Políticas públicas y política rionegrina

Redacción

Por Redacción

JORGE LUIS VALLAZZA (*)

Si bien lo que se entiende como “políticas públicas” está fuertemente relacionado con el concepto de “política” a secas, ambos términos pueden también querer decir cuestiones bastante diferentes. Resulta curioso que en otros idiomas –como en el inglés– utilizan distintas palabras según se refieran a uno u otro significado. Cuando se habla de “politics” se asocia a todo lo relacionado con la actividad política electoral, los partidos, las reglas de juego que operan para ganar el gobierno, y donde los principales actores son los que se pueden definir como políticos profesionales. Cuando se utiliza “policy” o “policies”–que en español correspondería a la expresión “políticas públicas”– se alude a las líneas de acción, planes y programas con que un gobierno encara las cuestiones que forman parte de su agenda, habitualmente compuesta por problemáticas que los ciudadanos tienen la expectativa que sean resueltas por sus gobernantes. El funcionamiento del sistema democrático implica que toda agrupación política que quiera llegar o mantenerse en el poder tenga que encuadrarse en los procedimientos legales pertinentes e implementar la mayor cantidad de tácticas y estrategias lícitas posibles para ganar elecciones, lo que jerarquiza y prioriza la habilidad para entender y operar sobre lo relacionado con el concepto de “política” a secas, o “politics” en su versión inglesa. Sin embargo –paralelamente a ese proceso– se supone que los ciudadanos pueden expresar, principalmente a través del voto, su apoyo o rechazo a una gestión gubernamental en marcha o a una propuesta política, sobre la base de la evaluación que hagan de su programa de gobierno, es decir de la forma en que implementan o proponen desarrollar las “políticas públicas”. Ambos conceptos están absolutamente emparentados, ya que es impensable esperar un futuro éxito electoral de quien pueda ser un experto en el “armado político” –lo que se llama vulgarmente “la rosca”– si luego gobernando –implementando las políticas públicas– demuestra ser un desastre. Asimismo es inviable la opción contraria: tener los mejores planes y programas de gobierno, pero ser incapaz de construir las alianzas y acuerdos necesarios para ganar efectivamente una elección. Probablemente la complejidad de la realidad no presente estas antípodas tan claramente como se describen en la teoría, pero se puede afirmar que la agrupación política que gobernó durante 28 años nuestra provincia, desde el retorno de la democracia, logró imponerse en todas las elecciones hasta el 2011, donde el descontento de los rionegrinos fue acertadamente interpretado por la propuesta de gobierno que lideró Carlos Soria desde el Frente para la Victoria. Con el eslogan “Río Negro en Acción”, la autoridad que le daba ser “autor” de una gestión municipal que transformó la ciudad de General Roca y con un discurso frontal y populista –según la categoría desarrollada por el también extinto historiador y filósofo Ernesto Laclau– Soria supo representar la esperanza de la mayoría de los ciudadanos de su provincia, que padecían a un gobierno con altos niveles de ineficiencia en sus políticas públicas y plagado de denuncias de corrupción. La tragedia impidió saber con certeza qué hubiera sido de Río Negro si el triunfante gobernador hubiera podido concretar su proyecto de gobierno, pero lo que sí quedó evidenciado –al revés que la gestión saliente– que tanto en las propuestas electorales como en la conformación de su gabinete y sus primeras acciones de gobierno lejos estaba la preocupación por “la rosca política” y por complacer a los distintos sectores partidarios u otros grupos de poder, mientras lo que sí se vislumbraba era una fuerte tendencia a producir un cambio en esta provincia con el eje en la gestión, en las obras, en la acción transformadora, en nuevas prácticas políticas, todo lo que suponía la implementación de políticas públicas eficaces y eficientes. El “gringo” Soria, con su propuesta de gobierno apoyada electoralmente, rompió con la falsa dicotomía que se suele establecer entre “lo técnico” y “lo político”. No existe alternativa de acción desde “lo técnico” que no suponga una posición política, así como toda decisión política se refleja en una implementación técnica, que si no se realiza o fracasa en su concreción –ya sea por falta de capacidad de los funcionarios o falta de recursos– también connota una decisión política por no solucionar tal o cual problema o directamente el desinterés del decisor político por dicha cuestión. Volviendo a los conceptos del inicio de este análisis, es evidente que la mayoría votó en el 2011 priorizando la necesidad de que existan más y mejores “políticas públicas” –“policies”– tal vez hastiada de tanta “politics” y de tanta “rosca”, reflejada en 28 años ganando elecciones y conservando el gobierno, pero con serias dificultades para resolver los problemas concretos de los rionegrinos. Ya en el tercer año de esta nueva gestión del Frente para la Victoria, y ante las épocas electorales que están llegando, seguramente volverá a cobrar suma importancia y relieve el concepto de “política” a secas y comenzará, desde las agrupaciones partidarias, todo tipo de operaciones, alianzas, encuadramientos, etc. con el fin de realizar los armados necesarios para afrontar las elecciones 2015. Especialmente en el microclima de la “política” y entre los que participan cotidianamente del mismo, este concepto prevalecerá fuertemente en la etapa que se viene sobre el de las “políticas públicas”. Simultáneamente la inmensa mayoría de los ciudadanos comunes en Río Negro –que posiblemente tampoco quieran volver a opciones ya reprobadas– se estará preguntando si lo que sucede hoy en esta provincia era realmente el “cambio” que votaron en el 2011… Pregunta difícil de responder en forma unívoca, ya que tiene múltiples y complejas aristas, con un alto nivel de subjetividad y seguramente con avances y retrocesos según los parámetros que se tomen para la evaluación del gobierno o las áreas que se analicen. Sin embargo sería conveniente para el mejoramiento de nuestra provincia y del transitar cívico que los nuevos procesos electorales, los armados políticos que se vienen, los posicionamientos personales y todo lo que rodea a la “política” como herramienta para llegar al poder, sirvan también para reflexionar que sólo adquieren un sentido pleno, transformador y democrático si se utilizan como medio para mejorar la vida de la gente, lo que significa –en otras palabras– que ese poder y ese gobierno logren concretar más y mejores políticas públicas. (*) Exministro de Desarrollo Social de Río Negro


JORGE LUIS VALLAZZA (*)

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora