Salir al sol

En ese equilibrio postulado tras el título de «el negocio del amor y la vida política», Páez comenta la canción «más política de todas» que se llama, curiosamente, «Salir al sol».

-¿El resto de estos nuevos temas desde qué lugares se expresan?

-Fueron hechos de una manera muy sencilla, con una estructura muy básica, con muy pocos elementos, pero increíblemente nacieron ya con el arreglo incluido, como si formaran parte de la canción. Eso es algo que me ha sucedido otras veces pero ahora fue más fuerte esto de estar grabando y tener una secuencia armónica que ya funcionaba. Así como en «Circo Beat» quería voces, cuerdas, varios planos, ahora anduvo dando vueltas por ahí el fantasma de un disco de Lennon muy austero pero muy potente, que terminó funcionando como una mirada. (Télam)

POSTALES DE UNA VIDA EN MOVIMIENTO

Dispuesto a la charla, volcado a vincular el arte con sus inquietudes más íntimas y francamente asqueado con lo que denomina «la patria periodística», Fito Páez entrega señales de su propia vida, manojos de sensaciones.

-¿Cómo sos artísticamente, cómo te definirías?

-Yo no sé lo que hago, lo sé cada vez menos y nunca creí saberlo, porque siempre me manejé con la intuición. Sin embargo, en algún momento te sentás a observar y aparecen algunos patrones.

-¿Puede pensarse en un método de trabajo?

-De ninguna manera porque no existe el equilibrio y la única cosa que puede existir ahí es tu honestidad con vos y el día que te pensás que sos algo con eso, estás afuera. Yo creo desde el caos y por eso me da tanto placer cuando aparece, es como estar metido en una especie de gran pantano y, de repente, surge un claro, una playa.

-¿Aparece la idea del público en ese momento?

-Yo no pienso en el público, para mí el público no existe, es como una entelequia. A la hora de escribir una canción o una película no pienso en el espectador sino que voy siguiendo mi impulso. El público recién me interesa a la hora de un concierto, cuando voy a presentar un álbum, como oreja, como devolución.

-¿Vos cambiás al cantar en estadios o para audiencias más pequeñas?

-Cantar para mucha gente es lindo un rato, porque después yo aprecio mucho el silencio y necesito mucho eso para poder disparar. El silencio es la carretera que me da el otro para que yo pueda correr y si no me la da se me hace más difícil porque, encima, tengo que luchar con la histeria del público.

-En la relación con la audiencia, ¿pensás en esa conexión que origina determinada estética, el apego a un estilo?

-La música es un juego, pero hay momentos en que uno cae preso de sus propias estructuras y si bien eso puede llegar a transformarse en un estilo, a veces también está bueno quebrarlo.

-¿Es esa una lógica que también trasladás a la vida?

-Totalmente, yo creo que los ejemplos de conducta ayudan a muchos, pero un ejemplo de conducta es quebrar la conducta y hacer lo que no se espera de vos.

-¿Cómo se expresan esas variaciones en la vida diaria?

-Es complejo porque adentro de una persona vive mucha gente y hay que negociar con todos y yo siento que soy así y eso es lo que me diferencia de otra gente. Lo claro es que para mí es muy gozoso poder entrecruzar ámbitos y me siento muy cómodo con Charly García y con Horacio González y alguno podría pensar que son personas muy encontradas pero no, tienen formas diferentes pero atrás de todo es gente muy «grossa».

-¿Cómo sentís el volver a los escenarios tras un año de abstinencia musical?

-Bárbaro porque estoy volviendo a vivir una cosa muy salvaje con la música, recuperando esa cosa amateur ya que las circunstancias se fueron dando para poder desligarme cada vez más de la idea profesional y estar más libre.

VIDAS PRIVADAS, CUENTAS PUBLICAS

Lejos del clima apocalíptico que se instaló mediáticamente al cuestionar el filme «Vidas privadas» con el que Fito Páez se lanzó al cine, su hacedor está feliz por la labor realizada, desmiente la debacle financiera que le habría provocado el emprendimiento y anticipa que ya está trabajando en un nuevo guión que, después de editar un próximo disco, dará vida a su segundo largometraje.

