Excursión a Punta Bermeja
Lobos marinos, halcones peregrinos, petreles gigantes. Un espectáculo natural a 33 km de El Cóndor.
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EL HALCÓN Y SU PRESA- Este halcón peregrino cuida con recelo su presa recién capturada: un loro barranquero. Una escena frecuente en la lobería, pero nada fácil de ver o retratar. En el área viven al menos tres familias de halcones peregrinos que crían todos los veranos en lo alto de los acantilados. Sus presas favoritas son aves, en especial los loros. Para cazarlos vuelan pegados al borde del acantilado, como para no ser vistos. Atacan tirándose en picada a gran velocidad. Otros cazadores viven en la reserva, como gatos monteses, gatos de pajonal, águilas moras y aguiluchos de varias especies. 
MIRADOR – Cientos de lobos marinos, gaviotas y petreles pueden verse desde los miradores de la reserva situados cerca del acantilado. Para llegar se recorre un breve sendero interpretativo con cartelería educativa acerca de la flora y fauna. Antiguas pasarelas y miradores fueron removidos debido al retroceso del acantilado y se construyeron nuevos que ofrecen diferentes vistas y están a distinta distancia del Centro de Interpretación. Sólo uno está habilitado para visitas; el resto está en fase de terminación. Se llega por la Ruta 1, 33 km al sur de El Cóndor. Allí está el mayor asentamiento de lobos marinos de un pelo de Río Negro, uno de los más importantes de la Patagonia. 
CENTRO DE INTERPRETACIÓN – Se accede al ingresar al área. Además de videos educativos y charlas de los guías intérpretes, ofrece un esqueleto montado de ballena, varias maquetas y modelos en tamaño real de mamíferos marinos. Cuenta con exhibición de especies de la fauna autóctona marina y del monte y estepa patagónicos. Creada en 1971, esta reserva es un Área Natural Protegida que pertenece al sistema provincial. Cuenta con visitas guiadas y restringidas a los miradores y al Centro de Interpretación. Puede visitarse de martes a domingos de 10 a 19. Lunes cerrado, salvo feriado. La entrada: $ 30. Habitantes de Río Negro y Carmen de Patagones: $ 20.
MAMÁ PROTECTORA – Desde los miradores y con ayuda de binoculares se pueden ver partos que suceden casi todos en enero. En la imagen se observa un cachorro de lobo a pocas horas de nacer. Su madre se mantiene cerca de él y lo protege de las agresiones de machos o ataques de petreles. Al lado del cachorro puede observarse un grupo de gaviotas cocineras esperando su turno para comer los restos de la placenta, atentas al momento en que el petrel gigante se sacíe y deje algo de carne para ellas. Es recomendable llevar binoculares. 
PETRELES GIGANTES – Un grupo se disputa los restos de un lobo marino. Los petreles son particularmente carroñeros y oportunistas. Si bien pueden observarse a todo lo largo de la costa de Río Negro, es más común hallarlos en la lobería Punta Bermeja. Cuando soplan vientos fuertes es posible verlos volando a gran velocidad por el borde del acantilado o al filo de las olas al estilo de los albatros. Son aves de gran tamaño que se crían en la Antártida pero se alimentan todo el año en la región. Para llegar hasta Punta Bermeja, el camino desde Viedma está asfaltado, excepto los últimos tres kilómetros. 
CACHORRO – Cría de lobo marino de pocos días de vida, con el pelaje negro que les dura poco más de un mes y luego cambian por uno marrón oscuro. Las hembras arriban preñadas a la playa y alumbran casi todas juntas en enero. Los primeros cachorros nacen los últimos días de diciembre o primeros de enero. La visita a la reserva puede combinarse con otras atracciones de la Ruta 1 que bordea la costa del golfo San Matías desde Viedma a San Antonio Este. Entre ellas, el balneario La Lobería, con playas reparadas del viento por los altos acantilados y la mayor colonia de loros barranqueros del mundo, situada a la altura del faro.
A TOMAR LA LECHE – Hembra de lobo amamantando a su cría de cinco meses. Durante la lactancia, la hembra realiza viajes de alimentación que se hacen más frecuentes a medida que el pequeño crece. Al irse al mar, lo deja en la playa para que juegue junto con otros cachorros formando «guarderías». A pesar de la gran cantidad de crías, la hembra reconoce el balido de su hijo, similar al de un cordero, y acude a él. La lactancia dura un año y el destete ocurre con el nuevo nacimiento. 
EL HARÉN DEL SULTÁN – Un «sultán» de lobo marino juega con una de sus hembras. En diciembre definen los territorios donde tendrán su harén, que puede llegar a 15. No todos acceden a uno: sólo los adultos de más de 10 años y con fortaleza física pueden poseer hembras y defenderlas de otros machos. A ellos se les llama «sultanes», el resto (los jóvenes, viejos o heridos) permanece en la periferia de la colonia formando grupos. Durante toda la temporada reproductiva (hasta principios de marzo) los machos permanecen en tierra sin alimentarse. 
Hernán Povedanohernanpovedano@gmail.com
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