“La clave del disco fue la alta inspiración creativa de Fito”

Habla Tweety González, el otro cerebro detrás del éxito

Si hay alguien que conoce el proceso creativo de Fito Páez, esa persona es Tweety González, nacido en Buenos Aire el mismo año que Fito con el nombre de Fabián González Amado. Por recomendación del bajista Paul Dourge, Fito convoca a Tweety, tecladista con raíces jazzeras, para sumarlo a su banda. Inmediatamente se hacen amigos y compañeros de ruta, dentro y fuera de la música. Tweety y Fito hicieron “Giros” (1985), “Corazón clandestino” (1986), “Ciudad de pobres corazones” (1987) y “Ey!” (1988). Su participación en Tercer Mundo (1990) ser reduce a los teclados de una canción, pero a fines de 1991, Fito lo llama para hacer “El amor después de amor”. De eso habla en exclusiva con “Río Negro”. “Un gran pico de inspiración de Fito”, es la primera explicación que Tweety le encuentra al destino exitoso de ‘El amor después del amor’. “El más alto de una serie de picos creativos que él ya había tenido en discos anteriores”. “En ‘El Amor…’ se da una combinación de gran inspiración con un momento de paz que Fito no tenía desde hacía años. Es un disco que se cortó solo y sorprendió a todos. La gente vio honestidad artística en ese disco, con letras que le llegaron. Además, una coyuntura artística donde no había solistas que sacaran discos. Con Cecilia (Roth) encontró un ánimo muy inspirador, una seguridad emocional que él hacía rato estaba buscando. Es como que se alinearon los planetas para que se dé ‘El amor después del amor’”, continua explicando. Tras cinco años tocando, grabando y produciendo con Fito, Tweety González decide cambiar de aire. Charly Alberti lo invita a tocar un día e inmediatamente la cosa funciona y pasa a formar parte de Soda Stereo. Muchas cosas que experimentó con ellos luego las aplicó en la grabación de El Amor después del Amor. Veinte años después de todo aquello, Tweety sigue haciendo memoria: “La pregrabación y la preproducción fue hecha en Punta del Este entre Fito y yo, en ese micromundo que armamos. Se componía, se preproducía y se grababa todo a la vez. Era una misma cosa. El corazón del disco está ahí. Si eliminas esos once días el disco no es lo que sería”, remata. “Muchísimas cosas que escuchás salían a partir de ideas tecnológicas que yo aportaba. Fuentes de sonidos, teclados, máquinas de ritmo. Pedacitos de disco de otra gente que usábamos como semilla para generar las canciones. Yo aporté muchos loops, por caso el que arranca ‘El amor después del amor’. El riff de ‘Tumbas de la gloria” es de Cerati que yo pasé por las máquinas y que usaba en los shows de Soda”, apunta González. Y agrega: “Fito estaba superfeliz de la vida, inspiradísimo y con muchas ganas de hacer ese disco”, cuenta y pone como ejemplo la canción ‘Sasha, Sisi y el círculo de Baba’: “Está compuesta y grabada casi a la vez, de manera espontánea. Lo que se escucha en el disco es la primera toma de los teclados y a partir de ahí hizo la melodía y la letra, todo en el momento. Nunca vi a nadie hacer eso”. “Fue novedoso poder mezclar afuera, tener un ingeniero de sonido como Nigel Walker, poder grabar en los estudios Abbey Road, de Londres, con George Martin dando vueltas por ahí. Todos los recursos que la compañía puso disposición del disco”, apunta Tweety y advierte “algo que nadie dice, que ese disco estuvo apoyado por una gira impresionante y por una banda impresionante que sonaba en vivo tal como suena el disco. La gente se sabía todas las letras y hasta los arreglos”. Esa gira fue La Rueda Mágica Tour, que tuvo su punto más alto con los Vélez al palo, en abril de 1993. “Personalmente, me estaba dando lujos yo también con este disco. Participé con Fito en las mezclas, quizás un poco más que él, junto con Nigel Walker. Yo llegaba con mucha data de Soda, había aprendido cosas con ellos. Estábamos más maduros los dos, no tan inocentes. y eso también explica el disco”, afirma Tweety González. ¿Cómo sonó en 1992? “Sonó moderno para su época. Incluso cuando explotó el disco Gustavo (Cerati) me preguntaba cosas de la grabación. Nadie se esperaba ese disco de Fito. Ni él mismo siquiera”, apunta el productor. ¿Y veinte años después? “Yo lo escucho bastante actual, resiste el paso del tiempo en todos los niveles. Atravesó generaciones y también prejuicios. Hoy como entonces me sigue pareciendo un discazo”. (J.M.)


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