Dejar de reír

Sucede tras el rechazo de la Corte de EE. UU. una apelación de la Argentina para dilatar la sentencia.

Redacción

Por Redacción

Arnaldo Paganetti arnaldopaganetti@rionegro.com.ar

DE DOMINGO A DOMINGO

Para descomprimir o azuzar, vaya uno a saber, un crítico del gobierno comentó que a los argentinos por mucho tiempo no los va a despertar el canto de los gallos, sino el graznido de los buitres. Pero sucede que estas aves tan antipáticas que se alimentan de carne muerta, no emiten sonido, aunque si aletean con gran persistencia al lanzarse sobre sus presas. Al cabo de jornadas en las que otra vez sobrevoló la temida cesación de pagos (default), tras el rechazo de la Corte Suprema de los Estados Unidos a tomar el caso de los fondos buitres o pedir la opinión del gobierno de su país, la presidente Cristina Fernández, sin abjurar del relato y la bandera, aceptó ser parte de una negociación justa y equitativa para cumplir con el 100 por ciento de los acreedores. ¿Baño de realismo? Encauzado el tema para el universo del 92,4 por ciento de los afectados por la caída de comienzos de siglo anunciada por Adolfo Rodríguez Saá, el problema se centra en el poco más del 7 por ciento que no entró en los canjes voluntarios de 2005 y 2010 y que encontró cobijo en el fallo del juez Thomas Griesa, de Nueva York, para recuperar la totalidad del valor de los bonos, sin las quitas logradas por el matrimonio Kirchner. Los primeros momentos luego del pronunciamiento de la Corte aparejaron confusión, idas y vueltas. La primera plana del Ejecutivo, Axel Kicillof, Jorge Capitanich y Carlos Zannini, debió ir al Congreso, con explicaciones, algunas contradictorias, para lograr unificar el frente interno ante una causa que condiciona al Estado. La mayoría de las bancadas opositoras reclamaron abandonar las bravuconadas y las construcciones épicas y asumir responsablemente la forma de dar cumplimiento a la sentencia sin descalabrar la reestructuración anterior. Hay que pagar, dijeron cada uno a su manera los principales candidatos presidenciales, Daniel Scioli, del Frente para la Victoria; Sergio Massa, del Frente Renovador; Mauricio Macri, del PRO; Julio Cobos y Hermes Binner, del Frente Amplio-UNEN. La nota discordante la dio Elisa Carrió, quien sugirió una maniobra de autogolpe consistente en su criterio en la creación de un clima prebélico para presentarse Cristina como salvadora de la Patria y esconder sus errores en el trámite jurídico. Suena a Malvinas: invadir para retirarse y negociar. Y luego, por populismo, quedarse hasta ser absolutamente derrotados, dibujó Lilita. Pero no fue esa la conclusión de la semana, luego que en la audiencia de aproximación Griesa se hubiese mostrado molesto con la Presidente, porqué ésta al hablar en una primera cadena nacional se quejó de los mecanismos extorsivos y su ministro Kicillof advirtió que no pasarán. El juez, de 84 años, opinó que el discurso de Cristina fue desafortunado y que no de la daba confianza para lograr un compromiso de buena fe. Pidió garantías para que la Argentina no vuelva a reírse de un veredicto judicial al que se había sometido voluntariamente. Las distintas variantes esbozados por los funcionarios (una de ellas no abonar en Nueva York y sí en Buenos Aires, los 900 millones de dólares que vencen el 30 de junio, a los efectos de evitar el embargo de los buitres), parecieron desinflarse tras las palabras de Cristina, en Rosario, el viernes pasado. Allí Cristina, con un lenguaje moderado, hizo hincapié en las deudas saldadas en los últimos meses con Repsol, por la confiscación de YPF, y con el Club de París, modelos que no disgustan a los holdouts que ganaron el juicio en Estados Unidos. Descalificó Cristina a los que nos llaman imprevisibles y atolondrados y contraatacó expresando que es el mundo el que está patas para arriba, con una Europa devastada y varios países reestructurando permanentemente sus deudas. Introdujo la cuestión de la soberanía sobre Malvinas y aventuró que se seguirá demandando por la vía diplomática porque no hay colonialismo que dure tantos siglos. Calmando al sistema monetario, aseguró que no son ciertas las cosas que se escriben sobre ella en los diarios: Queremos cumplir con el 100 por ciento de los acreedores. También con los que no ingresaron (a los canjes de 2005 y 2010), indicó y la pidió a Griesa condiciones de negociación justas, de acuerdo con nuestras leyes y Constitución. Reveló que había instruido al ministro Kicillof para sentarse y acordar sin rifar a la Patria. Destacó que le queda un año y ocho meses de gestión y alertó que los que revolotean, no lo hacen sobre las finanzas, sino sobre los recursos naturales. Defendió, una vez más, un modelo que permite desendeudarse externamente. Hizo un llamado a abroquelarse para tener fuerza. sobreponiéndose a banderías ideológicas y partidarias. Curiosamente, si bien hubo una excusa, no estuvo a su lado al amonestado gobernador Daniel Scioli y sí, entre otros, al ministro Florencio Randazzo, quien en la previa adelantó lo que tenía en mente su jefa: como país serio, debemos honrar las deudas, sin hacer ajustes ni reducir el empleo.


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