¿Alguien embargaría un Evita?

Redacción

Por Redacción

Roberto Cachanosky (*) Economía para Todos

La semana pasada el Senado le dio media sanción a una ley por la cual se establece que las reservas son inmunes de ejecuciones o de embargos judiciales de tribunales locales. Realmente este proyecto de ley luce casi irónico al ver cómo el Tesoro vacía al BCRA de reservas y lo llena de papeles sin ningún valor de mercado. Al 30 de junio las reservas del BCRA representaban sólo el 20% del total del activo, el resto son papeles sin valor que el Tesoro le entregó al Central. Por ejemplo, el balance del banco en pesos muestra que dicha entidad tiene reservas por $ 177.821 millones, mientras que en su activo contabiliza Letras Intransferibles del Tesoro, con vencimientos entre el 2016 y 2022, por $ 348.950 millones. Es decir, las letras representan el 51% de activos tóxicos. Pero sumemos los adelantos transitorios, que son un paga Dios que le entrega el Tesoro al BCRA a cambio de la emisión monetaria que hace esa institución para cubrir el déficit fiscal. Al 30 de junio, los adelantos transitorios sumaban $ 196.350 millones contra los $ 177.821 millones de reservas. Cuando uno ve estos dos datos, no puede dejar de sonreír al ver que el Congreso sanciona una ley para proteger las reservas del Central. ¿Proteger contra quién? En todo caso debería preservarlas contra el destrozo patrimonial que el Tesoro está haciendo del BCRA. La sonrisa surge porque parece realmente de locos: ¡mientras el Tesoro vacía al Central de reservas y lo llena de papeles sin valor, el Congreso sanciona una ley para proteger las reservas que el Tesoro está dilapidando! No son los holdouts los que están vaciando al BCRA, sino que es el gobierno el que lo está despojando. La ley debería protegerlo del Tesoro, no de los holdouts u otros particulares. En rigor, cuando uno ve la historia del BCRA, creado en 1935, no puede menos que preguntarse: ¿para qué sirve? Lejos de defender el valor de la moneda local, se ha encargado de destruir un signo monetario atrás de otro. En 79 años de existencia destruyó cinco, a un promedio de unos 16 años de vida por moneda. El peso moneda nacional, el ley 18.188, el argentino, el austral y éste que está en terapia intensiva. Veamos, la moneda no es un invento de los gobiernos, sino un descubrimiento de la gente, es decir, del mercado. Descubrió que ciertas mercaderías eran aceptadas ampliamente como medio de intercambio, lo cual facilitaba las transacciones comerciales. Como economista no tengo que darle clases de economía al panadero a cambio de su pan, sino que le doy al que quiere contratar mis servicios y con el dinero que me paga le compro el pan al panadero. La moneda acelera o facilita las transacciones. Es como una autopista que agiliza el flujo de tránsito. Lo que hace es facilitar el intercambio indirecto y la división del trabajo aumentando la productividad de la economía y el bienestar de la población. Claro que para eso tiene que cumplir con dos requisitos: a) ser ampliamente aceptada como medio de intercambio y b) servir como reserva de valor. El peso que emite el BCRA sólo lo aceptamos para transacciones de corto plazo. Son como una especie de vales para hacer intercambios en el almacén de ramos generales, pero lejos están de ser reserva de valor. Más bien son como barras de hielo que se derriten a pleno sólo con 45 grados de temperatura bajo el sol en verano. La realidad es que el BCRA no sirve para nada o, más bien, para entorpecer el sistema económico al destruir la moneda. Al diezmar la capacidad de reservas de valor de la moneda, el Central impide hacer cálculo económico (estimar costos y precios futuros para evaluar una inversión) y también impide el mecanismo para que la gente vuelque su ahorro al mercado de capitales, es decir que el ahorro se transforme en crédito para el consumo y la inversión. Con una moneda que se destruye día a día no hay crédito a largo plazo y, por lo tanto, las transacciones son todas en el día a día. Un país sin moneda es un país que no puede pensar en el largo plazo. Su horizonte más lejano puede llegar a ser de una semana, si es que el BCRA no destruye más rápido el peso. Recordemos la hiperinflación de 1989 cuando los jubilados cobraban su jubilación y salían disparados a las casas de cambio a comprar sus u$s 50 dólares para ir vendiéndolos de a poco a medida que los necesitaban. El que se quedaba en pesos moría por inanición. Ahora, la pregunta es: si el peso no se deprecia al punto que lo presentan como una fortaleza volante, ¿por qué proteger las reservas si lo que tiene que resguardar es la moneda, es decir el peso, que es el que, según el gobierno, tiene valor? Francamente no se entiende. Si el peso es la moneda fuerte, la ley debería haber protegido de embargos a los pesos y no a las reservas, salvo, claro está, que el peso tenga sólo un hilo de vida y esté atado a las reservas del BCRA, que no son otra cosa que monedas que emiten otros países o zonas como EE. UU. y la Unión Europea. En definitiva, con esta ley, el gobierno acaba de reconocer que el peso no sirve para nada y que lo que la gente realmente valora son esos billetes que se emiten en los países imperialistas. Un imperialismo tan satánico, que hasta respeta la división de poderes. No hay nada que hacer, Estados Unidos y los países europeos se desarrollaron de pura casualidad. Gracias al viento de cola del mundo y al colonialismo. Como dijo nuestro ilustre vicepresidente el 9 de julio, esos países no crecieron porque respetaron las instituciones, sino porque fueron colonialistas. Pero gracias a él y ella, nos liberamos de ese colonialismo, empezamos una nueva era de prosperidad, aunque todavía tenemos que sacar una ley para que no embarguen las monedas fuertes como el dólar y el euro, porque parece ser que a nadie se le pasa por la cabeza embargar un Evita. (*) Licenciado en Economía


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