¿Mercado o política?

Redacción

Por Redacción

ANáLISIs

HUGO GRIMALDi DyN

Es muy honesto de parte de la tevé pública haber comprendido que la competencia enaltece. Igual, resulta algo raro para lo estatal admitir las reglas de mercado, pero parece ser que se llegó a la conclusión de que lo importante es pelear por el espectador con el mejor producto y, de paso, ganar rating. Desde el punto de vista del esfuerzo ideológico que se hace desde Canal 7 para explicar, sería muy necio de parte de Canal 13 y de Jorge Lanata no tomar esta decisión de programar el fútbol de Boca o de River los domingos a las 21:30 como un desafío para generar un programa mejor, que capte más a los espectadores que el rodar de la pelota. Dicho todo esto sobre la pelea por la audiencia es imposible soslayar el condimento político. Sobre todo porque Lanata es señalado por el gobierno como un envenenador de almas. Desde que puso en el tapete el caso Lázaro Báez, perforó la intimidad gubernamental, mostrando hasta dónde pudieron haber llegado los negocios turbios que denuncia. En paralelo, la imagen presidencial ha comenzado a desdibujarse, a partir de una tolerancia a la corrupción que parece ser inversamente proporcional a la situación económica, donde pesa la presión impositiva, el cepo cambiario y el temor a perder el empleo. Entonces, si se analiza la situación desde esta perspectiva, para el gobierno nacional sería más importante bloquear las investigaciones del “referente opositor” para darle más coherencia al relato sin estas ruinosas interferencias, que ganar una décima de rating. Al fin y al cabo, la TV Pública mantuvo durante todo el año pasado y hasta ahora, las magras mediciones de “6, 7, 8” sin que se le moviera un pelo. La tercera pata del problema está en la decadente AFA que, como antes toleraba las imposiciones de la televisión privada, resulta que ahora no puede desoír las indicaciones de tan poderoso programador, como es el Estado, ya que vive de su dinero. Entonces, accede a arrodillarse y a mandar al muere a los hinchas, en medio de la inseguridad de la medianoche y con temperaturas bajo cero. Aquí juegan también las excusas de la militancia, políticos y propaladores: lo que hacían los privados era por plata, dicen. Ahora, parece que lo que promueve el Estado es por el bien del proyecto y hay que aguantarlo, predican, como si este modelo no se financiara también con plata, aunque en este caso con la de “todos” y no con la de los abonados al cable.


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