ahora, en vez de ubicarlo en el valle del río (arroyo Valcheta) se lo proyecta entre las grandes barrancas y por eso los campos más afectados serán los del señor Larguía”. Se refiere Ardüser seguramente a la obra de riego de la flamante colonia, que todavía está prestando un servicio indispensable a las chacras locales. Comenta más adelante que el ingeniero Larguía le dijo que “ya invirtió más de trescientos mil pesos en mejoras y mucho de esto se perdió. Según dice, los dos canales de drenaje, de cinco a seis kilómetros de largo cada uno, paralelos al mallín, uno de cada lado, le costaron veinte mil pesos y los arbolitos que están ubicados a lo largo de los mismos, entre cinco y seis mil pesos”. Y hace notar que “por su profesión de ingeniero, Larguía sólo se encuentra temporalmente en su estancia y por eso contrató gente”. Siempre visionario y observador, Ardüser escribe que “con el tiempo San Antonio será una ciudad y estos campos junto a los ríos y arroyos tendrán mucho valor y el señor Larguía, que es un hombre amable y muy preparado, seguramente con el tiempo logrará prosperidad y buenos resultados en su estancia”. Por sendos libros de historiadores de San Antonio Oeste nos enteramos, sin embargo, de que en esa localidad el ingeniero Larguía no tuvo la misma suerte que en Valcheta. Narra Héctor Izco en su interesante libro “San Antonio Oeste y el mar” que en 1908 hubo un inicio de mensura a cargo del ingeniero Carlos Larguía que se truncó, a pedido del vecindario, quejoso del proyecto e inicio del trazado, por afectar en demasía las construcciones existentes”. Dato también aportado anteriormente en el libro de Henri Lefebvre “Mi querido Puerto San Antonio”. Han pasado los años y el nombre y los emprendimientos productivos del ingeniero Carlos Larguía han quedado para siempre instalados recordando a uno de los pioneros de la colonia agrícola Valcheta. (*) Escritor. Valcheta
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