Imaginar el futuro

Antes de que los problemas pendientes se vuelvan irresolubles, ¿no será tiempo de pensar en un modelo de desarrollo?

Redacción

Por Redacción

héctor mauriño vasco@rionegro.com.ar

El interés suscitado por la construcción de la represa de Chihuido –en cuya licitación se presentaron cuatro oferentes, tres de ellos asociados a firmas internacionales dispuestas a hacerse cargo del 85% de la financiación de la obra– señala con bastante claridad que ese trajinado proyecto, del que se viene hablando desde hace años sin que se concrete, esta vez está más cerca que nunca. Si por fortuna se materializara –se sabrá en los próximos meses– se agregaría a la revolución provocada por los hidrocarburos no convencionales –cuyo impacto económico ya se deja sentir– otro motor importante para crecimiento de la provincia. La obra, con un presupuesto de 15.000 millones de pesos y un plazo de ejecución de cinco años, promete traccionar fuertemente la actividad económica y el empleo –se habla de 6.000 puestos de trabajo–, como lo hicieron en su oportunidad El Chocón-Cerros Colorados, Alicura, Piedra del Águila y, en menor medida, Pichi Picún Leufú. Se mire por donde se mire, el horizonte de Neuquén es prometedor para su desarrollo: hidrocarburos que podrían abastecer al país por 100 años, una megaobra hidroeléctrica capaz de estimular la economía y aumentar los ingresos por la venta de electricidad, riego al alcance de la mano para potenciar la actividad productiva y perspectivas promisorias en materia de turismo. ¿Qué falta? En una provincia donde aparentemente está todo al alcance de la mano y el futuro promete doblar la apuesta, el presente exhibe fuertes desequilibrios sociales y económicos: grandes bolsones de pobreza y desempleo; infraestructura insuficiente para atender el crecimiento poblacional; fuerte arraigo del empleo público hasta niveles incompatibles con otras funciones del Estado; peso desmesurado de las retribuciones del sector petrolero, que arrastran el precio de los bienes y servicios y crean fuertes contrastes salariales y sociales. Por otro lado, preocupantes niveles de compromiso del medioambiente y una dispar distribución de la población, caracterizada por el crecimiento de una megaciudad –Neuquén– cuya calidad de vida se deteriora rápidamente frente a un interior despoblado y sin posibilidades de crecimiento genuino. La provincia está por encima del promedio nacional en materia de salarios y se ubica en el tercer lugar del país, debajo de Tierra del Fuego y Santa Cruz. Pero el precio de la tierra y el valor de los alquileres, alentados por los altos ingresos de los petroleros –que superan largamente a los del resto de los asalariados–, hacen muy difícil el acceso a la vivienda para una porción importante de la población. Hay paradigmas de este desorden. Añelo, la flamante capital del ‘shale’, amenaza con un colapso social, déficit habitacional y de servicios, desordenado manejo del suelo y alquileres inaccesibles. Otro es Neuquén capital, que padece una inadecuada planificación urbanística, mala distribución de la tierra –25.000 personas viven en asentamientos irregulares– y servicios de baja calidad. La infraestructura es también insuficiente: faltan desagües aluvionales y la red vial está superada por el febril crecimiento del parque automotor. Este panorama del Tercer Mundo convive con precios similares o superiores a los del primero. Los resultados de este cóctel explosivo ya se reflejaron en el desastre provocado por el reciente temporal. Un evento previsible que, sin embargo, se llevó puesta media ciudad. Otro ejemplo es lo que está ocurriendo con el nuevo hipermercado inaugurado esta semana, una inversión muy importante que ha dado trabajo a medio millar de personas y que no puede sino ser bienvenida en una ciudad donde el desempleo supera la media nacional. Pero, tal como se podía suponer, el impacto de este emprendimiento, ubicado en un lugar relativamente céntrico de la ciudad, ha contribuido sensiblemente a empeorar la ya complicada circulación. Si antes de inaugurar esta obra se sabía que era necesario mejorar la infraestructura vial, ¿por qué no se hizo? Será peor aún cuando se termine el centro comercial que se construye al lado. Neuquén ya tiene cinco cadenas de hipermercados, además de tres centros comerciales y varios supermercados mayoristas. Pero ese alto nivel de competencia no ha logrado bajar los precios de productos esenciales como los alimentos y las bebidas, que se cuentan entre los más caros del país. Así, vehículos de alta gama y camionetas 4×4 conviven con un transporte público inadecuado y comercios con productos para altos ingresos se multiplican mientras la canasta básica se lleva los ingresos de buena parte de las familias. Antes de que problemas como los enunciados se vuelvan de muy difícil resolución, ¿no será tiempo de que los neuquinos se pregunten en qué tipo de sociedad quieren vivir? Sin políticas de Estado adecuadas la vida puede ser muy ardua. Es bueno celebrar las posibilidades que se abren hacia adelante, pero es hora también de discutir seriamente cómo se hará para resolver los problemas pendientes. Y eso involucra a oficialismo y oposición. Es cierto que Neuquén no es una isla y que las buenas noticias en materia de petróleo y gas, tanto como las relativas a la construcción de otra gran represa, seguramente volverán a atraer fuertes corrientes migratorias en busca de trabajo. Ése es un dato de la realidad como todos los demás. Pero sin un proyecto de desarrollo surgido del consenso cualquier eventualidad, inclusive una mayor riqueza, se puede volver una pesadilla y, en lugar de abrir una ventana a lo bueno, reproducir todo lo malo. La clase dirigente y el pueblo de Neuquén están, sin duda, frente a una gran oportunidad pero también ante un gran desafío. Ojalá no rehúyan su responsabilidad.

NEUQUÉN


héctor mauriño vasco@rionegro.com.ar

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