A imagen y semejanza del chavismo

Redacción

Por Redacción

Del Ministerio de la Felicidad a la Secretaría del Pensamiento

MAXIMILIANO CAMPOS RÍOS (*)

La designación de Ricardo Forster como secretario de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional vuelve a dejar en claro la voluntad del gobierno de premiar a sus más fervientes defensores, más allá de la importancia del cargo. Lo insólito del caso son el nombre de la nueva área y el funcionario a cargo, ya que Forster es un defensor acérrimo del gobierno y compone el grupo de intelectuales K denominado Carta Abierta. La situación parece semejante a las absurdas designaciones de Nicolás Maduro en Venezuela, donde ya nombró una viceministra suprema de la Felicidad Social del Pueblo, un viceministro para las Redes Sociales y viceministros para África, Asia, Medio Oriente, Oceanía, América del Norte y América Latina y el Caribe respectivamente. El caso se torna preocupante, si se profundiza la falta de republicanismo en la designación de funcionarios. En este caso la presidenta, según su gusto, necesidad, visión o capricho, nombra tantos funcionarios como cree necesarios, del uno al infinito sin modificar la ley de Ministerios. Y lo hace vía decretos, que nunca pasan por ningún organismo de control ni por otro poder del Estado. Nombrar funcionarios necesarios e importantes vía decreto facilita la función de gobierno, pero decretar nombramientos para amigos, exfuncionarios o fieles defensores del modelo resulta abusivo. El caso del exsenador Daniel Filmus es asimilable, ya que consiguió un puesto a “medida” cuando fue designado secretario de Asuntos Relativos a las Islas Malvinas, con rango de embajador, dentro de la Cancillería. Es lógico que la significación del tema haga necesario un cargo específico, pero no que la designación sea para un exfuncionario a modo de compensación por vacancia. Con Forster el tema es aún más grave, ya que se “inventa” un cargo casi a medida de un intelectual cercano al gobierno, más allá de las necesidades propias del área. Si bien la Argentina se caracteriza por los nombramientos de funcionarios de manera unilateral por parte de los presidentes, lo cierto es que la falta de una institucionalización fuerte del Poder Ejecutivo, de una burocracia profesional y de una cultura administrativa seria y estable, lleva a que éstos puedan “inventar” cargos para los amigos y crear o eliminar áreas por fuera de las verdaderas necesidades funcionales de sus gobiernos. Así, Forster ocupa un cargo al que se le asigna la tarea de “interactuar de forma federal con las diferentes usinas de pensamiento existentes en el país, con el objetivo de promoverlas y darles un marco de mayor institucionalidad” y “generar instancias de diálogo y debate sobre temas contemporáneos, en materia de su competencia, promoviendo nuevas corrientes de pensamiento, que hagan partícipe a toda la ciudadanía”, según lo establece el decreto 833/14. En el primer caso, las “usinas de pensamiento” dependen de organizaciones sociales, empresas privadas o partidos políticos y, por lo tanto, se decide por decreto designar a alguien para que se encargue de promoverlas. La pregunta es si va a impulsar todas o sólo aquellas dependientes del Frente para la Victoria y alineadas con el gobierno nacional. (*) Profesor de Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires


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