“La idoneidad y estrategias en políticas públicas”

Redacción

Por Redacción

Hay cultores en criminología, sociología y antropología social, entre otros, que nos dicen que la cultura actual es imposible de revertir abruptamente y sólo nos queda tolerarla o soportarla, razón por la cual la política pública en seguridad tiene la loable labor de diseñar estrategias tendientes a revertir la incertidumbre que padece la sociedad en cuanto al fenómeno de la inseguridad. Estamos en la era de la globalización, las comunicaciones y la innovación, ¿cómo no asimilamos y emulamos este acontecer? En cuanto a la aplicación de los conocimientos e ilustración deberíamos utilizar la praxis política en su máxima expresión y poner también énfasis en la prevención. Si consideramos que la política es una ciencia y como tal sus premisas se deben objetivizar, rememorando contenidos sobre niveles del conocimiento, el vulgar, el científico y el filosófico, es loable que en políticas públicas los funcionarios responsables de la cumbre estratégica del gobierno pongan en práctica y exijan aplicar esos principios fundamentales y superadores en las áreas respectivas, ello como premisa fundamental para la excelencia en la alta conducción y gobernabilidad. No hace mucho tiempo, en una propuesta pública a través de una carta de lectores, insinué que con la reforma de la ley de Educación era viable y oportuno introducir en el programa educativo la materia “seguridad general”, ello como anexo o refuerzo de Instrucción Cívica o Educación Democrática, dándole una orientación criminológica con sus premisas y teorías como, por ejemplo, la de la Escuela de Chicago, creada no por un jurista o criminólogo sino por un periodista en Estados Unidos cuando comenzaba la era de la industrialización. Es dable observar la importancia de los MCS, o por lo menos algunos de sus cultores que van más allá de sus responsabilidades y además de reflejar fielmente realidades pueden aportar ideas en bien de la sociedad. Volviendo al quid del tópico que nos ocupa, observamos un direccionamiento hacia la subcultura, por lo que habría que poner énfasis y ahondar en fortalecer valores con los cuales alguna vez se nos honró por el nivel de ilustración que poseía el país. ¿Y ahora? Para resolver el drama social del fenómeno de la inseguridad que nos agobia por la violencia de sus mentores y en que las agencias con injerencia en el tema se ven superadas, hay que buscar soluciones y aportar ideas. Esta propuesta lleva implícita la reformulación en la educación formal y por extensión el aprendizaje social, elevando con ello a mediano plazo el nivel intelectual de los educandos, mejorando también la salud y proporcionando una mayor longevidad, bienestar y una seguridad integral. Es perseguir un paradigma o modelo de niño, joven, adulto y anciano que goce de una calidad de vida insuperable diseñando todo el esquema con aplicación de la técnica de planeamiento, sus premisas, prioridades, metas y tiempos conforme a su orden. A no dudarlo, con esa voluntad política que se irradia, su legitimidad y oportunidad –máxime si se le aplica idoneidad temática– a corto plazo tendremos óptimos resultados. Debemos comenzar ya; imaginemos en el mediano y largo plazos su coronación. Esta idea está extraída de la ley nacional de Tránsito, que establece impartir la materia Educación Vial desde el jardín de infantes, la escuela primaria, la secundaria e inclusive estudios terciarios. A largo plazo se habrá bajado el índice en cuanto a la cantidad de accidentes de tránsito y demás consecuencias eventuales en que nuestro país está a la cabeza en el orden mundial y hay que revertir. Ésta es la propuesta: brindarles a las generaciones venideras una mejor calidad de vida, preparada, calificada y alejada de la potencial “victimización” en cuanto a no ser víctima ni mucho menos victimario. Carlos Rodríguez, DNI 7.578.269 Las Grutas

Carlos Rodríguez, DNI 7.578.269 Las Grutas


Hay cultores en criminología, sociología y antropología social, entre otros, que nos dicen que la cultura actual es imposible de revertir abruptamente y sólo nos queda tolerarla o soportarla, razón por la cual la política pública en seguridad tiene la loable labor de diseñar estrategias tendientes a revertir la incertidumbre que padece la sociedad en cuanto al fenómeno de la inseguridad. Estamos en la era de la globalización, las comunicaciones y la innovación, ¿cómo no asimilamos y emulamos este acontecer? En cuanto a la aplicación de los conocimientos e ilustración deberíamos utilizar la praxis política en su máxima expresión y poner también énfasis en la prevención. Si consideramos que la política es una ciencia y como tal sus premisas se deben objetivizar, rememorando contenidos sobre niveles del conocimiento, el vulgar, el científico y el filosófico, es loable que en políticas públicas los funcionarios responsables de la cumbre estratégica del gobierno pongan en práctica y exijan aplicar esos principios fundamentales y superadores en las áreas respectivas, ello como premisa fundamental para la excelencia en la alta conducción y gobernabilidad. No hace mucho tiempo, en una propuesta pública a través de una carta de lectores, insinué que con la reforma de la ley de Educación era viable y oportuno introducir en el programa educativo la materia “seguridad general”, ello como anexo o refuerzo de Instrucción Cívica o Educación Democrática, dándole una orientación criminológica con sus premisas y teorías como, por ejemplo, la de la Escuela de Chicago, creada no por un jurista o criminólogo sino por un periodista en Estados Unidos cuando comenzaba la era de la industrialización. Es dable observar la importancia de los MCS, o por lo menos algunos de sus cultores que van más allá de sus responsabilidades y además de reflejar fielmente realidades pueden aportar ideas en bien de la sociedad. Volviendo al quid del tópico que nos ocupa, observamos un direccionamiento hacia la subcultura, por lo que habría que poner énfasis y ahondar en fortalecer valores con los cuales alguna vez se nos honró por el nivel de ilustración que poseía el país. ¿Y ahora? Para resolver el drama social del fenómeno de la inseguridad que nos agobia por la violencia de sus mentores y en que las agencias con injerencia en el tema se ven superadas, hay que buscar soluciones y aportar ideas. Esta propuesta lleva implícita la reformulación en la educación formal y por extensión el aprendizaje social, elevando con ello a mediano plazo el nivel intelectual de los educandos, mejorando también la salud y proporcionando una mayor longevidad, bienestar y una seguridad integral. Es perseguir un paradigma o modelo de niño, joven, adulto y anciano que goce de una calidad de vida insuperable diseñando todo el esquema con aplicación de la técnica de planeamiento, sus premisas, prioridades, metas y tiempos conforme a su orden. A no dudarlo, con esa voluntad política que se irradia, su legitimidad y oportunidad –máxime si se le aplica idoneidad temática– a corto plazo tendremos óptimos resultados. Debemos comenzar ya; imaginemos en el mediano y largo plazos su coronación. Esta idea está extraída de la ley nacional de Tránsito, que establece impartir la materia Educación Vial desde el jardín de infantes, la escuela primaria, la secundaria e inclusive estudios terciarios. A largo plazo se habrá bajado el índice en cuanto a la cantidad de accidentes de tránsito y demás consecuencias eventuales en que nuestro país está a la cabeza en el orden mundial y hay que revertir. Ésta es la propuesta: brindarles a las generaciones venideras una mejor calidad de vida, preparada, calificada y alejada de la potencial “victimización” en cuanto a no ser víctima ni mucho menos victimario. Carlos Rodríguez, DNI 7.578.269 Las Grutas

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