«»Vidas privadas» es la historia de dos familias pero también es una película política y por eso generó controversias por su línea editorial fuerte. Encubierta en críticas de estilo, se quiso decir «no, de eso no se habla»», afirma Páez al analizar el tránsito comercial y crítico de su ópera prima.

Metiéndose en la previsible lectura de quienes lo aguardaban en la oscuridad de las salas de cine, el director arriesga que «para muchos hubiera sido preferible que yo contara alguna boludez desde un formato ligado a la modernidad pero yo no quise hacer eso. Hice una película de excesos pero muy política y con una realización formalmente muy sobria».

«Yo necesité hacer algo muy profundo desde la caverna real donde estoy pisando», se explaya antes de dejar flotando que hay un guión que está moldeando, dos o tres ideas que serán el núcleo de un largometraje por venir.

En la misma línea relajada y beligerante a la vez, Fito se rebela contra los comentarios que atravesaron el costado financiero que signó «Vidas privadas» y se ufana de que «nunca estuve arruinado, pero igual puedo informar que ya pagué todas mis deudas y, lo que venga de la película, será ganancia neta».

Saltando de lo económico a la repercusión, el rosarino indica que «la peli fue vista por más de 300 mil personas en todo el mundo y esa audiencia, para una opera prima, es una cifra increíble».

MUCHO DOLOR, MUCHA TRISTEZA Y MUCHO DESCONCIERTO

«A mí me alarma lo que pasa y me lleva horas del día. Sufro al ver a los pibes buscando comida en toda la ciudad y es increíble porque eso no se ve ni en Medellín, ni en Bogotá, ni en Río de Janeiro, ni en La Paz, ni siquiera en Africa, porque allí no hay restaurantes donde ir a buscar comida», denuncia Páez entre la crónica y la desazón.

Parado en el ojo de la tormenta, el multiinstrumentista sabe que al abordar sin medias tintas el flagelante tema del hambre lo van a acusar de antiargentino, «pero quiero hablar de esto porque quiero que mi hijo crezca feliz acá y lea a Sarmiento».

Dispuesto a no sacarle el cuerpo al barro con que la realidad salpica a los argentinos, el creador apunta: «La sensación que tengo es que no quiero hablar en plural, sino que me quiero hacer cargo de mis cosas, trabajar en el comedor de chicos del barrio, ir a comer ahí y servir el café con leche y eso me parece más importante que meterme a discutir en algún ámbito político ya instalado, desde la izquierda a la derecha, porque me parece que todo eso está aniquilado».

«Entiendo que se han violado leyes como las de propiedad privada -consigna sin permitirse un respiro-, pero también entiendo que han matado a 30 mil personas y eso me parece mucho más grave. Antes de que los bancos se quedaran con la plata de la gente, hubo otra cosa, una sociedad mirando para el costado y una cosa es consecuencia de la otra y si no se revisa y no se ve y no se ordena eso de alguna manera, no va a haber solución posible».

Para Fito Páez la gravedad de la situación actual excede al escenario de los «70, «porque ahora te matan de otra manera», reflexiona y enseguida retoma ideas encendidas: «Estamos hablando sobre la sangre de mucha gente, sobre muchos muertos, sobre mucha gente que está muriéndose de hambre, sobre un lugar descompuesto, en estado de pudrición, que genera mucho dolor, mucha tristeza y mucho desconcierto».

La crítica visión sobre el presente no rehuye el palpable cuestionamiento a la seguridad, a las libertades más elementales y es desde allí que el cantautor formula que «la gente se está cagando de hambre y la vida no vale nada, porque votaste dos veces a alguien que hizo una cosa incorrecta, porque somos una sociedad mezquina. Claro que es un horror que te secuestren o te maten pero recién vamos a poder cambiar algo si todos empezamos con nuestra historia chiquita y empezamos a pensar en colectivo qué paso con este lugar y trabajamos en el armado de una sociedad más solidaria, más cristiana, a la que no sé que nombre habría que ponerle».

«La única responsabilidad que tiene que tener el artista -afirma- es la pelea contra uno mismo y si querés hacer política tenés que hacerlo desde otros lugares. Mezclar arenas no se puede porque mientras la política encubre, el arte, que es pura libertad, revela». (Télam)


En ese equilibrio postulado tras el título de "el negocio del amor y la vida política", Páez comenta la canción "más política de todas" que se llama, curiosamente, "Salir al sol".

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