Las dudas y misterios del caso “Manzanas Blancas”

¿Dónde se cargó la droga? ¿Sabían los camioneros lo que llevaban? ¿Por qué una parte de la cocaína sorteó los controles y llegó a Brasil? Preguntas que el juicio aún no logra responder.

Redacción

Por Redacción

Arnaldo Paganetti Agencia Buenos Aires

Martín Heer

Cuando hoy declare Osvaldo Gadzizcki –el camionero que trasladó el container con la cocaína del caso “Manzanas Blancas” incautado en el puerto de Santos, Brasil–, el Tribunal Oral Penal Económico 3 tratará de echar un poco más de luz a un caso complejo que tiene bajo proceso y en prisión al empresario español Valentín Temes Coto, a su secretario Claudio Maidana y al empacador de Allen Nelson Hinricksen. “El apellido me juega en contra y en los pasillos de tribunales algún funcionario aseguró que Coto está hasta las manos, pero mi vida no va a terminar hasta que este caso se esclarezca”, dijo esta semana el primo del supermercadista Alfredo Coto al denunciar una suerte de complot en su contra en el que –afirma– estarían involucrados policías y expolicías y hasta el juez de instrucción que lo procesó, Jorge Brugo, quien desechó 38 pedidos de prueba suyos para “encontrar la verdad”. “El testigo debe declarar lo que recuerde, no siga con el acoso, déjelo expresarse con naturalidad”, amonestó el presidente del tribunal, Luis Imas, a uno de los defensores que en el afán de marcar las contradicciones del camionero Antonio Suárez (quien transportó la droga descubierta en la terminal 4 del puerto de Buenos Aires) y de favorecer a su cliente, Hinricksen, no dudó en acorralar al chofer, quien en un momento exclamó: “Mi cabeza no da más”. ¿Dónde está la contradicción? Hinricksen jura que sólo se cargaron manzanas en el frigorífico de Frutol, ubicado a 1.500 metros del galpón de empaque, y que fueron cuatro camiones, tres de ellos de la firma Excer. Pero tanto Suárez como Ramón Verón –dos de los conductores– coincidieron en que el primero recibió la orden de cargar en el galpón de empaque cuatro pallets de fruta no refrigerada (sobre un total de 20 o 21), lo que les llamó la atención pero no hicieron ninguna objeción porque el que contrata el servicio “nos dice lo que tenemos que hacer”. Ese fue un punto central por el que giró el fuerte careo entre Suárez y Hinricksen. El chofer tuvo a su lado todo el tiempo al empacador y no lo reconoció en la audiencia del martes, a pesar de que en junio de 2010 estuvieron juntos más de media hora conversando y haciendo trámites. Ante Brugo, Suárez dijo que su contacto fue con Marcelo o con Sergio (ambos nombres responden a “testaferros” de Temes Coto, según hizo notar otra letrada defensora), aunque luego se corrigió y mencionó a Nelson. Lo describió en instrucción como una persona de 35 años, “gordito”, de 1.70 de estatura, pelo castaño claro con rulitos, ojos claros y dentadura deteriorada. Pero Hinricksen es morocho y, como hizo notar, “nunca me teñí ni tengo los dientes picados”. En rigor, el camión de Suárez fue inspeccionado en la terminal 4 del puerto de Buenos Aires el 8 de junio, pero no lo condujo él en el tramo final sino que lo hizo “Charly” López, quien murió hace un año por causas que nadie supo explicar. Las unidades que conducían Verón y Gadzizcki no tuvieron dificultad en despachar la mercadería un día antes, el 7 de junio, desde otra terminal, y la droga fue luego detectada en Brasil, tras un alerta de la justicia española. “Si se hubiese ordenado la detención de Suárez por falso testimonio (lo pidió a viva voz la abogada de Temes Coto), se caía la causa”, afirmaron allegados a los imputados. De allí la reacción airada del fiscal Eduardo Funes, quien se opuso, a la vez, a desalojar al abogado de la firma Excer argumentando que nada podría influir en futuros declarantes porque lo que sucedía en el juicio viene siendo detallado regularmente por el diario “Río Negro”. Imas dispuso entonces que se retirara el público, incluido el periodista de este medio. Al cabo de unos minutos se retomó la audiencia y ninguna imputación se cargó a Suárez, cuyos olvidos e imprecisiones fueron atribuidos por el fiscal a su “estado de confusión”. Siguió entonces el interrogatorio y quedó claro que en el invierno de 2010 la Aduana de Villa Regina no hizo ninguna verificación a la carga de Frutol a pesar de ir por “canal rojo”. Tanto Suárez como Verón, además, aseguraron que en ningún momento del viaje entre Allen y Buenos Aires había sido violado ninguno de los precintos de la carga.


Arnaldo Paganetti Agencia Buenos Aires

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